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jueves, 23 de mayo de 2013

El avión de Daimiel

En el libro de Antoni Daimiel, El sueño de mi desvelo (Editorial Córner, 2013), se narra el principio de la película Las aventuras de Jeremías Johnson para ilustrar la llegada de los primeros jugadores europeos a la NBA en los '80. Algo así como pioneros en tierra hostil. Más o menos como debió sentirse Fernando Martín cuando aterrizó en Portland en 1986 con traje de explorador. Para los que vimos pasar el avión desde una cancha de entrenamiento al aire libre, con tableros de conglomerado, aros rocosos y equipaciones raquíticas, aquello era lo más parecido a alcanzar la gloria. Daba igual que luego apenas jugara, eso nos parecía lo de menos. Él estaba allí. Para nosotros entonces La Meca no era el Madison, sino todo.



El sueño de mi desvelo. Historias nocturnas e imborrables de la NBA narra en primera persona la experiencia de Antoni Daimiel comentando partidos de las NBA -casi ininterrumpidamente desde 1995 hasta la actualidad- sin olvidarse de mirar de vez en cuando por el retrovisor, de recordarnos algunos de los mejores flashes, de contarnos encuentros y desencuentros o de dejarnos intuir conversaciones apasionadas (no necesariamente de baloncesto) en interesantes restaurantes y garitos. Siempre atento a lo que pasaba en una cancha del planeta americano. A veces en estudio y otras en la grada de prensa del All Star Weekend o de las Finals.

Parte del viaje lo hizo acompañándose con el periodista Andrés Montes. Formando un dúo perfecto en técnica, interpretación y virtuosismo. Elementos imprescindibles para que suene bien la música. Contaba Coll que su compañero artístico Tip solía decir que “el absurdo también tiene una lógica” y que el más alto de la pareja “era imprevisible, una sorpresa continua”. Algo que creo se ajusta también a la idiosincracia descriptiva de Montes en sus narraciones, siempre cargadas de una lógica que no fallaba porque conectaba lo terrenal con el espacio sideral. Así fue como pasamos de ver y oir las proezas de Dios disfrazado de jugador de baloncesto en Utah hasta saborear el proceso para dar E.T el salto desde la tierra de Elvis hasta el glamour de Hollywood. Recordando siempre “qué pasó el verano del 99”. Las partes del libro en que habla de Andrés Montes son un homenaje (muy) elegante al artista más importante de la narración deportiva en televisión desde Matías Prats Padre. En buena parte porque aquellas retransmisiones a dos voces y cuatro manos eran canela en rama.

Pero el libro es mucho más. Es una buena forma de hacer periodismo y de relacionarse con el espectador/lector sin necesidad de prismáticos, algo desgraciadamente poco habitual. De la lectura de las entrelíneas se detecta que el asunto no es casualidad, el fondo es tan bueno como la superficie. Meter sonido ambiente a un libro de baloncesto no es tarea sencilla y el texto lo logra hasta enganchar: poniendo música; haciendo arqueología social de Estados Unidos; evocando sutilezas sin bloqueo; redactando crónica rosa y negra (o al revés) y madrugando mucho para contarnos la NBA, la mejor liga del mundo. El sistema de comunicación del avión que pilota (en sentido figurado y en el sentido macarra del término) Antoni Daimiel es perfecto de cara al público y de puertas adentro.

Hay que felicitarse por este ejercicio de memoria tan bien contado.

martes, 2 de febrero de 2010

Arenas Bullets, entre la realidad y la ficción.

El pasado 24 de diciembre, Gilbert Arenas, jugador de la NBA, apuntó con una pistola a la rodilla recién operada de su compañero de equipo Javaris Crittenton. Una situación que provocó el pánico en el vestuario de los Washington Wizards. Arenas, suspendido tras el incidente de la competición, simboliza el difícil transito entre el playground y la fama millonaria.


Los Washington Wizards eran conocidos hasta el año 1997 como Bullets. La Magia sustituyo a las Balas, como apellido de la franquicia de la capital de EEUU. Abe Pollin, el ex dueño de la franquicia que falleció el pasado noviembre a la edad de 85 años, consideró que en una ciudad con altos índices de violencia no era conveniente promover el imaginario de las armas desde el equipo de baloncesto. Washington es la octava más grande de EE.UU. con más de 5 millones de residentes, y el área metropolitana que forma junto a la cercana Baltimore tiene una población que excede los 8 millones. Entre 1963 y 1972 la franquicia estuvo instalada en Baltimore, pero, como ocurre con frecuencia en la NBA, el equipo se trasladó a un destino como mayor proyección.

The Wire es una serie de éxito con un protagonismo original, una visión realista de la vida en Baltimore. Muchos de sus personajes se basan en personajes reales y varios actores secundarios son amateurs que interpretan su propia realidad. En el número 117 de DIAGONAL se refería a The Wire como una muestra de “el fracaso del ideal de la igualdad de oportunidades en la educación; y la farsa de unos medios de comunicación más preocupados por las ventas y los beneficios que por la información”.


Gilbert Arenas (nacido el 6 de enero de 1982 en Tampa, Florida) podría ser un personaje más de la serie. Arenas siempre ha vivido con un pie en la realidad y otro en la ficción. Su madre quedó embarazada del futuro jugador siendo adolescente. Como ella tenía recurrentes problemas con la policía, Gilbert se crió en un hogar de acogida. Un par de años después su padre se hizo cargo del chico. El padre pasó de prometedor jugador de fútbol en la universidad, a ganarse la vida como actor de medio pelo. Se dejó ver en los dos primeros capítulos de Miami Vice y luego, tras trasladarse con su hijo a Los Ángeles, en pequeños papeles para Hollywood. Nada especialmente reseñable. Mientras,Gilbert Jr. empezaba a engancharse al baloncesto en los playgrounds de California.

No tuvo nunca las cosas fáciles, y pocos creían en él. El número 0 en su camiseta, se debe a que, en su época de high school, su entrenador le dijo que iba a jugar 0 minutos. No fue la última vez que se chocaría contra el muro de la desconfianza. La prestigiosa universidad de California (UCLA) no lo admitió porque “dudaba de su actitud y su rendimiento académico”, y finalmente marchó a Arizona, donde haría muy buenos números. Cuando aún le restaban dos años para terminar su ciclo universitario, decidió dar el salto a la NBA. En el draft de 2001 Arenas fue elegido en 2ª ronda por Golden State Warriors, una elección muy inferior a su rendimiento. Aún así supo reivindicarse como jugador. Su entrenador no contaba con él, pero terminó su primera temporada de titular. Ese año Gilbert acudía cada noche al pabellón de entrenamiento del equipo a ejercitarse. En 2003 ficharía por Washington convertído ya en una referencia de la NBA. Comenzó a sonreírle la suerte y figurar como una de las estrellas de la liga. En 2003, Arenas, recibió el premio al Jugador con mayor progresión de la NBA, y ha sido All-Star en tres ocasiones (de 2005 a 2007), en otras tantas fue elegido en los Mejores Quintetos de la liga.

Su suerte volvió a cambiar el pasado 24 de diciembre, Arenas y Crittenton, base suplente del equipo, se fueron calentando en el vestuario del Veriton Center, el estadio de los Washington Wizards. Unos días antes habían tenido una discusión por una partida de cartas. En el vestuario de los Wizards,Arenas decidió retomar el asunto. Ante el asombro y el pánico de sus compañeros, el bueno de Gilbert sacó de su taquilla una pistola, hizo como que la cargaba, y apuntó a su compañero de equipo. Crittenton también sacó un arma.

En la taquilla de Gilbert Arenas se encontraron cuatro armas sin munición. Arenas se tomó en un principio el asunto con ligereza, bromeó sobre su parecido con John Wayne, y pocos días después, en el partido que les enfrentaba a Filadelfia, realizó de forma irónica el gesto de disparar con las manos a sus compañeros durante el calentamiento. A David Stern, máximo dirigente de la NBA, lo ocurrido no le hizo ninguna gracia y retiró al jugador de la competición de forma indefinida. El mechandaising con su imagen desapareció de los expositores de la franquicia. Arenas se podría enfrentar a una condena de cinco años de cárcel. No tenía licencia para tener armas y en las normas de la NBA no se permite su posesión en los vestuarios. Pasados unos días Arenas reconoció publicamente un error, que podía significar el portazo definitivo a su carrera.


Mientras llega la fecha del juicio, Arenas y Crittenton han sido apartados del equipo por lo que resta de temporada. Según Stren “ambos han expresado arrepentimiento por sus acciones y la compresión de la gravedad de sus transgresiones”, además de comprometerse a “hacer trabajos comunitarios y convertir las lecciones aprendidas en un mensaje educativo para los demás”.

En EEUU mueren al año cerca de 40000 personas por armas de fuego. Gilbert Arenas cruzó la línea entre la ficción y la realidad, y fue declarado el malo de la película. Los medios de comunicación le crucificaron rápidamente, pero pocos consideraron que su actitud tenía que ver con unas circunstancias que nunca le fueron favorables, y que él interpretó el papel que siempre le habían asignado.

PD1: Mucho se ha publicado sobre el asunto Arenas. Yo me atrevo a recomendar varios artículos que he leído. Por un lado el del blog de Pirrimarzon, y el debate que suscitó en los comentarios; por otro el de David Alandete en El País del pasado 8 de enero; el de Antoni Daimiel en su blog; y, especialmente, el de David Carro en la Revista Gigantes nº1263.

PD2: Éste artículo saldrá publicado, parcialmente, en el número 119 del periódico Diagonal.

viernes, 5 de junio de 2009

Kelvis Ochoa & Descemer Bueno: Quedate

Viernes de música en medio del play off ACB y las NBA Finals, como dice Antoni Daimiel. El debate sobre una y otra competición sigue en el artículo anterior de este blog. Ya escribiré sobre la evolución de tanta tensión competitiva el lunes, con algo más de perspectiva.



Kelvis Ochoa pertenece a esa nueva generación de músicos cubanos, que de alguna manera refleja la película Habana Blues. Un tipo difícil de encasillar, lo cuál es bueno, y con un carisma en el escenario impresionante. Para mí un descubrimiento reciente, con temas muy buenos y otros más flojos, pero que gana mucho en directo.

Tengo tres referencias para seguir las finales de la NBA. Son las de los tres únicos corresponsales que han ido a EEUU para cubrir la información, periodo de crisis obliga. Por un lado Jesús Sánchez de MARCA, Robert Álvarez de El País, y Antoni Daimiel para Digital+. Al primero no le sigo mucho, pero su crónica me ha gustado bastante y me parece muy cercana; el segundo es un clásico, y referente de baloncesto en el periódico que edita el grupo PRISA; y Daimiel es un auténtico crack. Excelente conocedor de la NBA, sabe trasmitir sus conocimientos y opiniones, y engancharlos con lo terrenal, algo difícil y poco habitual. Me declaro seguidor de su blog.

Así que hoy publicamos a Ochoa en su honor, porque según decía ayer en su blog: "Casi todo lo relacionado con cubrir unas NBA Finals es bueno pero la felicidad completa no existe. El domingo toca en Madrid Kelvis Ochoa (Bar Yemayá). [...] Sólo me pierdo conciertos así cuando no queda más remedio. Me consuela un poco el saber que Kelvis va a ver esa misma noche el segundo partido de la final".

El Stamples Center está muy lejos, en todos los sentidos, en cambio el Yemayá está a un tiro de piedra de mi casa. Queda al lado de mi barrio. Y de quedarse es de lo que trata este tema. Con un sentido muy especial para Cuba y los cubanos.

Intentaré ir, hacerme fuerte en el poste bajo con un Gin Tonic, el local es pequeño, y escuchar al bueno de Kelvis.

"La felicidad completa no existe". Palabra de Daimiel.

miércoles, 22 de abril de 2009

Audiencias y baloncesto. Un debate incómodo (III).

Las audiencias de televisión del baloncesto es una cuestión que genera diferentes opiniones. En el Capitulo I de este reportaje, publicaba una introducción al debate y a cómo surgió, a raiz de una conversación con José Sámano, redactor jefe de deportes en el diario El País. En el Capitulo II Eduardo Portela, presidente de la ACB, exponía el punto de vista de la Liga, y se aludía a la primera etapa dorada del basket que comprendió entre la olimpiada de Los Ángeles '84 y mediados de los años '90. Ahora hablan otros protagonistas, con visiones dispares, en el penúltimo capítulo de este reportaje, realizado hace casi dos años y ahora actualizado para este blog.


José Luis Llorente, ex jugador del Real Madrid, perteneció a aquella primera etapa dorada. El ahora presidente de la Asociación de Jugadores de Baloncesto, es crítico con la situación actual, y cree necesario hacer retoques a la competición. “Habría que hacer una reestructuración del calendario ACB. La liga es modélica, pero la competición y el reglamento se han desviado demasiado hacia un modelo americano del deporte. Habría que mirar más al fútbol, hacer menos partidos pero más importantes. Hay demasiados intrascendentes, y son necesarios más agilidad, mayor dinamismo, un reglamento que favorezca más el juego ofensivo”. Para Llorente no se trataría de fijarse en el modelo NBA, sino en el concepto europeo de la competición. “Ahora el baloncesto ACB es más parecido al béisbol, a la NBA, o al fútbol americano, donde todo el tiempo se para el juego. Y eso desvía la atención del espectador, que prefiere que el deporte tenga mayor agilidad. En Europa las competiciones de fútbol, ciclismo o tenis no paran nunca, y eso mantiene al público más enganchado”.


La NBA es un referente, para algunos, de hacia donde ir, y para otros, de lo que no se quiere ser. Depende de a quién se pregunte. Lo que nadie duda es su potencia como negocio y espectáculo. “La actual presencia de cinco jugadores españoles ha dejado en una posición menor a la ACB, para el público no entendido, que siente bastante atracción hacia lo que ocurre en la NBA”. Son palabras de Antoni Daimiel, periodista deportivo, clásico en las retransmisiones de los partidos NBA. “No creo que eso sea un problema (la tendencia hacia la americanización, que señalaba Llorente). No hay que copiar todo como en la NBA. Pero miraría cómo han trabajado en los últimos 15 años, en la forma de captar gente, medios, publicidad... Para el público no ‘experto’, diez minutos de la NBA ofrecen un espectáculo que no ofrece diez minutos de baloncesto FIBA”, y añade “por ejemplo, en la NBA un tiempo muerto te ofrece un espectáculo muy superior a lo que hacemos aquí, falta imaginación”.

Un aspecto, que se señala habitualmente, es la posibilidad de cambiar parte del reglamento para favorecer el espectáculo. Los marcadores en el baloncesto europeo son cada vez más cortos, y las defensas muy agresivas, lo que disminuye la fluidez del juego. “Hay que cambiar reglamento por espectacularidad, como en la NBA, donde la media de puntos por partido es 99. Y esto lo ha buscado la propia Liga, que tiene una preocupación muy fuerte por captar nuevos espectadores”, señala Daimiel.


Lo cierto es que la FIBA ha decidido introducir alguna modificación en las reglas para el próximo ciclo olímpico. En opinión de Paco Torres, director de la revista especializada Gigantes del Basket, “hay pequeños cambios que introducir en el reglamento, pero estamos sujetos al reglamento FIBA, y no creo que haya que cambiar ni el tamaño de la cancha ni otras normas. Eso no va a modificar los niveles de audiencia”, y añade “las audiencias no responden a las expectativas porque no hay un Real Madrid-Barcelona todas las jornadas. Me niego a creer que la calidad de una competición esté en función de su seguimiento televisivo, si no, pensaríamos que los programas del corazón son de gran calidad. Yo creo que cuando hay un buen partido, cuando la competición está más caliente, la gente responde y se sienta a verlo”.

Aquí hay otra diferencia de criterio. Para algunos invertir en espectáculo, pensando sobre todo en el modelo americano, va en detrimento de la calidad del deporte, y eso “sería un error”. Antoni Daimiel no es de esta opinión, “no podemos hacer del baloncesto un deporte para superentendidos, como si fuera ajedrez. Se trata de que esto se consolide como el segundo deporte, y hay que simplificar el juego, crear estrellas -a mí me parece muy perjudicial que no haya en cada equipo un tipo que meta 20 puntos por partido, ese es el tío al que quieres ir a ver, aunque no juegue en tu equipo-, mejorar el entretenimiento en los pabellones, beneficiar el juego de ataque, y si esto sale bien, exigir más implicación en el fomento a las televisiones”.

Próximo capítulo: El baloncesto más allá de las audiencias.