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domingo, 25 de agosto de 2013

Sensaciones de la selección

El Palacio de los Deportes de Madrid presenta grada abarrotada y ganas de buen partido. Sin menospreciar pruebas anteriores, lo que queda claro es que Francia es un equipo con galones. No sólo por lo que presenta en pista, que ya es, sino también por lo que tiene guardado para citas más determinantes. Tony Parker es un tipo que te puede romper un partido con dos cambios, tres tiros y cuatro asistencias. A pesar de las ausencias, el encuentro mantiene las señas del clásico europeo, lo cuál habla bien de un baloncesto continental más fresco que en décadas pasadas donde el bigote, el hacha y el músculo era lo que predominaba. Ahora hay más cintura y eso se agradece. Para muestra Batum.


Horas antes del partido contra Francia, en un restaurante cercano al Palacio, un chaval algo tímido se acerca a la mesa en la que nos encontramos comiendo. Su padre le ha comentado que ese tipo tan alto que disfruta de una excelente gastronomía fue en su día uno de los jugadores más importantes del país. El chico pide una foto para tener testimonio del encuentro. Fernando Romay no duda en posar con el chico, sonreír a la cámara y soltar unas bromas. Guillermo se marcha encantado, la familia vino desde fuera de Madrid para disfrutar de un partido de baloncesto con mayúsculas. En 1984 tras aquella madrugada de plata, Juanito Corbalán decía al pisar Barajas: “El futuro va a estar complicado después de ganar la medalla, porque el público va a exigir mucho más”. Aquello es historia. Por entonces nuestra selección se dividía prácticamente entre Barça y Madrid. Ahora en el cinco saltan cuatro que juegan en la NBA y nadie repara como algo excepcional que no haya un sólo jugador del Barça en la selección. La diversidad de la calidad, jugador por jugador, es una excelente señal.



El día antes del encuentro la selección hacía trabajo físico en el Triángulo de Oro, el pabellón donde habitualmente se entrenan cuando vienen por la capital. El ambiente es distendido y se percibe que hay confianza en el grupo. Igualmente el cuerpo técnico -Juan Antonio Orenga, Jaume Ponsarnau y Jenaro Díaz- proyectan planificación colectiva y espíritu de colaboración. El punto de este equipo que irá dentro de unos días a Eslovenia a jugar el Eurobasket, visto desde fuera, es precisamente ese, la distensión y el apoyo mutuo. El producto esta elaborado (en esta ocasión) para que no haya excesivas reprimendas y con la garantía acumulada de los últimos años, lo que uno intuye es que hay una baza determinante que se mantiene en el grupo: la confianza. Algo que no es un asunto menor toda vez que equipos con títulos nobiliarios en el róster se han estrellado cuando se han visto juntos. La distancia con el año 84 es abismal.


En la bancada de la prensa están sentados Alejandro, Fernando y Andrés, entre otros muchos. Hay un significado importante, el equipo sigue atrayendo, la propuesta genera interés y el resultado global es una incógnita. Material suficiente para el periodista no condescendiente y de honradas consideraciones críticas. Al contrario de las estridencias que genera el deporte mayor, en esta parte de la grada se percibe cordialidad, entre periodistas y también con el equipo. No hay voluntad de ruido, algo poco habitual en estos tiempos que vivimos, sino de mesura y compresión por las circunstancias. Nadie sensato reprocha las ausencias, ni tampoco presiona en exceso a las novedades. A pesar de que a alguno le falte un hervor.


Eso sí, en la pista hay un tipo que manda. Se llama Marc Gasol, el chavalote ha revertido en auténtico zar, con las mejores credenciales de anteriores dueños de la zona que tuvieron ese título. Su poderío es tal, que hasta en Estados Unidos dieron un premio ajeno para loar sus virtudes. Con el balón arriba y el brazo extendido no hay nadie que la pueda pillar su trozo del pastel. Un pívot con batuta es mucho pívot. En otras áreas la faena esta muy bien servida. Como esta crónica no va de análisis, sino de sensaciones, habrá que mencionar a uno que parece estar en permanente estado de comodidad desde hace meses: Sergio Rodríguez. El canario se mueve por la pista con una soltura que hace innecesario el cinturón de seguridad que antes había que colocarle y que terminaba por meterle en atascos de juego. Ahora su juego tiene flow y encaja a la perfección en los momentos de empanamiento del grupo. El resto de jugadores tienen calidad, oficio o saber estar. Los hay que incluso tienen esas tres virtudes juntas, como Calderón. Por no hablar de la capacidad de mágia y vista periférica de Ricky Rubio, Rudy o Llull, en según que momentos, o la voluntad de sacrificio de un tipo excepcional como Fernando San Emeterio. Puntualizaciones y gustos al margen, del conjunto, por ahora, sólo se puede hablar bien.


Las sinergias entre el padre y el chico que vienen a la mesa de Romay, es que entonces como ahora hay un plantel de nombres propios y colectivos que marcará un tiempo de nuestro baloncesto. No es poca cosa. Con una liga ACB desfondada económicamente y precaria de ideas, la selección es la garantía de que los buenos tiempos del baloncesto tienen pasado reciente, presente equilibrado, futuro prometedor y memoria compartida. “Al chico le encanta el baloncesto” dice el padre de Guillermo antes de irse felíces. Razón suficiente para felicitarnos, ocurra lo que ocurra en Eslovenia. La garantía del producto incluye varios años, por encima de lo que pase en el examen de septiembre, al que nos presentamos con opciones de nota.

PD: Ilustraciones: Enrique Flores.
 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Astérix en el Eurobasket

Astérix y Obélix acudieron a Lituania con la ilusión de disfrutar de unos días de asueto y baloncesto. Retirados de la vida guerrera desde hace tiempo, querían encontrarse con algunos de sus viejos colegas de aventuras continentales. Ambos disfrutaron del torneo, pero especialmente de un jugador, Juan Carlos Navarro al que no le hizo falta ninguna poción mágica para demostrar sus poderes, tan sólo el ser fiel a su estilo y el estar cada día más suelto en cuanto a las obligaciones tácticas. Durante el campeonato Navarro encontró grandes aliados para avanzar en su plan.

Por un lado Pau Gasol, un habitual en el arte de conspirar con el jugador de San Feliú de Llobregat, que llegó al Eurobasket con ganas de imponer su ley y sus glorias, y por otro Marc Gasol, que ha demostrado que junto a su hermano puede formar uno de los duetos más míticos de la pintura y el baloncesto.

La comodidad de Navarro ha coincidido con el regreso de Calderón a la dirección de empresa, sabiendo dirigir y aportando; la incorporación de un Ibaka que, todavía con cierta timidez, intimida en la zona como nunca nadie lo hizo en una selección española; o la aparición intermitente de un Rudy con reflejos de esgrimista en defensa y, a veces, eléctrico en ataque. La rotación de Sergio Scariolo no ha dado para mucho más, y no porque el resto haya estado mal, sino porque el plan de ajuste ideado por el técnico italiano tras la piedra del mundial de Turquía apenas admitía más combinaciones que las seguras. Con independencia de los gustos, lo cierto es que la formula del italiano ha funcionado.

Sada, San Emeterio, Felipe, y Llull han rendido, en el balance global, en consonancia con la confianza del técnico, Claver ha vivido una experiencia bonita, y sólo Ricky ha cavado un poco más el hoyo de las dudas que de manera obsesiva esta generando en el último año. El base de los Timberwolves tendrá ganas de empezar de cero y dar un sonoro portazo para respirar un poco cuando llegue a su nueva casa de Minnesota.

Astérix y Obélix se han divertido en el Eurobasket, no sólo por el resultado de la selección gala -que ha logrado una merecida medalla de plata de la mano de un brillante Tony Parker- sino porque el torneo ha reunido algunas de las características de sus inconfundibles historietas. Cada país se ajustó al guión de las virtudes y flaquezas esperadas, y sólo Macedonia, de la mano de un sensacional McCalebb, rozó la proeza de dar la campanada en la ascensión al Tourmalet. No subió al podio porque la Rusia de Kirilenko lo impidió, pero se lleva el premio de la montaña por el esfuerzo.

De vuelta a la aldea gala, y con Navarro, los hermanos Gasol, y Calderón de invitados estelares, se servirán suntuosos manjares, y José Luis Sáez podrá sentarse con Abraracúrcix para rememorar las valiosas batallas ganadas por "el baloncesto FEB" a lo largo del verano. Al final de la noche, tras lo jabalíes y los brindis, llegara el momento de volver a reconocer al jugador más listo de todos los territorios que un día ocupo el César, el jugador al que en Lituania llaman Juanas Carlosas Navarro.

PD1: Esta columna la he publicado en ElEconomista.es.

PD2: Estoy estos días trabajando para el canal latinoamericano Tele Sur, os dejo aquí el enlace de una historia que hicimos sobre el baloncesto en Belén.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Maradona, Mágico, y Jasikevicius

Hace unos años Diego Armando Maradona visitaba El Salvador. En una rueda de prensa organizada a su llegada se dedicaba a elogiar el juego y la personalidad de Mágico González, aquel jugador de fútbol salvadoreño que conseguía en la década de los '80 enganchar a la gente con su fútbol directo y sus goles de volea. Mágico, que también surfeó por el lado salvaje de la vida cuando era futbolista profesional, no llegó nunca tan alto como Diego, pero en su país, y en Cádiz, todavía le recuerdan como un genio dentro y fuera de la cancha, aquél que sólo podía entender el fútbol como una diversión.


En aquella visita Maradona hizo una recomendación a los chavales que se inician en el fútbol, "que amen la pelota, no hay táctica ni juego si uno no tiene amor por lo que hace", decía entonces El Pelusa.

En el baloncesto también hay genios que han mantenido una relación especial con el balón por encima de otras consideraciones. Magic Johnson mantuvo un idilio tan apasionante que logró hacer del juego un arte, y el show time sería inexplicable sin la química que el jugador de los Lakers logró generar cuando tenía la pelota en sus manos.

Estos días, en el Eurobasket de Lituania un jugador aprovecha la oportunidad de encontrarse entre su gente para mostrar al mundo que el deporte es mucho más que una estrategia bien pensada. Sarunas Jasikevicius a sus 35 años -y con la mochila cargada de premios individuales y colectivos recogidos con clubes de toda Europa- suda, grita, gesticula, anima, y corrige cuando juega un partido. Sus compañeros le miran, a veces con atención y otras con cierto hastío, porque saben que Saras domina el lenguaje del baloncesto y sus ritmos como pocos.

Cuando el torneo entra en la última semana de competición -con una selección española que cada vez asusta más; con Francia jugando al escondite; con Lituania haciendo la ola alrededor de un jugador del futuro como Jonas Valanciunas; con una Rusia muy seria; y con selecciones como Serbia y Grecia que engrasan sus fusiles a la caza de alguna recompensa-, merece la pena fijarse en un veterano jugador como él y la pasión y calidad con la que todavía juega.

El jugador de Kaunas, como decía Maradona en su viaje a El Salvador, "tiene amor por lo que hace", y, gracias a esa relación especial con el baloncesto la única persona que queda fuera de sus consejos y reproches es la pelota. Lo que ocurra fuera de la pista de juego, como pasó con Mágico o con Diego, no importa. Con un balón en la mano y compitiendo, Jasikevicius sabe perfectamente cómo divertirse, para mayor gloria de los seguidores de este deporte.

PD: Nueva colaboración para elEconomista.es.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Groucho Marx y la selección

A Groucho Marx cuando le preguntaban por su estado de animo respondía "¿comparado con quién?". A la selección española de baloncesto le podría servir esa respuesta para testar las impresiones de esta primera semana de Eurobasket en Lituania.

Foto: Federación Española de Baloncesto (FEB)

Los dos últimos partidos, la victoria frente a Lituania y la derrota frente a Turquía, han abierto la Caja de Pandora de los halagos y reproches al equipo de Scariolo. Para unos la primera parte frente al equipo anfitrión (62-36) fue la muestra de la potencia del equipo español, para otros, el último cuarto frente a los turcos (donde sólo se anotó dos puntos) es el ejemplo de nuestra poca fiabilidad competitiva cuando Pau Gasol no es la referencia en la cancha.

Pero, siguiendo con la lógica marxista (de Groucho), pocas selecciones pueden ofrecer mejores sensaciones. Nadie ha desplegado un juego que a día de hoy pueda ser una garantía de continuidad en el torneo. Quizá Francia, con Tony Parker y Nicolas Batum especialmente brillantes, sea el equipo que más cómodo se ha visto en la pista, pero el conjunto galo no se escapa de las dudas que genera un juego en exceso anárquico en una fase más competitiva.

Habrá que ver qué sucede en los próximos partidos. El grupo de España -con Alemania, Turquía, Francia, Serbia y Lituania- es mucho más duro que el otro cuadro -Grecia, Rusia, Eslovenia, Macedonia, Georgia y Finlandia-, y eso, aunque pueda parecer una paradoja, puede ser una ventaja para el equipo de Scariolo en esta nueva etapa del Eurobasket, porque da la impresión que la selección juega más cómoda bajo presión, y que en la exigencia algunos jugadores encuentran la motivación para lograr su mejor ritmo de juego.

Pero también es cierto que todavía queda mucho campeonato, que hay que estar fino todos los días, que hay jugadores que están bastante 'missing' en lo que a responsabilidades se refiere, y que, a la larga, jugar con una rotación tan limitada -por decisión técnica-, y demasiado sujeta a dependencias (desde la preparación), puede pasar factura.

Siete días después, el Eurobasket muestra las mismas incertidumbres que al comienzo. Nadie ha destacado en exceso, exceptuando esa primera parte impresionante de España frente a Lituania, y nadie puede descartar a ninguno de los equipos que partían como favoritos (en un sentido amplio) para las medallas.

En este caso al bueno de Groucho Marx, como le ocurre a nuestra selección, sólo le valdría compararse con él mismo para saber cómo esta. Y en esa tesitura, las sensaciones son muy distintas en función del día y el momento.

PD: Nueva colaboración para elEconomista.es.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Saitama 03/09/2006

Hoy tres de septiembre hace exactamente cinco años de la medalla de oro lograda en Japón que consolidó a la mejor generación del baloncesto de nuestro país. Aquel triunfo tuvo muchos significados y despertó muchas sensibilidades, buena parte de lo que generó tuvo que ver con la actitud del entrenador que llevó al equipo a lo más alto del podio y a la forma de hacerlo. Pepu Hernández llegó a la selección después haber entrenado en prácticamente todas las categorías de formación del Estudiantes, y de haber triunfado con el primer equipo colegial, con el que logró la Copa del Rey de 2000, el subcampeonato de la Liga 2003/04 y el subcampeonato de la Copa Korac 1998/99. Tras el éxito de Japón logro la medalla de plata en el Eurobasket celebrado en Madrid en 2007. Poco antes de las olimpiadas de Pekín, en el año 2008, la Federación Española de Baloncesto decidió retirarle del cargo de seleccionador.

La entrevista a las puertas del Madrid Arena en Noviembre del 2006. Foto: Fran Panadero.

Coincidiendo con el quinto aniversario de la final de Saitana, vuelvo a publicar en el blog la entrevista que le hice a Pepu tras aquel campeonato del mundo para el periódico Diagonal, cuando todavía se saboreaban las mieles de aquel histórico triunfo.

¿Cuál es la parte menos buena de todo esto?

Yo creo que hay muy pocas, son casi todas positivas. Quizá que ahora estoy mucho tiempo sin pisar cancha y sin entrenar. Pero tampoco es un gran problema por el momento.

Dijiste aquello de “os voy a decir una palabra. Y escuchadla bien, porque va a ser una palabra muy importante: ba-lon-ces-to”. Recientemente en el diario El País no mereció ni una línea el partido entre el Estudiantes y el Barcelona que juntó a 13.500 personas, ni tampoco la vuelta del Joventut a la Euroliga. En cambio, el partido de dieciseisavos de la Copa del Rey de fútbol entre el Alavés y el Celta ante 1.600 espectadores tuvo una columna entera para contarnos que fue un aburrimiento...

Yo pongo en duda la sensibilidad de algunos medios con lo que la sociedad está demandando. Creo que todos tendríamos que revisar qué es lo que estamos haciendo bien y mal, con autocrítica. En algunos casos los medios actúan de forma mecánica con determinadas situaciones y creo que de verdad no están siguiendo al día la sensibilidad que puede tener la gente con nuestro deporte. Dije que íbamos a hablar de baloncesto y lo dije sobre todo en el sentido de la cantidad de valores que puede transmitir este deporte, y creo que es lo que más ha llamado la atención este verano por el trabajo de la selección, por un grupo de jugadores que ha actuado de una forma natural, y yo creo que ha habido algo más que querer ganar. Por eso digo que hay una serie de valores que el deporte del baloncesto puede transmitir, y hablo de todo el baloncesto, no del baloncesto de la selección, sino de todo el baloncesto. Me da la impresión de que hay gente que quiere que compitamos con otro deporte, que es el fútbol, y nosotros no tenemos que competir con nadie, sino estar muy atentos a hacer nuestro trabajo bien. Tenemos la responsabilidad al estar acercándose gente al baloncesto, y hay que hacer que la gente se divierta y vea que es un deporte atractivo, que las chavalas y los chavales que jueguen estén cómodos, bien atendidos, que se sientan bien en este deporte independientemente de hasta dónde lleguen. El baloncesto no se mide única y exclusivamente por audiencias televisivas.

Dijiste también que baloncesto “equivale a educación, generosidad, solidaridad, trabajo en equipo, talante y tolerancia”. ¿Crees que son valores que socialmente se están transmitiendo?

Yo creo que el deporte es un medio más para transmitir valores, siempre he dicho que si un entrenador enseña sólo técnica y táctica es muy pobre, no es suficiente. Por eso debemos ser cada vez más tutores. Creo que a partir de ahí podemos hablar de añadir comportamientos sociales. Esto es una posibilidad más. Por ejemplo, ayer en el chiste de Forges una niña le decía a un niño en el patio del colegio: “Yo, cuando sea mayor, voy a ser pacifista” y el niño pregunta: “y eso, ¿dónde se estudia?”. “En casa”, sentencia la niña. En casa se aprenden cosas, en el deporte otras, o las mismas, por qué no. Todo está en contacto con la sociedad, cualquier momento o cualquier situación es buena para transmitir valores que nos hagan ser un poco mejores como personas. Más tolerantes, más generosos, más solidarios, etc.

Foto: Fran Panadero.

¿Cuál es el baloncesto que le gusta a Pepu?

Me gusta un baloncesto por supuesto técnico, con tácticas, pero una vez superado eso, lo que me gusta es el baloncesto de las sensaciones, de la sensibilidad. Donde el jugador o jugadora transmite todo lo que sabe. Que no sea un robot ni una maquinita. Que sepa hacer cosas y no parezca un guión totalmente preestablecido, porque creo que se nota inmediatamente. El aficionado quiere improvisación, genialidad, velocidad, poca racanería. El espectador quiere eso, y nosotros, la gente del baloncesto, queremos divertirnos de esa forma; creo que es mejor así.

¿Echas de menos un baloncesto más cotidiano, más de a pie, más de club...?

Yo ya dije que cuando entré en la selección no iba a trabajar a corto plazo, al ritmo de las competiciones. Bueno, lo tengo presente porque sé que es lo que se espera de mí, pero a mí me gusta trabajar a medio y largo plazo. Ver las posibilidades y las proyecciones que hay independientemente del tiempo que esté en la selección, donde me encuentro muy bien. Pero también es cierto que en un momento determinado podría echar de menos el baloncesto de competición diaria. La verdad es que no sé exactamente qué voy a hacer en el futuro.

¿Y el Estudiantes, se echa de menos?

Sí. Echo de menos todo. Porque cómo no voy a echar de menos con todo el tiempo que he estado trabajando en Estudiantes, pero así son las circunstancias. La decisión de dejar Estudiantes fue mía. Afortunadamente, bien o mal, es una decisión personal, de la que no me arrepiento. Pero sí echo de menos determinadas cosas, bueno, yo creo que a eso estamos acostumbrados todos.

¿Cuáles fueron las experiencias positivas de este Mundial, aparte de las más evidentes?

Yo no he cambiado, creo que sería un error si pensáramos que hemos llegado a algún sitio. Hemos empezado una nueva etapa, y muy bien. No sé si se esperaba o no pero evidentemente nosotros estamos encantados. Lo mejor es que el éxito ha sido muy bien acogido, hay muchísima ilusión tanto antes como después del campeonato, hay mucho agradecimiento y lo único que creo es que no tenemos que cambiar mucho, ser los mismos, ser gente que quiere hacer un buen baloncesto, que quiere mantener los valores que se han ido transmitiendo. Y si sumamos determinadas actuaciones, tanto individuales como colectivas, es posible que en un futuro volvamos a tener un premio importante. Debemos trabajar desde la tranquilidad, la humildad y la normalidad.

¿Cómo se consigue que conecten jugadores que ganan una fortuna, metidos en un sistema que les idolatra más como estrellas publicitarias?

No cuenta, cuando entrenas no cuenta absolutamente nada lo que cobras o lo que dejas de ganar. Sólo cuenta tu capacidad de entregarte al grupo, tu capacidad de apoyar, de formar parte de un proyecto. Es verdad que hay gente que no es así, pero también hay gente que conecta, que se siente bien trabajando al lado de otros y no piensa sólo en sí mismo. Como yo digo, cuando no hay más remedio pues se aplica la profesionalidad. Pero yo esto lo pongo en el ámbito del ‘tener que’, lo del ‘querer’ es otra cosa. Y yo creo que el ‘querer’ es mucho más divertido, querer hacer las cosas es mucho mejor, se hace con más facilidad, no te cuesta tanto esfuerzo. En ese aspecto hemos tenido una fortuna muy grande porque el grupo es muy especial, el grupo por el objetivo común está dispuesto a sacrificarse individualmente y eso es muy de agradecer.

Para terminar, ¿cuáles son, para ti, los placeres de la vida?

Los placeres de la vida para mí son muy sencillos. Estar con mis amigos, estar con mi familia un día entero, que últimamente no he tenido muchos. Pero ahora mismo es muy difícil no tener obligaciones muy directas. Ya digo, el estar con los amigos, una buena lectura, charlar y, por supuesto, hablar de baloncesto. Me gusta muchísimo hablar de baloncesto. Y no sólo de cuestiones técnicas o tácticas, de todo lo que rodea al baloncesto. Ya sé que muchas veces charlando no se arreglan las cosas, pero mira, alguna vez surge una idea, una línea a seguir y yo creo que en eso tenemos que estar.

jueves, 1 de septiembre de 2011

La incógnita de Lituania

Hace ahora exactamente cinco años la selección de baloncesto logró su mayor éxito deportivo. El Mundial de Japón supuso la consolidación de un grupo de jugadores que ha trasformado la visión que hasta entonces se tenía sobre la participación de selecciones españolas en campeonatos internacionales.


Aquella victoria fue anterior al fenómeno futbolero de la Roja, y abrió el tarro de las esencias de la calidad combinada con el buen juego, algo no siempre habitual en el deporte. Desde entonces hasta ahora la selección de baloncesto ganó una medalla de plata en un Eurobasket celebrado un año después en Madrid; otra medalla de plata en las Olimpiadas de Pekín 2008, en una final que supuso uno de los partidos más memorables de baloncesto de todos los tiempos; una medalla de oro en el Eurobasket de Polonia celebrado en el 2009; y un sexto puesto en el Mundial celebrado el año pasado en Turquía.

Desde aquel día en el Saitama Super Arena de Japón tres entrenadores han dirigido al equipo en el banquillo: Pepu Hernández, Aito García Reneses, y, tras las Olimpiadas de Pekín y hasta el día de hoy, Sergio Scariolo. Aunque cada uno ha tenido su estilo, lo cierto es que la selección no ha recuperado la frescura que tuvo en aquella experiencia asiática, pero sí ha demostrado tener una plantilla con suficientes garantías para aspirar siempre a lo máximo en las competiciones que ha disputado.

Los Gasol, Navarro, Rudy Fernández, Calderón, Ricky Rubio y Felipe Reyes forman un septeto de calidad impresionante. Si además sumamos la incorporación del pívot nacionalizado por la vía de un Consejo de Ministros, Serge Ibaka, el poderío es incontestable. Salvo Felipe, el resto juega o ha jugado en la NBA, un dato impensable no hace tanto tiempo. Pero que las piezas sean de lujo no te asegura que el resultado sea el esperado.

Ocurrió en la última cita, en el Mundial de Turquía, cuando un triple desde nueve metros del base serbio Milos Teodosic dejó al descubierto algunas de las vergüenzas del equipo español, relegando al equipo que partía como favorito a una plaza menor.

Como ocurrió en el torneo de Japón, en Lituania participarán 24 equipos, esta vez sólo continentales. Una competición más abierta de lo habitual, en la que alcanzar un ritmo de juego estable cuanto antes puede ser requisito necesario para que los equipos logren el premio de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Un privilegio que sólo tendrán asegurado los dos primeros equipos del campeonato, y que ha supuesto que para este Eurobasket muchos europeos en la NBA se hayan animado a participar. Nunca antes tantos jugadores de la liga estadounidense participaron en un torneo europeo, algo a lo que probablemente también ha contribuido el lockout que soporta la liga que dirige David Stern.

La anfitriona, junto con Francia, Turquía, Serbia, Rusia, además de España, parten como favoritas. Grecia, Alemania, e Italia son equipos que habrá que tener en cuenta, y hay un numeroso pelotón que puede dar la sorpresa amparado en un anonimato que los beneficia. Todo dependerá de cómo se vayan resolviendo los cruces de la competición a partir de que empiece la fase final del campeonato. La selección de Scariolo será probablemente la que muestre un juego interior más sólido, pero la tradición europea de artillería fina desde el tiro exterior puede dar algún susto a cualquiera.

Sea como fuere hay un dato incontestable, la selección es el equipo con mejor palmarés de la última década en Europa, tiene un grupo experimentado en competiciones internacionales, y tiene la necesidad perentoria de clasificarse por la vía directa a las Olimpiadas. Motivos suficientes para creer que puede sumarse al carro de éxitos que lleva acumulando la Federación Española de Baloncesto durante todo el verano, nada menos que siete medallas en diferentes campeonatos de formación.

Una de las dudas que genera el equipo de Scariolo es saber si los jugadores actúan en sintonía con el entrenador, un asunto que se puso en cuestión durante el anterior Europeo de Polonia –en el que, tras una primera fase desastrosa, los jugadores hicieron una reclamación a favor de una mayor libertad en el juego, acabando el campeonato con la medalla de oro colgada al cuello–, y si han desaparecido los efectos de la eliminación en Turquía.

La otra incógnita será saber si se puede recuperar a toda la masa de aficionados que se ilusionaron con las sensaciones que transmitió el equipo que dirigía Pepu en Japón, aquel que hizo de la humildad y la cooperación una de sus mejores armas competitivas. Algo que casa mal con las excesivas expectativas mediáticas y las etiquetas rimbombantes. En definitiva, lo que falta por saber es qué versión del equipo veremos en Lituania.

PD: Este artículo lo he publicado a modo de previa en el periódico Diagonal, antes de disputarse el primer partido contra Polonia, con el título de El Eurobasket de las incógnitas.

martes, 30 de agosto de 2011

El Eurobasket de Frank Lubin

En el Eurobasket de 1939 celebrado en Lituania, el equipo anfitrión defendía título. Era la tercera edición del torneo, y el viejo continente vivía en las dificultades propias de los conflictos políticos de la primera mitad del siglo XX.


Dos años antes el conjunto lituano había logrado vencer en el campeonato celebrado en Letonia, y un jugador, Pranas Lubinas -un pivot que rodaba el 1'90 de altura y que dominaba como pocos el juego interior- había destacado sobre el resto de sus compañeros. Su experiencia y carácter hizo que para el torneo celebrado en Kaunas el propio Lubinas asumiera el cargo de entrenador y jugador. El éxito logrado con la medalla de oro hizo que los jugadores fueran tratados como héroes locales, y que el pequeño país iniciara un romance con el deporte del baloncesto que todavía hoy perdura.

Lubinas no había nacido en Lituania. Hijo de una familia de emigrantes lituanos instalados en California, Pranas Lubinas llegó al mundo en 1910 en Los Ángeles, con el americanizado nombre de Frank Lubin. Tras estudiar en la prestigiosa universidad de UCLA formó parte del equipo que patrocinaba la factoría de cine Twentieth Century Fox en la liga amateur de baloncesto, y en 1936 participó en las olimpiadas de Berlín defendiendo la camiseta de la selección de Estados Unidos, con la que logró el oro olímpico. Fue en Berlín, entre la infame fanfarria de exaltación a la raza organizada por Hitler y sus acólitos, donde Lubin abrazó la posibilidad de unirse a la causa del baloncesto lituano a petición de la federación del país báltico. Lubin no lo pensó demasiado y decidió aceptar el reto.

El Eurobasket de Kaunas, celebrado a finales del mes de mayo, duró tan sólo una semana, y la suerte de los países participantes cambiaría al hilo de los acontecimientos que se produciría en Europa tan sólo unos pocos meses después. El uno de septiembre de 1939 Alemania invadía Polonia, el seis de octubre comenzaba la Segunda Guerra Mundial, y en junio de 1940 la Unión Soviética de Stalin se anexionaba Lituana, que no recuperaría su independencia hasta 1990. Poco antes de la invasión soviética, y viendo el desolador panorama que se avecinaba, Pranas Lubinas decidió regresar a Estados Unidos, al equipo de la Twentieth Century Fox, y a ser Frank Lubin. Con los estudios de Hollywood jugaría hasta los 54 años, y viviría el resto de su vida junto a su familia en California, donde moriría en 1999.


Ahora, 72 años despúes, el Eurobasket regresa a Lituania. El país donde nació uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Arvydas Sabonis, vive con especial emoción un torneo que les permite reivindicar orgullosos su relación con el deporte de la canasta. Con poco más de tres millones de habitantes, el baloncesto forma parte del código genético de un país que dará todo por repetir el éxito de 1939, y donde la selección de España será uno de sus principales rivales y firme aspirante al triunfo.

Pero en Lituania no olvidan que parte del mérito actual es gracias al considerado “abuelo del baloncesto lituano”, Frank Lubin o Pranas Lubianas. Aquel que les puso en el mapa internacional poco antes de que Europa fuera fagocitada por el horror, la guerra, y la miseria.

PD: Nueva colaboración para el diario digital elEconomista.es.

jueves, 25 de agosto de 2011

El descarte

Hace años comentaba Luis García Berlanga, en un debate sobre la película El Verdugo, que en su cine había una constante en la que “un individuo se encuentra con un status determinado frente a la sociedad, frente a sí mismo, y a lo largo de la película hay un momento que cree que va a mejorar y al final termina estando en la misma situación inicial, cuando no en una situación peor”. Carlos Suárez ha vivido un proceso parecido al de un personaje de Berlanga en su trayecto hasta ser descartado para disputar el Eurobasket de Lituania.

Foto: FEB

Después de realizar una buena temporada con el Real Madrid declaró en varios medios de comunicación que le habían asegurado una plaza en el equipo; más tarde se filtró que no estaba entrenando excesivamente bien; y finalmente -en una decisión que se ha prolongado en exceso- se ha anunciado que él es el descarte del combinado que dirige Sergio Scariolo. Por tercera vez consecutiva el de Aranjuez se queda fuera de la lista definitiva de la selección española de baloncesto. Un decisión dolorosa para todos, pero especialmente, como es evidente, para el jugador.

Lo cierto es que en el debate sobre quiénes serían los elegidos para disputar el torneo europeo, la sensación que trasmitían Carlos Suárez, Victor Claver, y, en menor medida, Victor Sada, era de permanente angustia. Cuesta entender como habiendo una convocatoria de quince jugadores para doce puestos, el trabajo por generar un ambiente inclusivo en el equipo no ha terminado de fraguar, o no se ha sabido trasmitir de cara al exterior.

No se ha logrado porque se puso nombre y apellidos desde el primer día a los que se rifaban el billete de vuelta, porque varios de ellos hablaron con la prensa para asegurarse un puesto, y porque en los partidos de preparación ya se intuía que, dentro o fuera del equipo, su papel sería secundario respecto al resto de jugadores. Da la impresión que ha sido Carlos Suárez como podía haber sido Claver o Victor Sada, y la explicación técnica de la elección no se termina de entender. La posición de tres la cubrirán Rudy Fernández y Fernando San Emeterio, jugadores que no tienen las características de Suárez para jugar en ese puesto.

Foto. FEB

Pero los tres (Suárez, Claver, y Sada) tendrán un lugar en la selección antes o después, cuando Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, o Pau Gasol decidan colgar las botas. Será necesario unir cuanto antes para la causa a jugadores destinados a tener un rol importante en pocos años. No necesariamente como finalistas del concurso de miss selección española que hemos vivido estos días, pero si como parte de un grupo amplio destinado a las mayores glorias deportivas del baloncesto de nuestro país. De lo contrario uno tiene la sensación de que, como a Nino Manfredi en El Verdugo, la situación de Carlos Suárez es igual o peor que la que podía tener antes de ser llamado para el puesto. Y eso no es bueno.

PD: Esta es mi primera colaboración para el periódico digital elEconomista.es

martes, 30 de noviembre de 2010

Entrevista Danko Delibasic (el hijo de Mirza)

"Mirza Delibasic fue el toque de oro del basket yugoslavo”

Mirza Delibasic inició su carrera en el Bosna Sarajevo de la mano del mítico entrenador Bogdan Tanjevic. Con el equipo de la actual capital de Bosnia logró la Copa de Europa de 1979 frente al Emerson Varesse. En 1980 le fichó el Real Madrid, conjunto con el que logró el campeonato mundial de clubes de 1981, el subcampeonato de la Recopa de 1982 y la liga de 1982, compartiendo vestuario con Corbalán, Iturriaga o Wayne Brabender.

Con la selección yugoslava formó parte de la llamada “segunda generación de oro”, junto a Dragan Kicanovic, Kresimir Cosic o Drazen Dalipagic. Con ellos ganó los campeonatos de Europa de 1975 y 1977, el Mundial de Filipinas en 1978 y los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. Tras el inicio de la desintegración de Yugoslavia, Delibasic se convirtió en un activista contra la guerra. En 1993 consiguió formar la primera selección de Bosnia, a pesar de las dificultades impuestas por el cerco a Sarajevo, la ciudad donde murió tras una difícil enfermedad en 2001.


Danko Delibasic (1986) es el relaciones públicas del Bosna Sarajevo, donde jugó su padre, Mirza Delibasic, uno de los mitos del baloncesto europeo.

La gente que jugó con tu padre cuenta que era una persona muy especial...

Wayne Brabender dijo una vez que Mirza aprendió a hablar castellano en dos semanas y que él no aprendió a hablar bien hasta pasados diez años… También decían que era un magnífico jugador, pero que era aún mejor persona. Cuando jugaba con Bosna Sarajevo partidos de máxima rivalidad en la ex Yugoslavia, era el único jugador al que aplaudía el público, aunque fuera el rival. Todo lo que hacía lo hacía bien, y con elegancia, por eso se le recuerda como un caballero.

Un caballero también por su gesto técnico.

Su técnica era perfecta, y era un gran tirador. Pero lo más importante es que como jugador quería que todos sus compañeros de equipo fueran mejores, no se preocupaba solo por sí mismo. Y ésa es otra de las razones por la que sus compañeros, o entrenadores como Lolo Sainz o Bogdan Tanjevic, le querían tanto. Mirza Delibasic fue el deportista del siglo en Bosnia y Herzegovina, fue el número uno. Aquí es el símbolo de la ciudad y una leyenda.

El baloncesto yugoslavo revolucionó el panorama europeo, con un estilo propio y con varias generaciones de jugadores excepcionales.

Sí, todo empezó con el Campeonato Europeo de 1975 en Belgrado. El juego de voleibol que practicaron Zoran Slavnic y Dragan Kicanovic frente a la URSS para perder tiempo. Eso enloqueció a los rusos, que no ganaron a Yugoslavia en 13 partidos seguidos. Kresimir Cosic, que fue elegido MVP de aquel torneo, dijo que en esos años –y éste es mi comentario favorito sobre mi padre– Mirza dio “el toque de oro” a ese equipo nacional.

Danko Delibasic en la sede del Bosna KK junto a la Copa de Europa de 1979. Foto: Jacobo Rivero.

Años más tarde, cuando comenzó la guerra en Yugoslavia, Mirza fue una referencia ética de la resistencia en Sarajevo.

Mi madre y yo estuvimos un año en Sarajevo durante la guerra y luego nos fuimos a Split (Croacia), que estaba más tranquilo. Cuando mi padre salió de Sarajevo, rompiendo el cerco de francotiradores y bombas con el equipo nacional para ir a jugar a Alemania, nos juntamos con él. Después fuimos a Italia, y mi madre y yo nos quedamos en Trieste. Mi padre no se pudo quedar, dijo que no aguantaba, que debía volver a Sarajevo con la gente que estaba sufriendo. Volvió a Sarajevo en medio de la guerra, también para mostrar al mundo qué estaba pasando allí.

Aquel viaje a Alemania, la salida de madrugada de la ciudad, el juntar un grupo de jugadores casi retirados de la práctica del baloncesto, fue una de las experiencias más impresionantes del deporte en el siglo XX.

Fue un momento muy difícil. Yugoslavia y Croacia estaban clasificadas para el campeonato Europeo, y un día le tocó a Bosnia enfrentarse a Yugoslavia. El día antes, en la ciudad de Tuzla –donde nació mi padre– lanzaron una granada que mató a 72 niños en una plaza. Mirza habló con los entrenadores del equipo nacional de Yugoslavia y les dijo que no podían jugar ese partido, porque los jugadores bosnios estaban muy frustrados y que seguramente iba a haber una pelea, que no iba a ser un partido de baloncesto. Fue un momento difícil, pero lograron centrarse en los campeonatos, y lo hicieron bien, quedaron octavos, en medio de la guerra y de la incertidumbre por sus familias. Fue un gran logro.

Danko Delibasic junto a un monumento dedicado a su padre en el centro de Sarajevo. Foto: Jacobo Rivero

¿Cómo fue después la relación con sus ex compañeros del equipo de Yugoslavia?

La amistad que tenía con Slavnic, Kicanovic o Dalipagic iba más allá de la guerra o la política. Creo que los jugadores que jugaron con él, que pasaron mucho tiempo juntos y compartieron tantas victorias, miraban la situación en ese momento desde otro lugar… Cuando terminó la guerra, el primero que vino a Sarajevo fue [el serbio] Moka Slavnic, al partido Bosnia-Croacia; 8.000 personas le aplaudieron.

¿Cuál es el mensaje que dejó Mirza Delibasic?

Fue una persona que, en todo lo que hacía, daba todo lo que podía, se entregaba totalmente, daba el máximo. Cuando entrenaba, entrenaba diez horas al día, así que cualquier cosa que hagas en la vida, tienes que hacerlo con el 100% de tu capacidad. Yo pienso que ése era su mensaje para la gente joven. No sé si muchos niños en Bosnia, Europa o España ven como ídolos a estos jugadores de antes, quizá sólo se fijan en Michael Jordan o Kobe Bryant, pero realmente aprecio a los que se acuerdan de Mirza Delibasic.

PD1: Esta entrevista la realicé en junio pasado, durante mi viaje a los balcánes. Aparece publicada en el número 138 del periódico Diagonal. La entrevista completa aparecerá publicada -como anexo- en el libro que estoy preparando sobre historias del mundo alrededor del baloncesto.

PD2: Para saber más sobre el cerco a Sarajevo, y la salida del equipo bosnio para jugar en Campeonato de Europa de Alemania, podeís ver este post, donde se relata aquella experiencia y hablan otros protagonistas.

jueves, 21 de octubre de 2010

Teodosic & Belgrado Basketball

Milos Teodosic (Sebia, 1987) está de moda, en buena parte porque fue él quién mandó a España al retiro en el pasado Mundial de Turquía con un triple que todavía le debe producir pesadillas, entre otros, a Jorge Garbajosa y Sergio Scariolo.


Teodosic (1,96 m) no es flor de un día, fue él quién guió a la medalla de oro a Serbia en el Campeonato de Europa sub-16 celebrado en 2003, y en el sub-18 de 2005. Con la selección absoluta fue miembro del equipo que llegó a la final en el Eurobasket del 2009 celebrado en Polonia, que ganó España, donde fue incluido en el quinteto ideal. Su canasta de 9 metros frente en Turquía fue su última gran proeza con la camiseta de la selección Serbia.

El base de Olympiacos se formó en el FMP Zeleznik de Belgrado, y nunca ha ocultado su simpatía por el equipo del Estrella Roja de esa ciudad. Del Zeleznik, quizá una de las escuelas de formación de baloncesto más importantes de Europa, han salido jugadores como Goran Nikolić, Dejan Milojević, Bojan Popović, Mile Ilić, Branko Jorović, Marko Marinović, o Zoran Erceg, por citar sólo a algunos de los más conocidos.

Antes del partido que enfrentó el pasado lunes al Real Madrid y Olympiacos, en una entrevista de Juan Morenilla para el diario El País, Milos declaraba “Elegir el baloncesto en Serbia sobre otros deportes no es difícil. Yo crecí admirando a Danilovic. Él fue una gran influencia para mí por su forma de pensar en la pista y su gran deseo de ganar más que técnicamente”.

Sasha Danilovic era una demostración espectacular de carácter ganador. Merece la pena ver este vídeo, que emepieza con su canasta en la cara de Dominique Wilkins que le dió la LEGA a la Kinder de Messina, para refrescar la mente...



No sé dónde nace esa cultura del basket tan especial que hay en Serbia. Jordi Sampietro, entrenador de baloncesto, se marchó hace unos años a Belgrado por amor al basket, y ahora organiza viajes para ver partidos de Partizán y Estrella Roja. Por un interesante precio puedes disfrutar de encuentros de Euroliga, Liga Adriática, y Liga Serbia en pocos días. En la web Belgrado Basketball podeis ver posibilidades, e incluso proponerle fechas para ir allí.

Conozco a Jordi y también Belgrado, y os aseguro que merece la pena conocer de cerca cómo se vive la pasión por el baloncesto. Quizá sea una buena manera para comprender el carácter de jugadores como Milos Teodosic o Sasha Danilovic...

martes, 10 de noviembre de 2009

El Eurobasket del rey Faruq I

En 1949 Egipto acogió la sexta edición del Eurobasket. El campeonato, que tendría que haberse celebrado en la Unión Soviética, se trasladó a África. El Rey Faruq I saboreó la miel de conquistar Europa.

La organización de un campeonato europeo de baloncesto correspondía al ganador del último torneo. La anterior convocatoria, celebrada en Checoslovaquia en 1947, había finalizado con la victoria de la Unión Soviética frente a la selección anfitriona. Pero la URSS de Stalin se negó a recoger el testigo. Los checos, a su vez, no estaban dispuestos a repetir. Así la suerte fue para el tercer clasificado, Egipto, que acogió la posibilidad gustosa.

Faruq I, 'el ladrón de El Cairo'

Egipto era miembro de la FIBA, como federación independiente, desde el año 1934. La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) había decidido, unos años antes, que los países de la cuenca del Mediterráneo fueran adscritos a Europa, por la falta de federaciones africanas, la cercanía geográfica y la dificultad de los desplazamientos en ese continente.

La fecha elegida para la competición fue entre el 15 y el 22 de mayo en El Cairo. Sin embargo, el cuatro de ese mes se producía la catástrofe de Superga. El Torino, el mejor equipo italiano de fútbol del momento, admirado por su juego ofensivo, y que en seis años no había perdido un solo partido en su estadio, regresaba de jugar un partido en Lisboa. En la maniobra de aterrizaje, el avión enfiló hacia el monte Superga de Turín, rozó la torre de una iglesia y se estrelló. Todo el equipo de Il Gran Torino falleció en el accidente. La selección italiana de baloncesto, que había participado en todos los torneos anteriores, renunció de inmediato a viajar a El Cairo. A su vez, varios países negaron su asistencia, alegando el peligro que suponía el desplazamiento. La catástrofe había tenido un impacto muy fuerte. Finalmente siete equipos participaron, frente a los catorce de la anterior edición. Sólo cuatro de Europa, que incluía a Turquía para las competiciones deportivas internacionales.

Los equipos que confirmaron su presencia fueron Francia, Holanda, la propia Turquía, Grecia, Líbano y Siria, además de Egipto. Excepto la primera, el resto tenían poco peso como combinados de basket. Únicamente tres de las selecciones habían disputado antes un campeonato continental. Había también razones políticas detrás de la no participación de algunos países. En aquel entonces Egipto estaba en conflicto con Gran Bretaña por el intento de recuperar el dominio y control del Canal de Suez. El canal, que había sido construido por Francia y Egipto en 1869, era un enlace fundamental entre Gran Bretaña y la India, la que fuera su colonia más importante. Los británicos compraron en 1875 su participación al Gobierno egipcio, y dominaban una ruta que más tarde sería la principal vía de transporte de petróleo desde el Golfo Pérsico a Europa.

El ladrón de El Cairo

Las canchas donde se disputarían los partidos estaban construidas al aire libre, a pocos metros de las pirámides. La posible presencia del rey Faruq en uno de los primeros encuentros desató una paranoia de seguridad de la que no se libraron los equipos participantes. No asistió. Pero subrayaba la evidencia del temor a un posible atentado. El rey no gozaba de mucha simpatía. Coronado en 1936, cuando sólo tenía 16 años, durante la II Guerra Mundial su ostentoso modo de vida fue objeto de críticas, especialmente durante los bombardeos italianos de Alejandría, cuando su lujosa residencia permanecía perfectamente iluminada a pesar de los ataques al resto de la ciudad. Faruq I era conocido como ‘el ladrón de El Cairo’, por su cleptomanía. Se decía que había robado durante sus visitas al exterior un sable al Sha de Persia, e incluso un reloj al mismísimo Winston Churchill.

En el partido final, un día muy caluroso y abarrotado de aficionados, Egipto, entrenada por el italiano Carmine ‘Nello’ Paratore, lograría vencer a Francia por una abultada diferencia (57-36). El combinado galo, con el gran Robert Busnel en sus filas, achacaría la derrota al exceso de sol, así como a la presión del público. Grecia se llevaría el bronce, su único logro hasta el oro continental de Atenas en 1987, y aportaría al máximo anotador, Fedon Mattheou. El mejor jugador del campeonato sería el turco Ozturk. FIBA Europa lo consideró más tarde como “el campeonato más flojo de la historia”. Francia como subcampeona organizaría el siguiente torneo, al que los egipcios se negarían a asistir todavía molestos por las ausencias en su campeonato.

Francia contra Checoslovaquia en 1951

Pocos años después, en 1952, Faruq I fue depuesto tras un golpe de Estado promovido por el Movimiento de los Oficiales Libres, encabezado por Gamal Abdel Nasser que, como presidente del país, nacionalizaría el Canal y sería uno de los cabecillas del llamado neutralismo positivo, o movimiento de los países no alineados. En 1961 se crearía FIBA África, siendo Egipto uno de los países fundadores, junto con Marruecos, Etiopía, Sudán, Togo, Rodesia del Norte (actual Zambia), Sierra Leona, Ghana, Guinea, Libia, Mali y Alto Volta (actual Burkina Faso).

Faruq, desde su exilio de lujo en Mónaco rodeado de tesoros propios y ajenos, recordaría siempre el día en que Egipto conquistó Europa.

PD: Este artículo lo he publicado en el nº112 del periódico Diagonal.