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viernes, 5 de febrero de 2010

Pionir y La Mano de Elías

La Euroleague ya ha entrado en la fase decisiva. Esa en que cada partido significa una porción del billete de entrada para la Final Four de París. Entrar entre los cuatro finalistas no es tarea fácil. Ocurre que cuando las expectativas son muy altas, la exigencia es aún mayor, y, en esa dinámica de presión, los clubes ACB nunca han sido unos portentos. Ni con Ricky y Navarro en la cancha, ni con Ettore Messina en un banquillo.


Hay elementos del juego y su entorno en donde cuesta un mundo jugar bien a nuestros equipos. Una dinámica habitual en la historia de las competiciones internacionales. España, o sus equipos, se desinflaban en los partidos de tensión extrema. En el Mundial de Japón, en la semifinal contra Argentina, el partido caminaba por la vieja letanía. Navarro desaparecido, Calderón sin ideas, el equipo víctima de los nervios, fuera de foco... Sergio Rodríguez decidió darle personalidad al juego, no encogerse ante el mayor físico de los argentinos, y su particular trash talk, y poner la directa. Por fin la selección superó un partido a cara de perro, sin tener que lamentarnos por las esquinas de nuestro eterno complejo de víctimas. Luego llegaría la victoria en la final, y los éxitos del combinado en distintas competiciones. Puede que, como selección, ese complejo de inferioridad haya desaparecido definitivamente.

Volviendo a la Euroleague. No sé cuántos años llevamos viendo grandes equipos ACB en la competición. El mejor Baskonia, el engrasado Barça, el identitario Real Madrid, el mejor Málaga... Ninguna de las ecuaciones de los últimos años logró conquistar el trono del baloncesto continental. ¿Problema de plantillas? No lo creo. El Barça tiene probablemente la mejor plantilla de toda Europa. No hay una fisura en un juego que tanto en ataque como en defensa ha deslumbrado por su sincronía y eficacia. Sin embargo, ante el Partizán, en la mítica cancha del Pionir, el equipo pareció una caricatura de sus virtudes. Navarro missing (-1 de valoración), y sólo Lakovic tirando triples para arreglar el desaguisado.


Vale que la cancha impone, que los árbitros se vuelven caseros, que el Partizán defiende al límite de lo legal, pero no es excusa. Por mucho que se quiera impugnar el tiro final de la prórroga, el Barça perdió el partido mucho antes del tiro de Pete Mickeal. Al Madrid, frente al Maccabi, le ocurrió ayer lo mismo en La Mano de Elías. Alan Anderson, y compañía, fundieron las turbinas de un equipo que no carburo en ningún momento, y donde algunos jugadores dieron muestras de impresionante inmadurez. Llull y Velickovic acongojados y Kaukenas tratando de arreglar él sólo la difícil papeleta. Posesiones agotadas en ataque sin lanzar a canasta, falta de confianza en tiros con posiciones claras, y Messina -al más puro estilo Ivanovic- echando la bronca desde la banda. En ambos casos falta de tensión competitiva, e incapacidad de sobreponerse a un ambiente hostil.

Pionir y La Mano de Elías son dos canchas difíciles. El público aprieta mucho, no deja de animar al equipo, y los jugadores locales no tiran la toalla nunca. Dusko Vujosevic, entrenador del Partizán, señalaba"creo que sus jugadores (en referencia al Barça) sucumbieron un poco al ambiente”. No hay duda, el Barça no supo gestionar un ambiente impresionante en Belgrado. Ayer en Tel Aviv el Madrid padeció un mal muy parecido. No supo estar cómodo en una cancha difícil, donde Pini Gershon es el amo y señor de la banda.

Complicada situación para dos equipos construidos para tirar el muro que impide a nuestros equipos llegar y ganar la Euroleague. Quizá una terapia de grupo pueda ayudarles a superar la endémica timidez. Algo que sólo se supera a base de victorias farragosas. Veremos qué ocurre en el Top 16.

PD: Hablando de muros, me sorprendió que ayer en La Mano de Elías, en el primer tiempo muerto, las cheerleaders bailaran al son de una versión de The Wall de Pink Floyd. A pocos kilómetros del pabellón un muro ilegal separa la dignidad de la vergüenza. Lamentable ceguera israelí.