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jueves, 23 de mayo de 2013

El avión de Daimiel

En el libro de Antoni Daimiel, El sueño de mi desvelo (Editorial Córner, 2013), se narra el principio de la película Las aventuras de Jeremías Johnson para ilustrar la llegada de los primeros jugadores europeos a la NBA en los '80. Algo así como pioneros en tierra hostil. Más o menos como debió sentirse Fernando Martín cuando aterrizó en Portland en 1986 con traje de explorador. Para los que vimos pasar el avión desde una cancha de entrenamiento al aire libre, con tableros de conglomerado, aros rocosos y equipaciones raquíticas, aquello era lo más parecido a alcanzar la gloria. Daba igual que luego apenas jugara, eso nos parecía lo de menos. Él estaba allí. Para nosotros entonces La Meca no era el Madison, sino todo.



El sueño de mi desvelo. Historias nocturnas e imborrables de la NBA narra en primera persona la experiencia de Antoni Daimiel comentando partidos de las NBA -casi ininterrumpidamente desde 1995 hasta la actualidad- sin olvidarse de mirar de vez en cuando por el retrovisor, de recordarnos algunos de los mejores flashes, de contarnos encuentros y desencuentros o de dejarnos intuir conversaciones apasionadas (no necesariamente de baloncesto) en interesantes restaurantes y garitos. Siempre atento a lo que pasaba en una cancha del planeta americano. A veces en estudio y otras en la grada de prensa del All Star Weekend o de las Finals.

Parte del viaje lo hizo acompañándose con el periodista Andrés Montes. Formando un dúo perfecto en técnica, interpretación y virtuosismo. Elementos imprescindibles para que suene bien la música. Contaba Coll que su compañero artístico Tip solía decir que “el absurdo también tiene una lógica” y que el más alto de la pareja “era imprevisible, una sorpresa continua”. Algo que creo se ajusta también a la idiosincracia descriptiva de Montes en sus narraciones, siempre cargadas de una lógica que no fallaba porque conectaba lo terrenal con el espacio sideral. Así fue como pasamos de ver y oir las proezas de Dios disfrazado de jugador de baloncesto en Utah hasta saborear el proceso para dar E.T el salto desde la tierra de Elvis hasta el glamour de Hollywood. Recordando siempre “qué pasó el verano del 99”. Las partes del libro en que habla de Andrés Montes son un homenaje (muy) elegante al artista más importante de la narración deportiva en televisión desde Matías Prats Padre. En buena parte porque aquellas retransmisiones a dos voces y cuatro manos eran canela en rama.

Pero el libro es mucho más. Es una buena forma de hacer periodismo y de relacionarse con el espectador/lector sin necesidad de prismáticos, algo desgraciadamente poco habitual. De la lectura de las entrelíneas se detecta que el asunto no es casualidad, el fondo es tan bueno como la superficie. Meter sonido ambiente a un libro de baloncesto no es tarea sencilla y el texto lo logra hasta enganchar: poniendo música; haciendo arqueología social de Estados Unidos; evocando sutilezas sin bloqueo; redactando crónica rosa y negra (o al revés) y madrugando mucho para contarnos la NBA, la mejor liga del mundo. El sistema de comunicación del avión que pilota (en sentido figurado y en el sentido macarra del término) Antoni Daimiel es perfecto de cara al público y de puertas adentro.

Hay que felicitarse por este ejercicio de memoria tan bien contado.

lunes, 22 de agosto de 2011

MVP Rose, de Englewood a La Casa Blanca

Englewood es una zona caliente de la parte sur de Chicago, un lugar donde abrirse camino y destacar no es tarea fácil. Según el censo de Estados Unidos del año 2010, la tasa de pobreza de Englewood es del 46% y la de desempleo del 20%, más del doble de la media nacional. La sinfonía de las balas, los altos índices de criminalidad, y la economía basada en el trapicheo es lo habitual. En esa realidad es donde creció Rose juntos a sus tres hermanos, educados únicamente por su madre Brenda Rose.


Derrick Rose (1988) desde su etapa de high school ya apuntaba a futura estrella del baloncesto. Al contrario de lo que ocurre con otras jóvenes promesas del guetto que sobresalen luego en la NBA, Rose no se ha convertido en un personaje distante y engreído. En un encuentro organizado en Madrid por la marca que le patrocina, Adidas, MVP Rose atendió a los medios de comunicación con paciencia y simpatía.

Cuando llega el turno de hablar con Rose confiesa que “más que cansado estoy un poco aturdido, a veces llega un momento que no sabes ni dónde te encuentras”. El número 1 del draft de 2008, elegido por Chicago Bulls, lleva una carrera fulgurante en la NBA. En su primer año fue Rookie of the year; al mando del equipo ha devuelto a la franquicia de Illinois a los playoffs; y, esta última temporada ha logrado llegar a la final de la conferencia Este (para caer 4-1 ante Miami), siendo elegido el MVP de la liga regular más joven de la historia de la competición.

Naciste en una zona complicada de Chicago, ¿qué importancia tiene en tu carrera tu origen?

Nacer en Chicago me ayudó a ser lo que soy hoy en día. Siempre he recordado de dónde vengo y a la comunidad que pertenezco, cuando puedo voy a Englewood con mi familia y veo a mis amigos. Mi madre prepara comida para gente sin hogar todos los jueves, y mis hermanos también colaboran allí en todo lo que pueden. Estamos muy unidos porque crecí allí, y aunque es una zona difícil es importante seguir cerca de tu gente.

¿Quién ha sido tu inspiración en todo este tiempo?

Mi madre. Definitivamente es la persona que más me ha aportado en la vida. Ella me ha sabido conducir en el camino hacia el éxito, y eso es genial, porque nos educó para ser buenas personas y responsables.



También es habitual verte participar en los programas sociales de NBA Cares.

Si, es muy importante devolverle a los fans el apoyo que te dan. Cuando ganas, pero también cuando pierdes o te equivocas, ellos siempre están ahí. Para la gente de la comunidad es muy importante ver que uno de los suyos ha llegado a lo más alto, y dar una imagen positiva es fundamental para muchos chicos que quiere llegar a ser como los jugadores de la NBA, porque ellos son el futuro.

Llevar la camiseta de los Bulls también es una responsabilidad por estar en el mismo equipo donde triunfó Michael Jordan…

Estar en Chicago es genial, pero hacerlo después de que allí haya jugado Michael Jordan es un estimulo para trabajar más duro. Con él la franquicia vivió unos años estupendos, y yo trato con mi esfuerzo de devolver a los Bulls a ese lugar. La figura de Jordan es un estimulo para trabajar fuerte por alcanzar lo que él consiguió con el equipo.

¿Crees que los Bulls podrán luchar por el anillo de campeones?

Creo que estamos cerca. Será un trabajo duro, pero pienso que tendremos nuestra oportunidad y todos estamos muy motivados por llegar a luchar por el anillo. Este año frente a Miami nos faltó un poco de experiencia pero estamos en el camino correcto.

¿Cómo es Tom Thibodeau como entrenador?

Thibodeau es genial, trabaja mucho. Es capaz de estar viendo vídeos hasta las tres o las cuatro de la madrugada para preparar partidos. No tiene mujer ni hijos, y dedica todo su tiempo al baloncesto y el equipo. Los jugadores le respetamos mucho.


Hace justo ahora un año jugaste con el presidente Obama un partido de baloncesto en La Casa Blanca, junto con otros grandes de la NBA como LeBron James, Dwyane Wade, o Carmelo Anthony, ¿cómo fue aquello?

Que Obama nos llevara a La Casa Blanca para jugar un partido y celebrar su 49 cumpleaños fue una de las mejores experiencias de mi vida. Fue una señal de mucho respeto para mí, pero también para la gente de Chicago porque él allí tiene mucho apoyo. Él trabajó mucho para la gente de Chicago antes de ser senador, y luego cuando se presentó como candidato a la elección de presidente la gente le devolvió el cariño que había mostrado por la ciudad. Obama es el mejor presidente que ha tenido Estados Unidos y es una gran esperanza para todos.

PD1: Esta entrevista la he publicado en NBAmaniacs.

PD2: En estas entrevistas tienes cinco minutos para hablar con el jugador, así que decidí primar los aspectos más humanos que otras cuestiones como el lockout o sus aspiraciones personales. Rose fue extremadamente correcto y amable, y le regalé una camiseta del equipo de baloncesto de Lavapiés, algo que agradeció.

jueves, 26 de mayo de 2011

Crossover y Craig Hodges

El crossover es uno de los movimientos más espectaculares del baloncesto, un doble cambio de mano para librarse del defensor para generar un tiro sin oposición, un pase, o una ventaja en el dribling. Requiere mucha coordinación en el manejo, y no es nada fácil de realizar en jugadores grandes porque funciona a través de un bote de balón muy bajo, donde el equilibrio del cuerpo es fundamental. Una de las jugadas favoritas del streetball pero también una de las acciones más bonitas de ver en un partido de competición. Antonio Vázquez, director de la Revista Oficial de la NBA en España, ha colgado en twitter este vídeo realizado por The New York Times sobre el crossover, donde algunos de los jugadores de la NBA hablan sobre quién es el que mejor lo realiza.



¿Cuál es vuestra opinión? ¿Quién es el mejor en la NBA y en la ACB?

En 1992 Craig Hodges se presentó en la Casa Blanca con un Dashiki, una vestimenta típica africana, cuando los Chicago Bulls visitaron a George Bush (padre) tras lograr el campeonato de la NBA. Una forma de protestar por la situación de la comunidad afroamericana en Estados Unidos. Aquel gesto levantó una enorme polémica, entre otras cosas porque el bueno de Hodges no se cortó al incluir en su crítica la apatía de Michael Jordan hacia su comunidad. Hodges no era un cualquiera, ganador durante tres años seguidos del concurso de triples de la NBA (1990/91/92) logró dos anillos con Chicago.

Tras su visita reivindicativa Hodges se quedó sin equipo, un veto motivado por su postura. "Esto es una guerra. La pobreza en las ciudades es infernal, sólo hay que mirar a la calle. Y entonces estamos nosotros ahí... ¿Cuánto dinero ganamos cada noche? ¿Cuántas vidas podríamos cambiar? Por eso, los deportistas tenemos la responsabilidad de hablar", declaraba a The New York Times en 1992.

En 2005 su antiguo entrenador en los Bulls, Phil Jackson, lo repescó para el roster de técnicos de los Lakers para entrenar el tiro. El maestro Zen incorporó a un auténtico especialista, que apuntó muy fino en una liga donde no gustan las reivindicaciones. Allí donde las recientes declaraciones de Douglas-Roberts todavía escuecen.

Ahora el grupo de hip hop Rebel Diaz recuerda la hazaña de Craig Hodges con este temazo.

Mientras tanto el baloncesto sigue. La ACB, con unos playoff algo desapercibidos, anda en broncas, y habrá que ver cómo termina la guerra abierta entre los clubes y su presidente, muchos cambios en el horizonte y un futuro incierto. En la NBA la final entre Dallas y los Miami pondrá frente a frente al mejor jugador europeo de todos los tiempos, Dirk Nowitki, y los Beach Boys de LeBron & Cia en una final de contrastes, Texas vs Florida. Pero cuidado, porque la amenaza de lockout cada día parece más real y eso puede ser dinamita pura. David Stern y Eduardo Portela tendrán que hacer auténticos crossover si quieren evitar situaciones complicadas. Y eso no es nada fácil.

PD: Mañana empieza la Final Four de la categoría sub 21. Lo tenemos realmente jodido, pero lo vamos a intentar con todas las ganas del mundo.


En la página web del Club Estudiantes se puede leer este artículo de Santi Escribano sobre el equipo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Hermanos y Enemigos

El lunes por la mañana se presentó, en la Fundación Pedro Ferrándiz, Hermanos y Enemigos: Petrovic y Divac, un documental producido por la ESPN estadounidense que será estrenado por Canal+ el martes 1 de marzo a las 18:50 h.



Tras la proyección, Antoni Daimiel, Nikola Loncar, David Carnicero, y Pedro Ferrándiz, presidieron la mesa desde la que se contestó a las preguntas de un numeroso público, entre el que había una buena representación de periodistas y gentes del mundillo del baloncesto madrileño.

El documental narra la relación entre el pivot serbio Vlade Divac y el alero croata Drazen Petrovic. Los momentos compartidos con una de las mejores selecciones yugoslavas de todos los tiempos -la que ganó el Mundial de Argentina en 1990-, su marcha en paralelo a la NBA, su amistad, y su posterior ruptura tras el inicio de la guerra y desintegración de Yugoslavia.

Drazen Petrovic fue un ídolo en el baloncesto europeo de los años '80. Comparable, por su impacto a este lado del atlántico, a Michael Jordan.

Los duelos entre la Cibona de Zagreb, que entrenaba Mirko Novosel, y el Real Madrid de aquella época, proyectaban a un jugador fuera de serie, con una personalidad hasta el momento poco vista en una cancha de baloncesto. Aunque lo cierto es que la dupla provocativa, que formó con su hermano Alexander en la Cibona, tenía como origen otros dos jugadores yugoslavos que habían practicado ese tipo de sinergias en una cancha en la década anterior: Zoran Slavnic y Dragan Kicanovic.

David Carnicero comentaba su fascinación por Petrovic, y ese tipo de juego que mezclaba desafío, chulería, ambición y calidad; Antoni Daimiel contaba el impacto que le produjo ver una tangana yugoslava en un partido amistoso jugado en Valladolid cuando él apenas era un joven aficionado, y como aquella Cibona reflejaba una forma de entender el deporte donde no cabía otra concepción que no fuera la victoria y la competitividad hasta el final; y Nicola Loncar señalaba el impacto de Divac y Petrovic en una sociedad donde el baloncesto es casi una religión.

El documental y el debate reflejaban una parte de las miserias que se sucedieron alrededor de las guerras yugoslavas. Los hasta un día compañeros de selección pasaron a formar parte de nuevas naciones desangradas en conflictos hasta el extremo crueles. Divac y Petrovic, que triunfaron en la NBA como pocos europeos lo han conseguido, rompieron su relación por las divisiones que provocó la guerra. La muerte de Petrovic el 7 de junio de 1993, con tan sólo 28 años, en un accidente de coche, impidió una posible reconciliación.


Petrovic fue un genio. Inigualable hasta el día de hoy por ningún otro jugador europeo en su posición. Su capacidad anotadora, su estilo de juego, sus fintas y rectificados, su trabajo diario (se decía que tiraba a diario al menos 1000 veces a canasta), su explosividad...

Cibona de Zagreb, Real Madrid, Portland Trail Blazers, y New Jersey Nets son los equipos que disfrutaron, en mayor o menor medida, de su arte. En Europa logró todos los títulos de clubes posibles, con la selección de Yugoslavia conquistó un Eurobasket y un Mundial, y con Croacia fue plata en la olimpiada de 1992, jugando la final contra el Dream Team. Tras su muerte New Jersey retiró el número 3 en su honor, y Drazen fue incluido en el Basketball Hall of Fame el año 2002.

Como se comentó en la charla, los killers no suelen ser unos tipos simpáticos en una cancha (no lo fue Michael Jordan). Me gustan los jugadores con sangre caliente, la intensidad en el juego, y la tensión competitiva. Pero, al contrario que a Carnicero, me queda la duda de si el Petrovic que escupió al oído de Fernando Martín, o el que provocó la peor versión de Epi en un partido de basket, es el tipo de jugador que eligiría como referencia, más allá de la admiración que sigo teniendo por su juego. Más bien al contrario.

Puestos a elegir, y por seguir por aquellas tierras, y algunos lugares comunes de sus carreras deportivas, me quedo con un gentelmen como Mirza Delibasic. Desgraciadamente el único gran jugador yugoslavo que tomó partido de forma pública contra la violencia y la guerra entre los que fueron un día hermanos.

En cualquier caso un documento muy interesante para conocer la historia reciente del baloncesto, de nuestra propia historia, y de dos jugadores muy especiales que marcaron una época.

lunes, 21 de febrero de 2011

My beautiful All Star Weekend

Dos días después de que Michael Jordan cumpliera 48 años, Serge Ibaka realizó el mítico mate saltando desde la línea de tiros libres en el Slam Dunk de Los Ángeles. El creador de ese salto prodigioso desde el que machacar la red, fue Julius Erving, pero Jordan la añadió una variante importante. El mejor jugador de todos los tiempos lo hizo viniendo en carrera mientras botaba el balón, con un espectacular rectificado en el aire, y con su lengua al aire acaparando los flashes. Su imagen ya es uno de los iconos del baloncesto.



Quizá Ibaka mereció algo más, pero el concurso de este año estaba predestinado para The Blake Show. Blake Griffin ha dado un paso adelante en la concepción del vuelo sin motor, es capaz de machacar la canasta por encima de cualquier tipo de barrera, lo hace cada noche que juega con los Clippers, y ahora sabemos que es capaz de hacerlo por encima de un coche conducido por Baron Davis. Ni siquiera un voluntarioso JaVale McGee, con su madre en el Staples presumiendo de mocetón, podía romper un protocolo organizado para entronizar al descendiente directo de Hulk. Pero no hay que olvidar que McGee mide 2.13, y que Ibaka y Griffin miden diez centímetros más que Air Jordan.

DeMar DrRozan amenazó con este mate por twitter pero no lo vimos...

El Slam Dunk no tiene límites, y en breve veremos como se puede machacar el aro desde una avioneta o lanzarse en paracaídas sobre la cancha. En mi elección siempre estarán aquellos mates que un jugador podría realizar durante un partido, sin necesidad ni de coches, tartas de cumpleaños, ni muñecos de peluche. Y con ese criterio, tras His Royal Airness, me quedó con el de Vince Carter en el 2000 o con el de Nash y Stoudemire en 2005.

En Los Ángeles los premios han estado bien repartidos. Kobe tenía que reivindicar que jugando en casa es el dueño de la pista, y que por encima de la puntual crisis de los Lakers -y los méritos al trabajo colectivo de Celtics, Spurs, o Miami-, él sigue siendo el Rey Midas. Que Pau salga del banquillo, para hacer un notable papel, no es un demerito si el que ocupa su plaza es un gentelmen como Tim Duncan. Victoria del Oeste para mayor gloria de Dustin Hoffman, Justin Bieber, Rihanna, Lenny Kravitz, y demás celebrities. Con Kobe Bryant como flamante MVP del All Star Game, LeBron ya ha cogido su ticket para el trofeo del próximo año.


Bieber fue el MVP del partido del viernes, en el que se podía ver a famosos en acción y veteranos del vietnam jugando una pachanga de basket. Se lo mereció Scottie Pippen, pero no vamos a hablar de justicia cuando ni siquiera Bernard King está en el Hall of Fame. El mayor mérito de Bieber en el basket es que su flequillo arrasa en los equipos de cantera de raza blanca de medio mundo. Si algún día deja la música, habría que nombrarlo en España consejero de ACS o Marqués, tiene dotes para ambos cargos.

John Wall, DeMarcus Cousins, y Eric Bledsoe compartieron róster en Kentucky. El Coach Calipari les preparó la alfombra del éxito en la NCAA la temporada pasada, pero fracasó. El reencuentro en Los Ángeles para jugar el partido entre rookies y sophomeres era una ocasión perfecta para reivindicar su status. Wall y Cousins tenían claro que era su noche. El primero porque es un jugón que no se llevará el premio a rookie of the year porque ya está en el buzón de Blake Griffin, y el segundo porque ya está harto de que le llamen inmaduro.

DeJuan Blair estuvo a punto de aguarles la fiesta, pero Wall tenía claro que en una pachanguita sin defensas lo más fácil era repartir asistencias. Con sus 22 pases el jugador de los Wizzards batió récord, se llevo el MVP, y los rookies ganaron el partido. Entre los sophomores el mejor fue, después de Blair, el angelino James Harden. Invitado por la ausencia de Tyreke Evans, el de los Thunder se desfondo. En mi particular visión de las cosas lo acepto como un premio para la Universidad Estatal de Airzona, donde estudió Harden, y la enseñanza pública.

James Harden 30 puntos con el equipo de los sophomores...

Atlanta se llevó el concurso de tiro por equipos frente a la favorita Texas; Stephen Curry, y sus elegantes maneras, el de habilidad; y James Jones el de triple. El alero de Miami Heat presumió de mecánica y porcentajes en un evento en el que los laureles parecían reservados -con todo merecimiento- para Ray Allen, y donde el sobrao Paul Pierce parecía que podía ser el aguafiestas. The Truth no pudo liarla, pero se llevó los abucheos de sus antiguos vecinos de Beverly Hills.

La NBA dejó claro que sigue siendo La Meca del baloncesto, y que, por encima de consideraciones deportivas, son el Air Force One de la organización de eventos. El All Star Weekend volvió a brillar más por el envoltorio que por la emoción. Pero es que el envoltorio, y la calidad de los protagonistas one by one, es impresionante.

PD1: Para mí fue un lujo poder participar en el vídeo chat de Canal+ que dirigió José Ajero. Grandes compañeros de tertulia: Fran Fermoso, David Alarcón de UltimateNBA, Fernando Martín de la Revista Gigantes, Felix de Hip Hop Life, y Mariano Ruiz del periódico La Razón. Aproveché la ocasión para mandar algunos saludos a los buenos amigos bloggeros: Mo Sweat, Paupelu, y Sraly. También a Basketamericano.com y a Locosxelbaloncestofemenio.com. Gracias por las preguntas bros.

PD2: Por si fuera poca fiesta, el domingo con el equipo sub21 del Estudiantes nos llevamos una trabajada victoria frente a Zona Press (73-77). En su casa, y con cuatro juniors C que suplieron perfectamente importantes bajas del equipo. Merecido MVP para todo el equipo que consigue de esta forma colocarnos primeros de grupo.

domingo, 30 de enero de 2011

Historias del Sub 21

Uno puede pensar que poner un partido de Sub 21 un domingo a las 9:15 de la mañana es un acto de mala fe. Al fin y al cabo con los horarios también se juega. Los que han competido contra equipos de Colmenar Viejo o Soto del Real (por poner dos ejemplos evidentes) saben de lo que hablo. Con un equipo de jugadores de 19, 20, o 21 años no es lo idóneo madrugar en fin de semana, y los encuentros de esta competición suelen disputarse a última hora de la mañana o por lo tarde...


No se trata de que los jugadores del Sub 21 del Estudiantes sean los fines de semana como los personajes de Miedo y asco en Las Vegas, la genial novela de Hunter S. Thompson adaptada al cine por Terry Gilliam, pero siendo un equipo de voluntarios el esfuerzo es considerable. Si además el partido es contra Tajamar, conocido instituto del Opus Dei de Madrid, no descarto que la elección de la hora tenga que ver con el scouting de mi equipo...

Ironías aparte, y dicho desde el máximo respeto, el madrugar nos vino bien, y el trato de la gente de Tajamar -entrenador, jugadores, delegado de campo- fue excelente, en un pabellón muy cómodo para el público y los equipos.

Al partido acudimos con sólo ocho jugadores -tenemos dos lesionados y dos bajas inesperadas de última hora-, pero con unas ganas tremendas de levantar el vuelo tras las dos últimas derrotas. Movimos bien el balón, seleccionamos bien nuestras opciones de tiro, estuvimos serios en defensa, e hicimos un tercer cuarto -con muchos cambios defensivos- muy bueno.

La única pega que se le puede poner al partido es que seguimos fallones desde la línea de tiros libres (14/27 en el total del partido, con 6/13 en los dos últimos minutos del encuentro) y excesivamente timoratos cerrando el rebote. Al final terminamos con tres jugadores -los tres postes- en el banquillo con cinco faltas, y los cinco en pista defendiendo con uñas y dientes. No fue como la mítica victoria con ocho jugadores de los Heat frente a los Bulls de Chicago, aquella en la que Rex Champan se lució frente a Michael Jordan...



Ni tampoco fue tan happines como un capítulo de la serie Eight is Enough (aquí Con ocho basta). Se sufrió al final, en buena parte por nuestros fallos desde la línea de 4'60, pero puede ser un buen inicio para recuperar las buenas sensaciones y la confianza del equipo. Al final 66-69 para el Estu. La próxima vez sin tener que levantarnos a las siete de la mañana, y con algún jugador más, seguro que lo hacemos mejor.

(13-17// 16-13// 11-22// 22-17)

PD1: El Estudiantes ACB ganó el sábado al Blancos de Rueda Valladolid, 77-60 para el equipo que dirige Luis Casimiro. Una victoria importante que sin embargo mantiene las dudas sobre las lógicas en la rotación del equipo. Daniel Clark jugó 6:11 min en la primera parte. Sus números fueron buenos, y logró un 10 de valoración, pero no volvió a pisar la cancha. Marc Blanch mostró que es un relevo con garantías en el tiempo que jugó, y Jaime Fernández demostró en 1:52 min que tiene ganas de comerse el mundo. Lo cierto es que -por primera vez en toda la temporada- Ellis, Asselin, y Welsch jugaron un buen partido. Habrá que ver cómo discurre la seconda volta.

martes, 9 de noviembre de 2010

Basketball Jones

Mucho antes de que el “laicismo agresivo” tratara de asolar nuestras conciencias, otros profetas del "relativismo" ya se anunciaron. Cheech y Chong son dos productos americanos de una época, el 68 y sus derivas posteriores, que para algunos supusieron “ideas funestas, hipócritas y fracasadas”, y para otros el inicio de un nuevo tiempo de liberación -en el más amplio y diverso sentido de la palabra- colectiva e individual.


Cheech y Chong fueron al humor, a la música, y al cine, lo que los Freak Brothers al mundo del cómic. La imagen más friki del universo hippie americano. "Basketball Jones featuring Tyrone Shoelaces" es una canción de su album Los Cochinos, editado en 1973. El tema, cantado en chirriante falsete por Cheech Marin narra el nacimiento de Tyrone ("tie-your-own) Schoelaces para el baloncesto, su estrellato desde el guetto, y su repercusión planetaria. El vídeo con Nixon, el Vietcong, y The Beatles incluido no tiene desperdicio...



En el disco colaboraron en la parte instrumental George Harrison, Carole King, Billy Preston, y Tom Scott. The Blossoms y Michelle Phillips (The Mamas & the Papas) hacen los coros de las cheerleaders en Basketball Jones. La canción es una parodia de la balada de soul Love Jones del grupo The Brighter Side of Darkness.

La película Space Jam (1996), protagonizada por Bugs Bunny y Michael Jordan, incluía una versión del tema.

Cheech y Chong siguen en la batalla como viejos representantes de la cultura hippie, su web oficial deja claro cuáles son sus prioridades, y en Youtube es fácil encontrar imágenes de sus megafrikis películas.

Quizá la versión más parecida de Tyrone Schoelaces en el siglo XXI sea Allen Iverson y su viaje de destino incierto a Turquía.

Los tiempos cambian pero algunos asuntos, como la diferencia entre ser The Pope o nacer en el guetto, prevalecen.

viernes, 22 de octubre de 2010

Kin Jong-un y Michael Jordan

El tercer hijo del Querido Lider Kim Jong-il tiene asegurado empleo y sueldo para una buena temporada. Con 28 años el Brillante Camarada (nick oficial con el que ha sido designado para representar a la saga), ha sido nombrado sucesor de la dinastía que inauguró su abuelo Kim Il-sung (Presidente Eterno o Gran Líder para los amigos) en la República Democrática Popular de Corea del Norte, y vicepresidente de la Comisión Militar Central.

Kin Jong-il junto a Kin Jong-un.

Kin Jong-un mantendrá la idea Juche como fuerza motora de la construcción del socialismo norcoreano: “la idea Juche significa que los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas”. Así lo teorizó su abuelo, King Jong-il, quién se puso al frente de las masas y luego la fue dejando como herencia a sus descendientes. Una opción al alcance de pocos.

Kin Jong-un ha superado en las pruebas de acceso al puesto a sus dos hermanos mayores. A Kim Jong-nam, el primogénito del Querido Líder, le pillaron en 2001 (¡con treinta años!), en el aereopuerto de Tokio con un pasaporte dominicano falso. El mayor de los hermanos tenía en su poder entradas para el Disneyland de Japón, y desde entonces cayó en desgracia. No era permisible que el futuro líder de las masas pudiera tener más predilección por Mickey, Donald, y Pluto que por Marx y Lenin. Ahora vive exiliado en Macao donde se dedica “al juego y las mujeres” según el periódico surcoreano Chosun Ilbo, y se sospecha que Julio Iglesias está entre sus selectos gustos musicales. El segundo hermano, Jong-chol, parece que no tiene el carácter suficiente que requiere la dirección del país (las masas), el Partido, y el Ejército Popular.



Así Kin Jong-un se ha perfilado, al menos a los ojos de su padre, como el estadista necesario para guiar al pueblo de Corea del Norte en su glorioso futuro. Pero lo que realmente a nosotros nos importa es que al Brillante Camarada le gusta el baloncesto, y por si fuera poco es admirador de Michael Jordan, según el artículo de Georgina Higueras publicado en El País el pasado domingo. Educado hasta 1998 en Suiza, con identidad falsa, de Jong-un se sabe muy poco. Pero lo que parece claro -ignoro cómo- es su gusto por el basket y MJ. No es un tema menor. Quizá David Stern haya tomado nota y piense en un futuro desembarco NBA. El mundo está tan loco que todo es posible.

PD1: Si alguien quiere leer sobre la República Democrática de Corea del Norte y su demencial cotidiano, le recomiendo el cómic de Guy Delisle Pyongyang, de la editorial Astiberri.

PD2: El vídeo I want more, de Faithless, recoge imágenes del documental A State of Mind, de Daniel Gordon sobre los Juegos Populares de Gimnasia celebrados en Pyongyang en 2003.

sábado, 13 de febrero de 2010

sábado, 26 de diciembre de 2009

Patrick Ewing Christmas Day. 1985-1986

Patrick Ewing fue elegido en el draft de la NBA de 1985 en la primera posición por New York Knicks, con un contrato estratosférico para un rookie. En su primer año sus números fueron de 20 puntos, 9 rebotes y 2 tapones por partido, lo que le hizo ser elegido rookie del año.

Esa misma temporada los Celtics de Boston recuperaron el dominio en la competición. En la temporada regular lograron 67 victorias y tan sólo 15 derrotas. La incorporación de Bill Walton, junto al crecimiento de Ainge, devolvería al equipo a su máximo esplendor. En su cancha los Celtics lograron un impresionantes record, al ganar 40 partidos de los 41 disputados como local, en una temporada que ganarían el anillo derrotando a los Houston Rockets de un joven Hakeem Olajuwon y de Ralph Sampson.

El 25 de diciembre de 1985, en el Madison Square Garden, y frente a aquellos Celtics de Larry Bird, Ewing reivindicó su dominio bajo los aros, e hizo de aquella noche un momento especial para la memoria de los neoyorquinos...



Un año después...

Llegaba al Madison otro jugador muy esperado por Ewing, y por los aficionados de los Knicks: Michal Jordan. Ambos ya habían coincidido en su etapa universitaria. En la final de la NCAA de 1982 ante Georgetown Hoyas, Jordan dio la victoria a los Tar Heels con una canasta de dos puntos en suspensión a escasos segundos del final para llevarse el campeonato, el primer éxito en su impecable carrera profesional. En el equipo rival se encontraba Patrick Ewing. Jordan recibió una beca para jugar al baloncesto en la Universidad de North Carolina, donde se especializó en geografía. En su primer año fue entrenado por el mítico Dean Smith, y fue nombrado el mejor jugador de primer año de la temporada (ACC Freshman of the Year), promediando 13,4 puntos por partido con un 53,4% en tiros de campo. Por entonces, Jordan era prácticamente un jugador dominante en la pista aunque, aun así, los Tar Heels no estaban liderados por él, sino por James Worthy, futura referencia de los Lakers e integrante del Salón de la Fama.

El 25 de diciembre de 1986, Jordan y Ewing se vieron las caras en el Madison. Jordan, que nació en Brooklyn aunque cambió pronto su residencia por North Carolina, dejó aquella noche detalles de su excelencia, como ocurre con todos los grandes jugadores que visitan Nueva York, pero no fue suficiente...



PD: Un último asunto. Os dejo un tema absolutamente delicioso, de Charles Sheffield, dedicado al gran Mo Sweat, a su blog, y a su música.

Disfrutarlo como yo hice está mañana.

lunes, 10 de agosto de 2009

25 años después...

Recuerdo madrugar para ver el partido. Los Angeles'84 eran mis primeros Juegos con conciencia de (muy) joven espectador. Una olimpiada algo descafeinada por el boikot que los países de la órbita soviética realizaron, negándose a participar. La Unión Soviética argumentó que no existían garantías suficientes de seguridad para sus atletas, en una época en que el deporte era una de las armas de la guerra fría. En realidad la postura del Kremlim era la respuesta al boikot abanderado por USA cuatro años antes a las olimpiadas de Moscú. Sólo Rumanía, extraña excepción, y Yugoslavia, disidente del socialismo de la URSS, participaron como representantes de las llamadas dictaduras del proletariado. No era un tema menor, en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, los países que ahora no participaban habían ganado el 58% del total de medallas de oro .


En baloncesto era evidente que faltaba un enemigo que podría haber cambiado la historia, la URSS que entrenaba Gomelski habría podido poner en aprietos incluso a la selección USA, en su propio territorio. Pero la política nos privo de ver a los soviéticos en Los Angeles. Una lástima.

Sin embargo esa circunstancia no restaba mérito al equipo que entrenaba Antonio Díaz Miguel. El entrenador, que dirigiera a la selección durante 40 años, era un tipo muy particular. Para empezar se presentaba con un aspecto adelantado para su época, en la que sus estrambóticas gafas eran el reflejo de una personalidad todavía atípica en la sociedad de los '80. Gran conocedor del baloncesto americano, presumía de su estilo de vida, nada habitual en el mundo del deporte español de entonces. Un auténtico moderno que aportó muchos conocimientos a nuestro baloncesto, gracias en buena parte a su amistad con entrenadores como Bobby Knight o Dean Smith. Polémico y difícil, Díaz Miguel también salió del Estu.

De la plantilla mis favoritos eran los jugadores del Barça. En especial Nacho Solozábal y Andrés Jiménez. Del primero sus cambios de velocidad, su manejo de balón, y su tiro con la izquierda me fascinaban, y del segundo su versatilidad como ala-pivot. Definitivo en el caso de Jiménez para admirarle, era que además de buen jugador de basket, dibujaba comics.

La verdad es que el primero no se lució en exceso ni en la semifinal, contra la Yugoslavia de un jovencito Petrovic, ni en la final. En cambio Jiménez hizo dos partidazos.


Tengo los dos partidos grabados y alguna vez los veo. La semifinal es espectacular. Un partido en que la selección jugo un gran baloncesto frente al equipo plavi, donde entonces estaban Delibasic, Cosic, Kikanovic o Dalipagic. La final es un partido extraño. Cuando lo veo pienso que ni España lo hacia tan mal, ni USA lo hacia tan bien. No ha envejecido mal ese encuentro. Y eso que sus devenires yankees, con Michael Jordan a la cabeza, seguido de Ewing o Mullin fueron maravillosos.

Recuerdo bien es que ese día ya sentía una emoción brutal por el baloncesto, y que ahora, 25 años después, sigo teniendo esas sensaciones. En parte me autoconsuelo pensando como Woody Allen plantea en Annie Hall, que por encima de la discusión intelectual, la plástica de la competición deportiva es difícil de igualar como espectáculo.

Para Allen fueron los Knicks de los '70, para mí la luz llegó con los partidos del Estudiantes en el Magata, y aquella final en el Fórum de Los Angeles. En 1984.

PD: Hoy en el diario El País, Epi e Iturriaga mantienen un muy interesante diálogo sobre aquella plata olímpica, en un artículo que firma Robert Álvarez. Lo podéis ver aquí.

viernes, 26 de junio de 2009

Michael Jackson on JAM

Recuerdo que en casa teníamos el vinilo de Thriller (1982), lo compró mi hermana Piri. Entonces había una disputa muy fuerte entorno a la música y los estilos que escuchábamos. Somos cuatro hermanos y dos hermanas, y la diversidad de gustos hacía que cada uno intentara imponer su volumen. Yo al ser el pequeño era el más influenciable, e intentaba absorber todo lo que se escuchaba. Pero mis aliados naturales eran mi hermano Ángel y mi hermano Juan, así que me uní al bloque anti Michael Jackson, convertido con ese LP y el vídeo de Thriller en una figura mundial.



Luego, algo más tarde, en mi clase del Ramiro de Maeztu había una chica del Club Oficial de Fans de Michael Jackson en España. Hacía poco que habían entrado las chicas en el Instituto, y nuestra sensibilidad con ellas era más bien escasa. La pobre chica tenía que soportar nuestras constantes mofas. Jackson representaba muchas de las cosas que entonces odiábamos, estábamos en una primera etapa punk y eramos algo insoportables. Recuerdo que nuestras críticas casi la hacían llorar, era una fan auténtica. Amaba a Michael.

Luego con el paso del tiempo y los años, fui incorporando músicas a mis gustos, y también empecé a distinguir la calidad del bodrio, la música efímera de la música que permanece, que se ejecuta con sentido, que es música y no sólo entretenimiento o distracción, aunque todo puede valer. Volvieron a llegar muchos de los estilos diferentes que escuchaba en mi casa de pequeño: Desde la música clásica, la nueva troba cubana, los cantautores, el heavy rock, el punk, los ritmos africanos, e incluso el pop de mis hermanas, e incorporé otros nuevos. El blues, el jazz, el folk, el hip hop, la música electrónica, o el country.

Michael Jackson fue un prodigio de la música. El Rey del Pop fue víctima de sus propios excesos y manías, pero dejó algunos de los mejores temas del pop de todos los tiempos.

Yo lo conocí gracias a mis hermanas y se lo agradezco.

PD: Este vídeo es una gozada. Jackson enseñando a bailar a Jordan, y este enseñándole a jugar al basket. No tiene desperdicio, cada plano una obra de arte.