Allí se mencionó una iniciativa que muchos de los que nos movemos alrededor del baloncesto de formación señalamos como un éxito, las Series Colegiales. Una iniciativa que surgió de Pablo Matínez y Pablo Carabias, en el año 2002, desde el Magariños y la Fundación Estudiantes, hasta que tres años después la ACB cogió la idea y sus protagonistas para extenderla a toda la península.
El modelo actual consiste en una competición por zonas geográficas de institutos 'asociados' a los 18 clubes ACB. Las zonas son centro, norte, sur, este, oeste, y nordeste. En un modelo parecido al que se utiliza en la mayoría de competiciones de Estados Unidos, en éste caso de las competiciones de high schools, el equivalente a los institutos de aquí. Con emocionantes finales de conferencia, que luego dan paso a la lucha por el título entre los seis finalistas.
El 18, 19, y 20 de junio se disputará en Badalona la F-6 de las Series Colegiales de esta temporada. En las categorías masculina y femenina se han impuesto los equipos asociados a: Estudiantes (Ramiro de Maeztu-centro); Bruesa Caja Laboral (Iraurgi Ikastola y Zurriola-norte); Unicaja Málaga (San Estalisnao-sur); P.E. Valencia (Maristas-este); Xacobeo-Obradoiro (Peleteiro-oeste); y Joventut (Badalonés y La Launra-noreste).

Hace unos días Gonzalo A. Gómez Valcárcel, entrenador del equipo masculino del Ramiro de Maeztu, me comentaba algunas de las virtudes de las Series Colegiales: como la identificación de los jugadores con un equipo ACB, pero, especialmente, con el Instituto que representan, algo que es una parte fundamental de sus vivencias. Señalaba que “lo más importante es la pasión con la que se vive”, “para los chavales es representar en la competición a su instituto y todo lo que eso representa”.
La chicas del Ramiro de Maeztu campeonas de la Conferencia Centro.No es la única competición colegial que existe. En Madrid tenemos también los Campeonatos Escolares entre institutos públicos, que organiza la Comunidad de Madrid (un verdadero desastre), y la Copa Colegial, una iniciativa privada que precisamente gestiona ahora, entre otros, Pablo Martínez, que se celebra entre algunos institutos de Madrid con tradición de baloncesto, y que quizá abusa de un exceso de celo en la imitación del modelo americano en su parte más folclórica.
En la charla que comentaba al principio, Jorge Sierra hablaba que los americanos usan el concepto “saw the big picture”, es decir, mirar la gran foto que puede generar un producto potente, en todas sus dimensiones, como deporte y espectáculo. Es posible que aquí, en el baloncesto de formación, se atienda a otras circunstancias, que no tienen, en principio, tanto que ver con el marketing y el volumen de negocio. Sin embargo las Series Colegiales sí son un buen producto en la medida que encarna la asociación de varias formulas muy atractivas: institutos, zonas geográficas diferentes, y relación con clubes ACB. De echo, son los departamentos de marketing de los clubes ACB los que participan en la gestión de esta competición.
Hace un tiempo un miembro de la estructura de Estudiantes me señalaba que, gracias a las Series Colegiales, la Demencia había recuperado presencia, y su histórica ligazón con el alumnado del Ramiro. El nivel de identificación del equipo que participa con su instituto, en una fase de la vida tan determinante, con el club de sus colores, y con sus compañeros, hace que se trate de un acontecimiento muy especial. Gonzalo A. Gómez Valcárcel señalaba, “para los jugadores es tremendo. Un momento de mucha emoción, al competir con la camiseta de su instituto. Ojalá hubiera podido vivir esto como jugador”.
En Badalona estarán los equipos masculino y femenino del IES Ramiro de Maeztu, en una competición en la que han participado algunos jugadores que hoy están en la ACB, y que tiene la virtud de mirar la gran foto que puede suponer el basket, cuando se une pasión, espectáculo, y buena organización.