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viernes, 3 de julio de 2009

Semana Negra y Criminal

Se acerca el verano y se multiplican los planes. Yo dejaré de escribir en el blog durante un tiempo, marcho fuera de Madrid a trabajar y no tendré casi acceso al ordenador. Eso sí intentaré pasarme por La Semana Negra de Gijón, un evento que empezó como un proyecto minoritario, y que hoy pasa a ser uno de los festivales literarios de referencia. Parada obligatoria para los amantes del género criminal y policíaco. A pocos días de su inicio, entrevisto a Paco Ignacio Taibo II (PIT II), novelista asturmexicano y auténtico cerebro de la Semana. Publico aquí una parte de la conversación. El resto, más extenso, con reflexiones sobre la situación latinoamericana, la literatura y la política se publicará en el número 108 de DIAGONAL, que saldrá a la calle el próximo 3 de septiembre.


SBB: ¿Cuáles son las características de la Semana de este año? Parece que recupera su esencia más canalla...
PITII: La novela negra te permite, y lo hemos usado desde la primera edición, fusionar temas que vinculan lo criminal con lo social. Ocurre que este año nos vamos a fijar más en el crimen de guante blanco, en explorar ese mundo. Pero la Semana es poliédrica, no tiene tema único, y hacer girar a 140 escritores y 200 mesas redondas entorno a varios temas. Los ejes de este año son en primer lugar ese que detectabas, en segundo una discusión de la historia desde el punto de vista de los historiadores y de los narradores, en la que estamos incorporando por primera vez historiadores, y como tercer gran tema la generación que ha surgido de escritores de ciencia ficción en España.

SBB: El año pasado, en los debates de la Semana, Vida y Destino de Vasili Grossman acaparó buena parte de las discusiones, y algún escritor lo incluyó como un formato de novela negra histórica...
PITII: De Grossman curiosamente en la Semana Negra ya hablamos hace ocho años. En el momento que salió Vida y Destino ya conocíamos su novela previa que es El pueblo inmortal (1943), de la que sólo hay una edición cubana de los años '60, y que es la que le dió el premio Stalin, que le protegería durante un tiempo de los desmanes del stalinismo. Pero de Grossman lo que más nos interesaba era como aproximación a la novela histórica, y también como aproximación a lo que llamamos el periodismo narrativo, otro subgénero que nos atrae particularmente...

SBB: Este año no pasará desapercibido el fenómeno Millenium y la obra de Stieg Larsson.
PITII: La Semana Negra tocó el despertar de la novela nórdica en ediciones previas, cuando redescubrimos en España a Per Wahlöö, que me parece el maestro, junto con Maj Sjöwall.
El bestseller es un fenómeno muy efímero, pero lo cierto es que todavía no he podido leer las novelas de Larsson, y no puedo opinar. Me llegó su novela hace cuatro meses, justo en el momento en que yo empezaba a preparar a fondo la Semana, y está esperando en mi librería que termine todo esto.


SBB: Antes hablabas de “gusto por el periodismo narrativo”, y hay grandes ejemplos como Kapuściński, Mailer, o Capote. Crees que todavía existe esa raza de periodismo, en el que el periodista se movía en la límite de lo legal e ilegal, y que has tratado en varias de tus novelas.
PITII: Cada vez que dices que no, aparece uno. Prefiero decir que no abundan, y te lo digo desde la perspectiva del lector, cuando los encuentro soy un hombre feliz. Este es uno de los temas con los que la Semana Negra tiene una deuda. Yo creo que todavía tenemos deudas temáticas potentes. Una de ellas es esta, y la segunda es una revisión de dos literaturas de género que no hemos sido capaces de encontrar la columna vertebral para revisarlas y traerlas a Gijón, que es la novela bélica y el western.

SBB: ¿Cuál es el límite de la Semana Negra?.
PITII: Yo digo que un buen festival no tiene límites, y si los tiene es que es un mal festival. Si hemos decidido que la Semana es el gran festival de literatura de género que hay en estos momentos en el planeta, pues entonces hay que jugar fuerte, y no pedir menos que eso.


SBB: Una última curiosidad. En varias de tus novelas, como Cuatro manos o La bicicleta de Leonardo, hay varias referencias o historias alrededor del baloncesto...
PITII: Surgió así. Pero mi verdadera obsesión no es el baloncesto, sino el ciclismo. Algún día lograré escribir un libro en el que mezcle las crónicas de mi padre sobre la época de oro del ciclismo español -Bahamontes, Jesús Loroño Arteaga, o Miguel Poblet- con la historia de un jóven periodista, que era mi padre, que se dedicó al ciclismo porque era el único oxigeno que tenía en la España franquista. Y era la única manera de ver mundo, de poder comprar libros de izquierda en Toulouse, de viajar a París...

PD: Gracias a Rodri por el contacto, y a Marisa por la gestión de la entrevista.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La Bicicleta de Leonardo

Soy lector de novela negra. Un género que descubrí primero por Boris Vian, Escupiré sobre vuestra tumba o Con las mujeres no hay manera, y de la que me enganché rápidamente gracias a autores como Vázquez Montalbán, Los Mares del Sur o Asesinato en el Comité Central, Eduardo Mendoza, con el mítico detective Celedonio de El laberinto de las aceitunas, Petros Markáris y el corrosivo comisario Jaritos, el neoyorquino Paul Auster, o la espectacular Yasmina Khadra, pseudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul. Creo que Las sirenas de Bagdad y El atentando debian ser de lectura obligatoria en las escuelas.


Paco Ignacio Taibo II, otro de mis autores de cabecera, definió muy bien el género: "Una novela negra es aquella que tiene en su corazón un hecho criminal y que genera una investigación. Lo que ocurre es que una buena novela negra investiga algo más que quién mató o quién cometió el delito, investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad" (Entrevista con Ana Salado en Abc Cultural.1.Julio.2000 ).


De Paco Ignacio Taibo II ya publiqué un extracto de su novela Cuatro Manos en el blog, donde cuenta un partido entre los Lakers y los Celtic's de los '80. Una conexión perfecta entre la literatura y el baloncesto.

En La Bicicleta de Leonardo, editorial Txalparta, un periodista e investigador mexicano, José Daniel Fierro, intenta esclarecer el secuestro y la posterior extracción de un riñón de una jugadora de baloncesto femenino yankee, de la que se enamora al verla por televisión. Mientras, otras historias se cruzan en el libro: las revueltas anarquistas y los enfrentamientos contra los pistoleros de la patronal en la Barcelona de principios del siglo XX, o el invento de Leonardo da Vinci de la bicicleta, cuatrocientos años antes de tiempo.

Os dejo con un aperitivo de un libro absolutamente recomendable:

Solamente cuando prendió la televisión para ver un partido de baloncesto femenino de la liga colegial norteamericana, encontró José Daniel Fierro la paz que tenía perdida, y sintió que había hallado una manera digna de celebrar un cumpleaños fatídico que lo acercaba a la vejez.

Su afición por las basquetbolistas gringas era el resultado de una acumulación de accidentes, todos ellos con marcado acento telenovelero. [...]



Las Texas Long Horns, eran un prodigio de furor [...] Pura pasión, pasión pura. Peleaban cada pelota como si les fuera la vida, discutían con los árbitros cual si estuvieran permanentemente dominadas por un maligno cólico menstrual, festejaban los tantos con aullidos, se burlaban de las adversarias, enviaban besos a los tendidos dirigidos a sus fans adolescentes más repletos de acné, fallaban los tiros fáciles y lograban la jugada imposible.

Las adoraba.

domingo, 15 de marzo de 2009

"Historias de periodistas" (habla Greg)

Magic Johnson le escondió la pelota a Hansen y se coló hasta abajo del tablero depositándola suavemente en la canasta. Yo aplaudí rabioso.



El Gordo dice que sus gustos basketbolisticos son más marginales que los míos. Yo soy fan de un equipo de jugadores negros, él es fan de un equipo donde hay tres blancos en un deporte en que cada vez quedan menos.

Larry Bird descontó con un triple y el Gordo me lanzó al suelo de una palmada en la espalda.



Habíamos apostado que el que perdiera tendría que dejar el alcohol durante un mes. [...] En esos momentos, Kareem Abdul-Jabbar [...] logró encestar un maravilloso gancho celestial, dejando a los Celtics mirando al aro con cara de embobados.



El basket era cosa muy seria, mucho más seria que otros trivales asuntos. Yo sostenía la máxima de que las tribus humanas se dividen en nacionalistas y ladrones, cristianos primitivos y calvinistas, furibundos mahometanos y neostalinistas, sandinistas y judios, fanáticos de Gaddafi y partidarios de los Lakers. Yo pertenecía a estos últimos.

Del libro: Cuatro Manos
Paco Ignacio Taibo II
Editorial IKUSAGER