“Beto empezó en el baloncesto porque en la época nos hacían una prueba en muchos clubes de la ciudad, se buscaba un semillero, y si tenías interés te captaban. Estudiantes tenía pileta (piscina) y nos empezamos a acercar más allí. Él empezó pronto a agarrarse al básquet, era una persona muy introvertida, y se tomaba todo muy en serio, con mucha responsabilidad”,
Edgardo S., amigo de infancia en la Escuela 34 de Beto Cabrera, en Bahía Blanca (Argentina)
Escribir de baloncesto es una satisfacción cuando tienes la suerte de encontrar una buena historia. Gracias a Edgardo S. hace tiempo escribí para Diagonal un artículo sobre Mandrake Cabrera (1945-2000), un jugador mítico en la historia del básquetbol argentino.
En ese artículo, que también colgué en el blog, hablaba Edgardo S. de su trayectoria personal y del país, en paralelo a la del mejor jugador de su generación. Otros bahienses, como Pancho Jasen, Pedro Bonofiglio, y Diego Martínez participan del artículo.
“A mí una amiga me preguntó por la calle si sabía que estaba en una lista. A partir de ahí pensé en que tenía que marcharme con mi familia si quería salvar la vida”, cuenta Edgardo, militante entonces del peronismo de base que marchó al exilio. “Bahía Blanca no es una ciudad muy grande. Allí conseguir un compañero de básquet era fácil, pero conseguir un compañero de militancia era realmente difícil. Me alegra saber que el baloncesto sirvió para que algunos chicos se salvaran, para que dentro de aquella generación algunos encontraran en el deporte una vida que para otros muchos supuso exilio, ser detenidos o desaparecidos”
Ahora sale la película sobre Alberto Beto Cabrera, y en las imágenes de archivo también está Edgardo S., compañero de infancia en la Escuela 34.
PD1: Por supuesto recomiendo la relectura de aquél artículo.Aquí,de nuevo, el enlace. Un abrazo a Edgardo S., mi vecino y amigo.
PD2: El Sputnik Basket Time de ayer espero que el lunes pueda estar colgado en el blog. Otro argentino anda en el asunto. Gracias.
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viernes, 30 de abril de 2010
miércoles, 10 de junio de 2009
El básquetbol, Bahía Blanca y el Mago Mandrake
Bahía Blanca es la ciudad emblema del baloncesto argentino. Mandrake Cabrera, Lito Fruet y De Lizaso representaron una generación de jugadores míticos, abanderando el despegue del deporte de la canasta en todo el país, que coincidiría con la etapa más oscura de la historia reciente de Argentina.
Alberto Pedro Cabrera, Beto o Mandrake, nació en Bahía Blanca el 16 de diciembre de 1945, y fue la figura más destacada de la llamada década de oro del baloncesto bahiense, comprendida entre 1967 y 1979. Un jugador no excesivamente alto, pero con una fortaleza e inteligencia en la cancha sorprendentes. Cabrera, fallecido en el 2000, da nombre a una de las avenidas principales de la ciudad, que con el tiempo se ha convertido en uno de los referentes del baloncesto mundial, por la cantidad de grandes jugadores y entrenadores que han nacido allí.
Beto o Mandrake, Cabrera
“Beto empezó en el baloncesto porque en la época nos hacían una prueba en muchos clubes de la ciudad, se buscaba un semillero, y si tenías interés te captaban. Estudiantes tenía pileta (piscina) y nos empezamos a acercar más allí. Él empezó pronto a agarrarse al básquet, era una persona muy introvertida, y se tomaba todo muy en serio, con mucha responsabilidad”, relata para DIAGONAL. Edgardo S., compañero y amigo de infancia en la Escuela 34 de Beto Cabrera,
Todavía hoy Bahía Blanca sigue siendo referente de este deporte: “Hay 21 pabellones de básquet en una ciudad de 350.000 habitantes. Los chicos se vuelcan al baloncesto, les encanta, y es una ciudad que respira básquet. Hay que jugar bien porque la gente es muy crítica, y vive por el baloncesto. Nuestra tradición no es de jugadores muy grandes, pero sí de jugadores técnicamente buenos en posiciones perimetrales (exteriores), como Cabrera, Fruet, o más reciente, Manu Ginobili”. Lo cuenta Pancho Jasen, jugador actualmente de Estudiantes de Madrid, nacido en Bahía Blanca. Formado en la cantera del Club Alem y luego jugador del Estudiantes bahiense, el club de Cabrera. “Obviamente yo no lo pude ver jugar, pero todos dicen que es el mejor jugador que ha pasado, fue histórico. Ahora está Ginobili, que supera todo. Pero Mandrake marcó una época y es un héroe nacional”, añade Pancho.
Cabrera comenzó pronto a despuntar, su debut fue en 1961, con 16 años de edad, y su hegemonía en el baloncesto argentino coincidió con otras dos figuras importantes, Atilio José Lito Fruet, y José Ignacio De Lizaso, ambos del Club Olimpo. Los tres coincidieron en la selección provincial de Bahía Blanca y también defendiendo los colores de la selección argentina en numerosas ocasiones. Esta rivalidad, y la existencia de tantos equipos hacían que en la ciudad se viviera una efervescencia especial alrededor de los partidos de básquet. “Ir a animar era fenómeno. A Lito le llamábamos La Cigüeña por su físico, era un pura sangre, un volcán, y Beto era todo temple y tranquilidad. De Lizaso era muy fuerte. Por eso creo que se compenetraba tan bien ese trío. De Lizaso la fuerza, Lito el empuje y Beto la inteligencia. Eso fue lo que hizo que se creara una generación tan buena”, cuenta Edgardo S.
Fruet, Cabrera y De Lizaso en los '70
Aunque en clubes diferentes, las sedes de Estudiantes y Olimpo están separadas por una calle, el trío se convirtió en la representación del baloncesto bahiense. En palabras de Pedro Bonofiglio, narrador de baloncesto argentino, “ellos han sido los tres jugadores más grandes del básquet argentino. No había una competición nacional de clubes, así que los tres se encontraban en la selección de Bahía Blanca, donde jugaban contra las ciudades más importantes del país en el campeonato nacional, y ellos eran el dream team de entonces”
Una ciudad aislada.
El 24 de marzo de 1976 se producía el golpe de la Junta Militar. Bahía Blanca era sede de importantes guarniciones militares y de organismos de seguridad, como la Base naval de Puerto Belgrano, la más importante de la Marina argentina. La ciudad además era feudo de los sectores más conservadores, representados por el diario La Nueva Provincia, que ejercía el monopolio de la prensa escrita y contaba con emisoras de radio y televisión. Este diario fue uno de los principales apoyos con los que contó la represión en Argentina. En un editorial del 12 de agosto del '76 señalaba: “Bahía Blanca no estaba exenta, ni mucho menos, del peligro marxista. Su tranquilidad, después de todo resultaba más que tranquilidad, calma chicha. Tras su aparente virginidadad subversiva se había montado un vasto organigrama revolucionario que alcanzaba a los sindicatos y llegaba a las distintas facultades”, y añadía, “que se llame Domecq o Malek, sea montonero o trotskista, se diga pacifista o beligerante, lo sea por omisión, arribismo, cobardía o estupidez, todo aquel que haya cohonestado (sic.) la táctica subversiva es culpable... y merece ser condenado."
Fotos de algunos de los miles de detenidos-desaparecidos argentinos.
Como en otros lugares del país comenzaron a funcionar los centros clandestinos de detención, las redadas por la noche, los asaltos de viviendas por fuerzas del orden o grupos que operaban junto a los militares golpistas. Para Bonofiglio aquella etapa se vivió desde el mundo del baloncesto bahiense “como lo vivió toda Argentina. No se sabía qué estaba pasando. Fue como en el Mundial del '78, la gente iba a disfrutar del deporte, y a la salida se refugiaba en sus casas. En Buenos Aires la gente podía romper el silencio, quizá con la escucha de Radio Uruguay, pero Bahía Blanca estaba alejado de todo, era una ciudad aislada. Para muchos el baloncesto pudo ser una salida mental de la situación que se vivía”.
Edgardo S. nos cuenta: “Cuando el golpe del '76 yo ya me había desvinculado de ese ambiente, del básquetbol, de los chicos. Beto y yo habíamos madurado por caminos distintos, y a finales de los '60 algunos de nosotros ya estábamos comprometidos políticamente. Ya sabíamos por dónde iban los tiros de lo que podía pasar. El golpe nos pilló a cada uno de nosotros muy alejados”.
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), creada por el Gobierno argentino en 1983 con el objetivo de aclarar e investigar la desaparición forzada de personas producidas durante la dictadura militar en Argentina, en su informe sobre Bahía Blanca señalaba que la acción de los medios de comunicación generó una atmósfera de temor, confusión e indiferencia en buena parte de la población bahiense.
“A mí una amiga me preguntó por la calle si sabía que estaba en una lista. A partir de ahí pensé en que tenía que marcharme con mi familia si quería salvar la vida”, cuenta Edgardo, militante entonces del peronismo de base que marchó al exilio. “Bahía Blanca no es una ciudad muy grande. Allí conseguir un compañero de básquet era fácil, pero conseguir un compañero de militancia era realmente difícil. Me alegra saber que el baloncesto sirvió para que algunos chicos se salvaran, para que dentro de aquella generación algunos encontraran en el deporte una vida que para otros muchos supuso exilio, ser detenidos o desaparecidos”, finaliza.

El Mago Mandrake.
Bahía Blanca es una ciudad portuaria situada al sur de la Provincia de Buenos Aires, con una cantidad importante de clubes dedicados al baloncesto. Estudiantes, Olimpo, e Independiente son, por trayectoria, los tres más importantes. Pero también están Club Alem, Villa Mitre, Pacífico, La Falda, Bahiense Junior o Club Atlético Barracas Central entre otros. Cada uno de ellos con características propias. “Yo de chico era de Pacífico. El equipo que me volvía loco. Estudiantes es como un club más grande, es el equipo ejemplo de la ciudad, y Pacífico más de barrio, mucho más humilde”, cuenta Pancho Jasen, y añade: “Acá todos tenemos un familiar que jugó al básquet, mi tío lo hizo frente a Mandrake, Fruet y De Lizaso. Y es increíble la cantidad de jugadores que hemos salido de Bahía: Ginobili, Espil, Ariel Montecchia, Montenegro o Pepe Sánchez, y entrenadores como el Huevo Sánchez o Sergio Hernández”.
El apodo de Mandrake “fue cosa de los periodistas porteños”, cuentan algunos bahienses, y hacía referencia a Mandrake el Mago, popular personaje de cómic creado por Lee Falk en los años '30. Un ilusionista con una capacidad hipnótica rápida y efectiva, algo que encajaba a la perfección con el virtuosismo del juego que desarrollaba Cabrera, y que todavía se recuerda.
PD: Este artículo sale publicado en el nº104 del periódico Diagonal, a partir de mañana en los puntos de venta habituales. Además de los citados en el texto, tengo que agradecer la ayuda prestada por Raúl Barrera de la Fundación Pedro Ferrándiz, por el acceso a materiales sobre la historia del baloncesto bahiense, y a Diego Martínez, periodista bahiense, conocedor del baloncesto argentino, y participante en el blog Bahía Gris, sobre la memoria del terrorismo de Estado en Bahía Blanca.
Alberto Pedro Cabrera, Beto o Mandrake, nació en Bahía Blanca el 16 de diciembre de 1945, y fue la figura más destacada de la llamada década de oro del baloncesto bahiense, comprendida entre 1967 y 1979. Un jugador no excesivamente alto, pero con una fortaleza e inteligencia en la cancha sorprendentes. Cabrera, fallecido en el 2000, da nombre a una de las avenidas principales de la ciudad, que con el tiempo se ha convertido en uno de los referentes del baloncesto mundial, por la cantidad de grandes jugadores y entrenadores que han nacido allí.
Beto o Mandrake, Cabrera“Beto empezó en el baloncesto porque en la época nos hacían una prueba en muchos clubes de la ciudad, se buscaba un semillero, y si tenías interés te captaban. Estudiantes tenía pileta (piscina) y nos empezamos a acercar más allí. Él empezó pronto a agarrarse al básquet, era una persona muy introvertida, y se tomaba todo muy en serio, con mucha responsabilidad”, relata para DIAGONAL. Edgardo S., compañero y amigo de infancia en la Escuela 34 de Beto Cabrera,
Todavía hoy Bahía Blanca sigue siendo referente de este deporte: “Hay 21 pabellones de básquet en una ciudad de 350.000 habitantes. Los chicos se vuelcan al baloncesto, les encanta, y es una ciudad que respira básquet. Hay que jugar bien porque la gente es muy crítica, y vive por el baloncesto. Nuestra tradición no es de jugadores muy grandes, pero sí de jugadores técnicamente buenos en posiciones perimetrales (exteriores), como Cabrera, Fruet, o más reciente, Manu Ginobili”. Lo cuenta Pancho Jasen, jugador actualmente de Estudiantes de Madrid, nacido en Bahía Blanca. Formado en la cantera del Club Alem y luego jugador del Estudiantes bahiense, el club de Cabrera. “Obviamente yo no lo pude ver jugar, pero todos dicen que es el mejor jugador que ha pasado, fue histórico. Ahora está Ginobili, que supera todo. Pero Mandrake marcó una época y es un héroe nacional”, añade Pancho.
Cabrera comenzó pronto a despuntar, su debut fue en 1961, con 16 años de edad, y su hegemonía en el baloncesto argentino coincidió con otras dos figuras importantes, Atilio José Lito Fruet, y José Ignacio De Lizaso, ambos del Club Olimpo. Los tres coincidieron en la selección provincial de Bahía Blanca y también defendiendo los colores de la selección argentina en numerosas ocasiones. Esta rivalidad, y la existencia de tantos equipos hacían que en la ciudad se viviera una efervescencia especial alrededor de los partidos de básquet. “Ir a animar era fenómeno. A Lito le llamábamos La Cigüeña por su físico, era un pura sangre, un volcán, y Beto era todo temple y tranquilidad. De Lizaso era muy fuerte. Por eso creo que se compenetraba tan bien ese trío. De Lizaso la fuerza, Lito el empuje y Beto la inteligencia. Eso fue lo que hizo que se creara una generación tan buena”, cuenta Edgardo S.
Fruet, Cabrera y De Lizaso en los '70Aunque en clubes diferentes, las sedes de Estudiantes y Olimpo están separadas por una calle, el trío se convirtió en la representación del baloncesto bahiense. En palabras de Pedro Bonofiglio, narrador de baloncesto argentino, “ellos han sido los tres jugadores más grandes del básquet argentino. No había una competición nacional de clubes, así que los tres se encontraban en la selección de Bahía Blanca, donde jugaban contra las ciudades más importantes del país en el campeonato nacional, y ellos eran el dream team de entonces”
Una ciudad aislada.
El 24 de marzo de 1976 se producía el golpe de la Junta Militar. Bahía Blanca era sede de importantes guarniciones militares y de organismos de seguridad, como la Base naval de Puerto Belgrano, la más importante de la Marina argentina. La ciudad además era feudo de los sectores más conservadores, representados por el diario La Nueva Provincia, que ejercía el monopolio de la prensa escrita y contaba con emisoras de radio y televisión. Este diario fue uno de los principales apoyos con los que contó la represión en Argentina. En un editorial del 12 de agosto del '76 señalaba: “Bahía Blanca no estaba exenta, ni mucho menos, del peligro marxista. Su tranquilidad, después de todo resultaba más que tranquilidad, calma chicha. Tras su aparente virginidadad subversiva se había montado un vasto organigrama revolucionario que alcanzaba a los sindicatos y llegaba a las distintas facultades”, y añadía, “que se llame Domecq o Malek, sea montonero o trotskista, se diga pacifista o beligerante, lo sea por omisión, arribismo, cobardía o estupidez, todo aquel que haya cohonestado (sic.) la táctica subversiva es culpable... y merece ser condenado."
Fotos de algunos de los miles de detenidos-desaparecidos argentinos.Como en otros lugares del país comenzaron a funcionar los centros clandestinos de detención, las redadas por la noche, los asaltos de viviendas por fuerzas del orden o grupos que operaban junto a los militares golpistas. Para Bonofiglio aquella etapa se vivió desde el mundo del baloncesto bahiense “como lo vivió toda Argentina. No se sabía qué estaba pasando. Fue como en el Mundial del '78, la gente iba a disfrutar del deporte, y a la salida se refugiaba en sus casas. En Buenos Aires la gente podía romper el silencio, quizá con la escucha de Radio Uruguay, pero Bahía Blanca estaba alejado de todo, era una ciudad aislada. Para muchos el baloncesto pudo ser una salida mental de la situación que se vivía”.
Edgardo S. nos cuenta: “Cuando el golpe del '76 yo ya me había desvinculado de ese ambiente, del básquetbol, de los chicos. Beto y yo habíamos madurado por caminos distintos, y a finales de los '60 algunos de nosotros ya estábamos comprometidos políticamente. Ya sabíamos por dónde iban los tiros de lo que podía pasar. El golpe nos pilló a cada uno de nosotros muy alejados”.
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), creada por el Gobierno argentino en 1983 con el objetivo de aclarar e investigar la desaparición forzada de personas producidas durante la dictadura militar en Argentina, en su informe sobre Bahía Blanca señalaba que la acción de los medios de comunicación generó una atmósfera de temor, confusión e indiferencia en buena parte de la población bahiense.
“A mí una amiga me preguntó por la calle si sabía que estaba en una lista. A partir de ahí pensé en que tenía que marcharme con mi familia si quería salvar la vida”, cuenta Edgardo, militante entonces del peronismo de base que marchó al exilio. “Bahía Blanca no es una ciudad muy grande. Allí conseguir un compañero de básquet era fácil, pero conseguir un compañero de militancia era realmente difícil. Me alegra saber que el baloncesto sirvió para que algunos chicos se salvaran, para que dentro de aquella generación algunos encontraran en el deporte una vida que para otros muchos supuso exilio, ser detenidos o desaparecidos”, finaliza.

El Mago Mandrake.
Bahía Blanca es una ciudad portuaria situada al sur de la Provincia de Buenos Aires, con una cantidad importante de clubes dedicados al baloncesto. Estudiantes, Olimpo, e Independiente son, por trayectoria, los tres más importantes. Pero también están Club Alem, Villa Mitre, Pacífico, La Falda, Bahiense Junior o Club Atlético Barracas Central entre otros. Cada uno de ellos con características propias. “Yo de chico era de Pacífico. El equipo que me volvía loco. Estudiantes es como un club más grande, es el equipo ejemplo de la ciudad, y Pacífico más de barrio, mucho más humilde”, cuenta Pancho Jasen, y añade: “Acá todos tenemos un familiar que jugó al básquet, mi tío lo hizo frente a Mandrake, Fruet y De Lizaso. Y es increíble la cantidad de jugadores que hemos salido de Bahía: Ginobili, Espil, Ariel Montecchia, Montenegro o Pepe Sánchez, y entrenadores como el Huevo Sánchez o Sergio Hernández”.
El apodo de Mandrake “fue cosa de los periodistas porteños”, cuentan algunos bahienses, y hacía referencia a Mandrake el Mago, popular personaje de cómic creado por Lee Falk en los años '30. Un ilusionista con una capacidad hipnótica rápida y efectiva, algo que encajaba a la perfección con el virtuosismo del juego que desarrollaba Cabrera, y que todavía se recuerda.
PD: Este artículo sale publicado en el nº104 del periódico Diagonal, a partir de mañana en los puntos de venta habituales. Además de los citados en el texto, tengo que agradecer la ayuda prestada por Raúl Barrera de la Fundación Pedro Ferrándiz, por el acceso a materiales sobre la historia del baloncesto bahiense, y a Diego Martínez, periodista bahiense, conocedor del baloncesto argentino, y participante en el blog Bahía Gris, sobre la memoria del terrorismo de Estado en Bahía Blanca.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Entrevista a Pancho Jasen
Pancho Jasen lleva ya ocho temporadas en Estudiantes, es el actual capitán y referente del equipo. La entrevista la realizamos pocos días antes del último partido de la jornada regular de la ACB, contra el Baskonia, una vez que el equipo ya se ha salvado del riesgo de descender de categoría.

La entrevista se enmarca en un trabajo más amplio que estoy realizando sobre el baloncesto en Bahía Blanca, en especial sobre la mítica generación de los '70, con Mandrake Cabrera, Ignacio De Lizcaso y Lito Fruet, para el número 104 del periódico Diagonal. Un trabajo del que ya hablaremos, y del que aquí pongo algunos notas de la conversación.
Estudiantes
Sputnik Basket Blog: En pretemporada las expectativas eran mucho mayores que lo que luego se demostró. ¿Qué valoración haces de este año?
Pancho Jasen: El gusto es agridulce, porque creo que podríamos haber hecho mucho más. aAhora estamos contentos porque con la victoria al Real Madrid hemos conseguido una tranquilidad que buscábamos desde hace tiempo. Este año hemos perdido partidos con resultados muy cerrados, que nos han hecho no llegar a meternos en play off. Además tuvimos problemas al principio de temporada que nos hicieron mucho daño, como fue el tema de la falta de implicación de Cummings, y la lesión de Rancik... Esto nos hizo no estar a tono desde el principio. La plantilla daba para mucho más, y se vio en algunos partidos.
S.B.B.: ¿Cómo valoras el papel de Luis Casimiro?
P.J.: Muy bien. Yo me siento muy muy a gusto con él. Creo que es una persona muy inteligente para llevar al grupo. En momentos difíciles siempre mantuvo la calma, lo cuál es muy importante. Lo ha hecho bien, pero creo que los jugadores podíamos haber estado mejor para conseguir los resultados esperados. Ahí estuvo el fallo, no en el entrenador.
S.B.B.: Eres el capitán de Estudiantes, qué responsabilidad asumes en el grupo y qué significa.
P.J.: Se me hace más difícil ahora mi papel en el equipo, que en los años que estuvimos peleando por el campeonato o jugando los play off. Pero hay que estar en la buenas y en las malas. Siempre hay que dar pelea, y en ese sentido estoy contento de todo lo vivido. Además yo estoy muy orgulloso de ser el capitán de una institución tan prestigiosa como Estudiantes, con tanta historia.
S.B.B.: Después de Donosti, en el que hicimos un partido lamentable frente a un rival directo, y que no jugaste por lesión, ¿qué hablasteis los jugadores en el centro de la pista?.
P.J.: Lo básico que se dijo fue que ellos estaban celebrando en nuestra cara la salvación, y que nosotros no habíamos hecho nada en ese partido. Que eso no podía ser, que nos tocaba a nosotros dar la cara y pelear. Se vio luego contra el Madrid. La imagen en Donosti fue muy mala. Dimos un cambio enorme y supimos demostrar nuestra voluntad de ganarnos el respeto.
S.B.B.: ¿Por qué ese cambio de un partido a otro?
P.J.: Fue uno de nuestros problemas todo el año. La conclusión es que si no hubiéramos tenido esas lagunas, el equipo podría haber estado un poco más arriba. Es algo que no sé explicar.

S.B.B.: ¿Crees que Estudiantes tiene algo de especial respecto a otros clubes?
P.J.: Lo especial es ver chavales por todos lados jugando al baloncesto. Es un club que trabaja mucho la cantera, y que además tiene el espejo del primer equipo en la ACB. En ese sentido no hay que defraudar a los chicos, yo lo entiendo como una responsabilidad muy grande.
S.B.B.: Perspectivas de futuro, personales y en el club...
P.J.: No pienso mucho en eso. Ahora estamos tranquilos, porque ya estamos salvados, pero hasta hace poco no había tiempo para pensar en más futuro que el propio equipo, salvarnos y mantener al club en la ACB. Aunque sé que termina mi contrato, yo estoy muy contento aquí, pero el tiempo dirá qué sucede con mi carrera...
S.B.B.: ¿Cuál crees que es el espacio que debe ocupar Estudiantes en la ACB?
P.J.: Lo que tiene que intentar Estudiantes es volver a ganarse ese respeto que tenía hasta hace poco. Que se consigue con continuidad, con tener una base estable de jugadores, sin tantos cambios de un año a otro, como en los últimos tiempos. Se necesita además a la gente, tenemos una afición maravillosa, que se tiene que sentir identificada con un grupo de jugadores que no cambie continuamente. Hay que hablar de esa filosofía por encima de aspiraciones concretas en la tabla. Es una cuestión de imagen, si no es difícil.
S.B.B.: En ese sentido al final del año la grada se ha identificado mucho contigo, con Carlos Suárez, con Popovic...
P.J.: Si, seguro. Pero también tienes a Iker que lleva muchos años ligado al Club, o a Corey que nos vino muy bien. Se necesita ese espíritu, pero no un partido sólo, sino siempre, para que la gente se sienta como contra el Madrid, que la gente se fue contentísima con su equipo...
[Popovic interrumpe por detrás y grita a la grabadora:¡¡Po-po-vic el mejor!!]
Argentina
S.B.B. Naciste en Bahía Blanca, la ciudad del baloncesto argentino. ¿Qué tradición tiene?
P.J.: Hay 21 pabellones de basket en una ciudad de tan sólo 350.000 habitantes. Los chicos se vuelcan al baloncesto, les encanta, y es una ciudad que respira basket. Muy peligroso jugar allí, no engañas a nadie. Hay que jugar bien porque la gente es muy crítica, y vive por el baloncesto. Nuestra tradición no es de jugadores muy grandes, pero sí jugadores técnicamente buenos en posiciones perimetrales, como Cabrera, Fruet, Espil... ¡Manu Ginobili!
S.B.B.: ¿Te gustaría volver a jugar allí?
P.J.: Me gustaría volver a jugar en Argentina, pero no lo pienso todavía. Sobretodo por estar cerca de mi familia, pero eso se piensa más con el corazón que con la cabeza.

S.B.B.: ¿Quizá volver a Estudiantes de Bahía Blanca?
P.J.: Estudiantes hoy por hoy es el equipo que más representa en la liga nacional a Bahía Blanca, fui muy feliz allí. Pero yo de chico era de Pacifico. El equipo que me volvía loco. La historia de Pacifico es peculiar. Estudiantes es como un club más grande, es el equipo ejemplo, y Pacifico más de barrio, mucho más humilde. Yo allí jugué en todas las posiciones, porque no había otra. Marcelo Richotti, mítico base del club, era nuestro ídolo, entre un montón de chicos que jugábamos en categorías de cantera formativas. Eso también vale mucho.
Punto final
S.B.B.: ¿Qué crees que aporta el baloncesto en la formación de personas?
P.J.: Yo creo que tiene mucho valor en lo humano, no sólo en lo deportivo. Creo que el baloncesto genera un sentimiento muy bueno. De trabajo en grupo, de compañerismo, de juego en común, de asumir responsabilidades...
Un montón de cosas, algo que el día de mañana lo vas a necesitar aunque no juegues al basket, y eso creo que es lo más importante de este deporte.

La entrevista se enmarca en un trabajo más amplio que estoy realizando sobre el baloncesto en Bahía Blanca, en especial sobre la mítica generación de los '70, con Mandrake Cabrera, Ignacio De Lizcaso y Lito Fruet, para el número 104 del periódico Diagonal. Un trabajo del que ya hablaremos, y del que aquí pongo algunos notas de la conversación.
Estudiantes
Sputnik Basket Blog: En pretemporada las expectativas eran mucho mayores que lo que luego se demostró. ¿Qué valoración haces de este año?
Pancho Jasen: El gusto es agridulce, porque creo que podríamos haber hecho mucho más. aAhora estamos contentos porque con la victoria al Real Madrid hemos conseguido una tranquilidad que buscábamos desde hace tiempo. Este año hemos perdido partidos con resultados muy cerrados, que nos han hecho no llegar a meternos en play off. Además tuvimos problemas al principio de temporada que nos hicieron mucho daño, como fue el tema de la falta de implicación de Cummings, y la lesión de Rancik... Esto nos hizo no estar a tono desde el principio. La plantilla daba para mucho más, y se vio en algunos partidos.
S.B.B.: ¿Cómo valoras el papel de Luis Casimiro?
P.J.: Muy bien. Yo me siento muy muy a gusto con él. Creo que es una persona muy inteligente para llevar al grupo. En momentos difíciles siempre mantuvo la calma, lo cuál es muy importante. Lo ha hecho bien, pero creo que los jugadores podíamos haber estado mejor para conseguir los resultados esperados. Ahí estuvo el fallo, no en el entrenador.
S.B.B.: Eres el capitán de Estudiantes, qué responsabilidad asumes en el grupo y qué significa.
P.J.: Se me hace más difícil ahora mi papel en el equipo, que en los años que estuvimos peleando por el campeonato o jugando los play off. Pero hay que estar en la buenas y en las malas. Siempre hay que dar pelea, y en ese sentido estoy contento de todo lo vivido. Además yo estoy muy orgulloso de ser el capitán de una institución tan prestigiosa como Estudiantes, con tanta historia.
S.B.B.: Después de Donosti, en el que hicimos un partido lamentable frente a un rival directo, y que no jugaste por lesión, ¿qué hablasteis los jugadores en el centro de la pista?.
P.J.: Lo básico que se dijo fue que ellos estaban celebrando en nuestra cara la salvación, y que nosotros no habíamos hecho nada en ese partido. Que eso no podía ser, que nos tocaba a nosotros dar la cara y pelear. Se vio luego contra el Madrid. La imagen en Donosti fue muy mala. Dimos un cambio enorme y supimos demostrar nuestra voluntad de ganarnos el respeto.
S.B.B.: ¿Por qué ese cambio de un partido a otro?
P.J.: Fue uno de nuestros problemas todo el año. La conclusión es que si no hubiéramos tenido esas lagunas, el equipo podría haber estado un poco más arriba. Es algo que no sé explicar.

S.B.B.: ¿Crees que Estudiantes tiene algo de especial respecto a otros clubes?
P.J.: Lo especial es ver chavales por todos lados jugando al baloncesto. Es un club que trabaja mucho la cantera, y que además tiene el espejo del primer equipo en la ACB. En ese sentido no hay que defraudar a los chicos, yo lo entiendo como una responsabilidad muy grande.
S.B.B.: Perspectivas de futuro, personales y en el club...
P.J.: No pienso mucho en eso. Ahora estamos tranquilos, porque ya estamos salvados, pero hasta hace poco no había tiempo para pensar en más futuro que el propio equipo, salvarnos y mantener al club en la ACB. Aunque sé que termina mi contrato, yo estoy muy contento aquí, pero el tiempo dirá qué sucede con mi carrera...
S.B.B.: ¿Cuál crees que es el espacio que debe ocupar Estudiantes en la ACB?
P.J.: Lo que tiene que intentar Estudiantes es volver a ganarse ese respeto que tenía hasta hace poco. Que se consigue con continuidad, con tener una base estable de jugadores, sin tantos cambios de un año a otro, como en los últimos tiempos. Se necesita además a la gente, tenemos una afición maravillosa, que se tiene que sentir identificada con un grupo de jugadores que no cambie continuamente. Hay que hablar de esa filosofía por encima de aspiraciones concretas en la tabla. Es una cuestión de imagen, si no es difícil.
S.B.B.: En ese sentido al final del año la grada se ha identificado mucho contigo, con Carlos Suárez, con Popovic...
P.J.: Si, seguro. Pero también tienes a Iker que lleva muchos años ligado al Club, o a Corey que nos vino muy bien. Se necesita ese espíritu, pero no un partido sólo, sino siempre, para que la gente se sienta como contra el Madrid, que la gente se fue contentísima con su equipo...
[Popovic interrumpe por detrás y grita a la grabadora:¡¡Po-po-vic el mejor!!]
Argentina
S.B.B. Naciste en Bahía Blanca, la ciudad del baloncesto argentino. ¿Qué tradición tiene?
P.J.: Hay 21 pabellones de basket en una ciudad de tan sólo 350.000 habitantes. Los chicos se vuelcan al baloncesto, les encanta, y es una ciudad que respira basket. Muy peligroso jugar allí, no engañas a nadie. Hay que jugar bien porque la gente es muy crítica, y vive por el baloncesto. Nuestra tradición no es de jugadores muy grandes, pero sí jugadores técnicamente buenos en posiciones perimetrales, como Cabrera, Fruet, Espil... ¡Manu Ginobili!
S.B.B.: ¿Te gustaría volver a jugar allí?
P.J.: Me gustaría volver a jugar en Argentina, pero no lo pienso todavía. Sobretodo por estar cerca de mi familia, pero eso se piensa más con el corazón que con la cabeza.

S.B.B.: ¿Quizá volver a Estudiantes de Bahía Blanca?
P.J.: Estudiantes hoy por hoy es el equipo que más representa en la liga nacional a Bahía Blanca, fui muy feliz allí. Pero yo de chico era de Pacifico. El equipo que me volvía loco. La historia de Pacifico es peculiar. Estudiantes es como un club más grande, es el equipo ejemplo, y Pacifico más de barrio, mucho más humilde. Yo allí jugué en todas las posiciones, porque no había otra. Marcelo Richotti, mítico base del club, era nuestro ídolo, entre un montón de chicos que jugábamos en categorías de cantera formativas. Eso también vale mucho.
Punto final
S.B.B.: ¿Qué crees que aporta el baloncesto en la formación de personas?
P.J.: Yo creo que tiene mucho valor en lo humano, no sólo en lo deportivo. Creo que el baloncesto genera un sentimiento muy bueno. De trabajo en grupo, de compañerismo, de juego en común, de asumir responsabilidades...
Un montón de cosas, algo que el día de mañana lo vas a necesitar aunque no juegues al basket, y eso creo que es lo más importante de este deporte.
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