Las
audiencias de televisión del baloncesto es una cuestión que genera diferentes opiniones. En el
Capitulo I de este reportaje, publicaba una introducción al debate y a cómo surgió, a raiz de una conversación con
José Sámano, redactor jefe de deportes en el diario
El País. En el
Capitulo II Eduardo Portela, presidente de la
ACB, exponía el punto de vista de la Liga, y se aludía a la primera etapa dorada del basket que comprendió entre la olimpiada de
Los Ángeles '84 y mediados de los años '90. Ahora hablan otros protagonistas, con visiones dispares, en el penúltimo capítulo de este reportaje, realizado hace casi dos años y ahora actualizado para este
blog.
José Luis Llorente, ex jugador del
Real Madrid, perteneció a aquella primera etapa dorada. El ahora presidente de la
Asociación de Jugadores de Baloncesto, es crítico con la situación actual, y cree necesario hacer retoques a la competición. “Habría que hacer una reestructuración del calendario
ACB. La liga es modélica, pero la competición y el reglamento se han desviado demasiado hacia un modelo americano del deporte. Habría que mirar más al
fútbol, hacer menos partidos pero más importantes. Hay demasiados intrascendentes, y son necesarios más agilidad, mayor dinamismo, un reglamento que favorezca más el juego ofensivo”. Para
Llorente no se trataría de fijarse en el modelo NBA, sino en el concepto europeo de la competición. “Ahora el baloncesto
ACB es más parecido al béisbol, a la
NBA, o al fútbol americano, donde todo el tiempo se para el juego. Y eso desvía la atención del espectador, que prefiere que el deporte tenga mayor agilidad. En
Europa las competiciones de fútbol, ciclismo o tenis no paran nunca, y eso mantiene al público más enganchado”.

La
NBA es un referente, para algunos, de hacia donde ir, y para otros, de lo que no se quiere ser. Depende de a quién se pregunte. Lo que nadie duda es su potencia como negocio y espectáculo. “La actual presencia de cinco jugadores españoles ha dejado en una posición menor a la
ACB, para el público no entendido, que siente bastante atracción hacia lo que ocurre en la
NBA”. Son palabras de
Antoni Daimiel, periodista deportivo, clásico en las retransmisiones de los partidos
NBA. “No creo que eso sea un problema (la tendencia hacia la americanización, que señalaba
Llorente). No hay que copiar todo como en la
NBA. Pero miraría cómo han trabajado en los últimos 15 años, en la forma de captar gente, medios, publicidad... Para el público no ‘experto’, diez minutos de la
NBA ofrecen un espectáculo que no ofrece diez minutos de baloncesto
FIBA”, y añade “por ejemplo, en la
NBA un tiempo muerto te ofrece un espectáculo muy superior a lo que hacemos aquí, falta imaginación”.
Un aspecto, que se señala habitualmente, es la posibilidad de cambiar parte del reglamento para favorecer el espectáculo. Los marcadores en el baloncesto europeo son cada vez más cortos, y las defensas muy agresivas, lo que disminuye la fluidez del juego. “Hay que cambiar reglamento por espectacularidad, como en la
NBA, donde la media de puntos por partido es
99. Y esto lo ha buscado la propia Liga, que tiene una preocupación muy fuerte por captar nuevos espectadores”, señala
Daimiel.

Lo cierto es que la
FIBA ha decidido introducir alguna modificación en las reglas para el próximo ciclo olímpico. En opinión de
Paco Torres, director de la revista especializada
Gigantes del Basket, “hay pequeños cambios que introducir en el reglamento, pero estamos sujetos al reglamento
FIBA, y no creo que haya que cambiar ni el tamaño de la cancha ni otras normas. Eso no va a modificar los niveles de audiencia”, y añade “las audiencias no responden a las expectativas porque no hay un
Real Madrid-Barcelona todas las jornadas. Me niego a creer que la calidad de una competición esté en función de su seguimiento televisivo, si no, pensaríamos que los programas del corazón son de gran calidad. Yo creo que cuando hay un buen partido, cuando la competición está más caliente, la gente responde y se sienta a verlo”.
Aquí hay otra diferencia de criterio. Para algunos invertir en espectáculo, pensando sobre todo en el modelo americano, va en detrimento de la calidad del deporte, y eso “sería un error”.
Antoni Daimiel no es de esta opinión, “no podemos hacer del baloncesto un deporte para superentendidos, como si fuera
ajedrez. Se trata de que esto se consolide como el segundo deporte, y hay que simplificar el juego, crear estrellas -a mí me parece muy perjudicial que no haya en cada equipo un tipo que meta 20 puntos por partido, ese es el tío al que quieres ir a ver, aunque no juegue en tu equipo-, mejorar el
entretenimiento en los pabellones, beneficiar el juego de ataque, y si esto sale bien, exigir más implicación en el
fomento a las televisiones”.
Próximo capítulo: El baloncesto más allá de las audiencias.