
Desde el Acuerdo General de Paz, de 2005, Sudán del Norte y del Sur comparten los ingresos del crudo, pero la amenaza de una nueva guerra no se descarta, toda vez que sobre el terreno parece que esa equidad no se esta cumpliendo y que las tensiones entre los antiguos vecinos -con mezcla de habitantes en uno y otro territorio- no están resueltas. Sudán del Sur tiene otro reclamo, mucho más modesto para la economía, pero motivo de orgullo para el país número 55 del continente africano: el baloncesto.
El lunes 11 de julio, alrededor de los fastos organizados estos días para celebrar la creación de la nueva república, habrá un partido de la nueva selección de baloncesto sursudanesa contra la selección de Uganda en Juba, la recién estrenada capital del país.
Agel Ring es uno de los jugadores veteranos del equipo de Sudán del Sur. Con 30 años refleja las visicitudes que ha vivido su generación. Cuando tenía seis años, él, junto con su familia, caminó durante tres meses a un campo de refugiados en Etiopía. Seducido por las promesas de las comidas regulares y un futuro plagado de victorias, honores, y medallas de hojalata, Ring se unió a una unidad militar del sur. Tenía ocho años y ya era un niño soldado. Una realidad que afecta, según datos de Amnistia Internacional, a cerca de 300.000 menores en todo el mundo. Después de salir de la unidad, se dirigió a un campo de refugiados en Kenia y comenzó a jugar al baloncesto allí. Su capacidad para este deporte, como ocurre con muchos de sus compatriotas de la etnia dinka -una de las más altas del planeta- eran excepcionales.

Kech Nguoth, otro miembro de la selección, de 23 años, también comenzó a jugar el deporte en un campo de refugiados en Kenia. "Quiero hacer algo para la construcción de la paz a través baloncesto" señalaba en un artículo de la agencia japonesa asahi.com. Para ambos esta es una oportunidad para dejar atrás años de guerra y exilio, y que alimenta la esperanza de un mejor tiempo de vida. Para ellos, en buena parte, alrededor del baloncesto.
Hoy mismo, en un artículo publicado en el diario El País, y firmado desde Juba por José Miguel Calatayud, hablaba del espacio para el "optimismo" de los nuevos ciudadanos, y se refería al partido de baloncesto y a Majok Mangar, jugador de 20 años, “una de las mejores promesas del equipo surdudanés de baloncesto”, en palabras del periodista, que señalaba: “en el pasado había muchos problemas y lo cierto es que también ahora. Pero cuando e lunes me vista la camiseta de mi nuevo país y salga a la pista será un sueño hecho realidad y espero que la gente esté orgullosa de nosotros”.

Lo dijo Nelson Mandela con claridad hace años, y sirve para Agel Ring, Kech Nguoth, Majok Mangar, sus familias, sus amigos, y sus vecinos (sean del norte o del sur): “sueño un África en paz consigo misma”.
Sólo queda que aquellos que desde hace décadas mueven los hilos de la gobernabilidad africana en función de sus propios intereses dejen de saquear impunemente el continente.
Entonces habrá también mucho que celebrar.
PD1: En febrero ya escribí sobre el Slam Dunk de Juba, en el artículo titulado 'Mangistu Deng y la cancha Nimra Tilatá', con fotografías del The New York Times. La cancha es la misma donde mañana se disputa el partido contra Uganda.
PD2: Ni que decir tiene que Manute Bol es la gran referencia del basket sursudanés, no sólo por sus tiempos de gloria en la NBA, sino también por ser un firme defensor de la lucha de su pueblo. Fallecido Manute, el jugador de Chicago Bulls, Luol Deng es el héroe indiscutible del nuevo país, que además cuenta con una lista de jóvenes promesas algunas de las cuáles ya están probando suerte en universidades de EEUU.



