martes, 8 de enero de 2013

Diagnóstico de una Liga y su fotografía

El pasado domingo una nueva polémica rodeó la cobertura de nuestro baloncesto. En el telediario ni una sola palabra de la jornada de la Liga ACB. Lo señalaba Rudy Fernández en su cuenta de twitter y varios aficionados y periodistas se sumaban al debate. Para algunos el motivo era que la jornada no había finalizado en el momento de la emisión del telediario, argumento algo forzado toda vez que hemos visto jornadas de fútbol reseñadas señalando que en ese momento estaban en juego algunos partidos, con o sin imágenes.


Más allá de esta última anécdota las evidencias apuntan a que el baloncesto en televisión anda totalmente fuera de foco, convertido algo así como el famoso jarrón chino del que hablaban Felipe González o Den Xiaoping hace años, “se sabe que tiene valor pero no se sabe muy bien dónde ponerlo”. El permanente cambio de horario televisivo ha generado mareos y rendiciones de una audiencia a la que le cuesta identificarse con un producto que conoce poco o nada.

Esta falta de sintonía es producto de una mala política de marketing de la propia ACB, atrapada en derivas raquíticas de promoción que se han desinflado antes siquiera de ser burbuja. Si uno entra ahora en la tienda online de la Asociación de Clubes de Baloncesto se encontrará con un armario medio vacío con productos que languidecen a precios nada atractivos. Pensar que cualquier equipo de la NBA tiene roperos mucho más sugerentes, sin publicidad y a menor precio nos puede dar una idea de lo insustancial de la oferta. Tras quince temporadas en la ACB será más fácil ver por la calle la camiseta que vestía Juan Carlos Navarro en Memphis que alguna de las que vistió durante años en el Barça.

Los norteamericanos cuando hablan de negocios comentan eso de “visualizar la gran foto”. Algo que parece, visto desde fuera, ajeno a los dieciocho clubes que componen la ACB. ¿Una tienda online con las equipaciones de todos los equipos? Algunos dirán que no es rentable porque no se venden, algo lógico si es a los precios de auténtica estafa con los que normalmente se proyectan. Hace un año la camiseta de Barça de baloncesto, sin ningún nombre ni número y con una publicidad que parece de un producto contra las hemorroides, costaba 70 euros en unos grandes almacenes de Madrid. Las camisetas de equipos menos lustrosos que Real Madrid y Barcelona tampoco son a precios atractivos al capricho ocasional. Hay que ser muy fan para pillarlas.


Lógicamente no es este asunto el que resta protagonismo mediático al baloncesto ACB, ni mucho menos. Hace poco en Barcelona dos compañeros de la prensa que cubren informaciones de basket me comentaban las dificultades que supone seguir al Barça, en el club catalán “piensan más en la comodidad de los jugadores que en los periodistas” señalaban. Brillante razonamiento el de los encargados de la sección. Quizá alguno piense que la táctica de la incomodidad hacia el difusor es perfecta para generar adhesiones, seguidores y aficionados. Desde luego no lo parece. En la NBA uno se mete hasta la cocina y todo son facilidades hacia los periodistas. Desde la seriedad, la empatía y la lógica productiva para todos. Ocurrió en el partido entre USA y la selección española celebrado en julio pasado en el Palau Sant Jordi. Un periodista habitual del fútbol, tras hablar con Kobe Bryant en la misma pista de entrenamiento, decía: “qué gozada trabajar así, que tipo más cercano”. Cercanía o lejanía por obligación y destreza. Nada es espontáneo. En eso la FEB funciona muy bien.

TVE machaca una fórmula con nuestro baloncesto. No sé cuantas medallas después sigue sin funcionar. Ni frío ni calor. El grabar desde un estudio no ayuda, pero tampoco es el único problema. Este año Iturriaga y Manel Comas, en mi opinión dos excentes comunicadores con perfil propio, lo están haciendo muy bien, pero falta algo para redondear el quinteto. Quizá un director de juego con mucho manejo y alguien que la hunda de vez en cuando, quizá recurrir al valioso archivo de RTVE y preparar recursos para los partidos. No lo sé y no seré yo quién diga lo que hay que hacer ahí. Pero parece que algo no termina de encajar.

Quizá en estos tiempos que vivimos, no pasa nada por citar lo que se oye, aunque sea un Palau que cada diez minutos canta 'independençia' jugando contra el Real Madrid. Al televidente no le importa que se nos muestre el paisaje, por muy incómodo que pueda parecer. A nadie nos produjo un trauma saber que cuando se jugaba en Grecia en los '80 los ultras gritaban “españoles vais a morir” o cosas por el estilo. Tampoco por ver que hay un sentimiento mayoritariamente nacionalista en una grada o que en Murcia piden agua.


Se dice mucho: “La calidad de nuestro baloncesto no se mide por las audiencias”. Estamos de acuerdo. Pero la vocación de la ACB no es ser una Coordinadora de ONG's, sino hacer negocio con el baloncesto profesional a la vez que se extiende socialmente nuestro deporte. Algo bueno para todos, para los que están por lo primero y para los que nos complace más lo segundo. Felipe López miembro de la especie de ONG con fines lucrativos que tiene Mr. Stern llamada NBA Cares señalaba en una entrevista que le hice para ACB.com: “Antes de la temporada cada jugador tiene en el contrato un número de visitas que debe realizar dentro del trabajo para la comunidad, porque cada franquicia tiene asignadas las visitas y trabajos que deben hacer con NBA Cares a lo largo de la temporada. Es parte de lo que supone estar en la NBA. Es bueno para todos, porque además muchas de las compañías y patrocinadores que están ligadas a la NBA quieren ver este tipo de intervenciones sociales, porque también favorece a sus intereses e imagen”.

Para reconstruir una cancha o plantar árboles en una comunidad desfavorecida a veces van jugadores de distintos equipos. Allí actúan en nombre de la NBA. La gente de esas zonas entabla una relación con los jugadores. Eso sale en la tele. Al que vende millones de refrescos con la cara de un jugador le interesa que este plante arbolitos y salga por la tele, porque beneficia su imagen. Quizá el padre que fue con su hijo, también para ayudar, le prometa que un día van al campo a verle. Y compren entradas. Y camisetas. Y se vendan refrescos. O quizá no tienen dinero para un ticket, pero les apetece ver ahora a ese jugador en el que no habían reparado y, aunque pasaban del baloncesto hasta ese momento, les apetece ver un partido de ese tío alto por la tele. Y se enganchan.


Ahora hagamos la españolización de la misma secuencia. Un grupo de jugadores de distintos equipos van a hacer obra social al más puro estilo anuncio Actitud Azul. Actúan en nombre de la ACB o Liga Endesa, como se prefiera. La gente pilla cercanía con ellos. No es un anuncio y sale en el telediario. Al que vende biofrutas y a la compañía de teléfonos móviles les viene de perlas porque esos jugadores también salen en su anuncio (aunque sea con camisetas de otras temporadas y equipos). A partir de ahí el resto es evidente. Pero sí ni son accesibles, ni se ven sus camisetas, ni se proyecta con cierta tensión, es complicado. Muchos más si cuando se puede ver por la tele es un domingo por la mañana, horario natural de paternidades soleadas con cañita, periódico y el niño correteando por la acera, o mejor, jugando al basket en El Internado.

Incluso sorteando esos obstáculos no se evitaran otros problemas. Por ejemplo, entender lo que pasa en el campo. Lo cuenta Alonso de Palencia en el último número de la Revista Tú al Ramiro Yo a Badalona, al hilo de un artículo narrando un canastón antológico de David Russell cuando era jugador de la Penya. Los comentaristas del encuentro hacían pedagogía del reglamento. Cierto que entonces este deporte era casi un descubrimiento para buena parte de la sociedad de la época, pero ahora el analfabetismo social alrededor del baloncesto FIBA es mayúsculo.


La necesidad de igualar las reglas a las de la NBA me parece perentoria. Al margen de sesudos análisis tácticos, la evidencia es que no tiene mucha lógica que un mismo deporte se juegue de manera distinta a nivél profesional. No pasa nada por rebajarse un poco la flema, la gran referencia para el público social del baloncesto está al otro lado del atlántico. Por no hablar del concepto de mercado global. El resto de nuestros baloncestos pueden seguir con la misma normativa, porque eso genera un tipo de jugador muy técnico, precisamente algo cada vez más valorado en la NBA. De esos que incluso pueden plantar arbolitos aquí y allí. A partir de ese acuerdo ya nos encargamos entre todos los que tenemos relación con este deporte de alfabetizar a las masas, al más puro estilo Movimiento 26 de Julio si hace falta.

Sería difícil de comprender una deriva colectiva hacia el conformismo cuando hay resultados de la selección; excelentes jugadores; buena organización; un torneo brutal como la Copa; pabellones de lujo con buena entrada; un montón de gente con todo tipo de publicaciones, muy activos en las redes sociales alrededor del deporte de la canasta... Lo decían perfectamente el otro día Comas e Itu, esto es ocio de masas. Habrá que jugar el día de navidad -al fin y al cabo la vida del deportista no es tan larga-, vestirse de reyes magos, construir una cancha en La Cañada Real y poner horarios de televisión decentes. Con lógica colectiva, con los dieciocho clubes, con la Asociación de Jugadores y con todos los que vamos detrás.

Lo que no quita un ápice para que algunos prefiramos recogernos en el disfrute del BA-LON-CES-TO más minoritario, ese que se ve un fin de semana en un pabellón gélido con cuatro más en la grada, con un reglamento que beneficia más la formación que el espectáculo y sin la tontería de tirar los tapones de las botellas a la entrada de los pabellones por culpa de la Ley del Deporte. Un plan que, por cierto, a mí me suena incluso mejor que el de “la gran fotografía”.

PD: Ya habrá tiempo de fliparse con la ACB League Pass.

lunes, 24 de diciembre de 2012

"El partido que cambió la historia"

En estos mundos que habitamos hay distintos tipos de periodistas. Antonio Gil (Madrid, 1981) pertenece a los que dedicados profesional y pasionalmente al baloncesto no dudan en convertirse en aliados cada vez que se comparte tiempo con él. Yo le conocí en persona por primera vez cuando preparaba mi libro El Ritmo de la Cancha haciendo entrevistas en Nueva York. Más tarde tuve la suerte de trabajar y convivir con él, en una experiencia sensacional, rodando un documental en Nueva Orleans sobre Greivis Vasquez.

Antonio Gil, entre otros asuntos, es corresponsal en NYC de la revista Gigantes del Basket, colabora en medios como basket4us.com y es analista de la NBA para CNN en español. Ahora ha publicado con Ediciones JC el libro El Partido que Cambió la Historia, un libro que trata de acercanos al streetball neoyorquino a través de lo ocurrido una noche de julio en una de las canchas de baloncesto más míticas de La Gran Manzana.


Pregunta: Describe cómo es el entorno urbano de la cancha de Dyckman.

Respuesta: Washington Heights es uno de los barrios más peculiares de Manhattan, colindando con la frontera del Bronx. Dyckman es un pequeño reducto de de la República Dominicana en New York, al estilo del poblado de Astérix en la Galia. Sus gentes, la música, los carteles, los comercios… Nada que se puede encontrar del mismo modo en ningún otro rincón de NYC.

P: Joe Pope dijo que Dyckman es “la alfombra roja del baloncesto”, ¿por qué?

R: Durante el verano de 2011 todo el mundo quería jugar allí y quien no jugaba quería estar en la grada. Los mejores jugadores NBA, NCAA, overseas y amateur se pasearon por Dyckman ante la atente mirada del famoseo más exagerado de toda la historia del torneo. Dyckman era el sitio donde estar aquel verano.

P: Alguna gente piensa que el streetball es una especie de baloncesto callejero en el que “vale todo”, cuéntanos (brevemente) cómo es la escena del streetball neoyorquino.

R: Es el baloncesto más exigente que jamás he visto, tanto en canchas de cemento como en pabellones profesionales. Si juegas en New York tiene que darlo todo o si no mejor quédate en casa porque nadie tendrá piedad de ti. El concepto pachanga, tan mal utilizado en España para definir partidos y torneos de streetball, no existe en NYC. El más amistoso de los partidos acaba convirtiéndose en una batalla por lograr la victoria.

P: ¿Hay un reglamento específico?

R: Dependiendo del torneo se juega con reglas NBA o NCAA. Estamos hablando de baloncesto normal y corriente, como el de cualquier liga del mundo, con la preciosa peculiaridad de que se juega al aire libre. Los torneos organizados cuentan con marcadores (normalmente electrónicos), árbitros, cronómetro… Un partido de baloncesto al aire libre, sin las tonterías que los medios quieren vender como streetball de vez en cuando.


P: ¿Qué papel juegan los entrenadores?

R: Exactamente el mismo que juega cualquier entrenador en cualquier equipo profesional. En los torneos de streetball además el entrenador hace las veces de general manager y consigue los jugadores que estarán a sus órdenes. Él hace los cambios, pide los tiempos muertos, dice quién manda en la cancha y ordena a los jugadores. Y a veces grita hasta la saciedad a los árbitros para intentar llevárselos a su terreno.

P: Algunos de los jugadores más reconocidos del streetball neoyorquino han pasado por la liga ACB o LEB sin excesivo éxito, ¿por qué ocurre esto?

R: No todo jugador de baloncesto está preparado para jugar de forma ‘organizada’ y sobre todo para hacerlo bajo el encorsetado ajedrezado de sistemas ofensivos y defensivos que convierten al baloncesto ACB/LEB/FIBA en general en pura matemática castrada de libertad de movimientos y creatividad en muchísimos casos. Si en Estados Unidos se nota la diferencia de jugar en high school a hacerlo en la NCAA y de ésta a la NBA, imagina saltar de las calles al baloncesto FIBA.

P: El lockout de la temporada pasada fue una buena oportunidad para ver a algunos de los mejores jugadores de la NBA en los torneos de verano de NYC. ¿Cómo repercutió su presencia en la escena del streetball?

R: El lockout fue una tremenda jodienda para el baloncesto NBA y al mismo tiempo una bendición para los torneos de streetball de New York, en los que los jugadores profesionales se dejaban ver noche sí y noche también, reaviviando una escena streetball un tanto apagada en los años anteriores.

P: Como periodista, ¿crees que el streetball está olvidado por los medios o que está en el lugar donde quiere estar?

R: No está olvidado porque casi nunca se le tuvo en cuenta… pero casi que mejor. Los medios tienden a prostituir al streetball y travestirlo a lo que ellos quieren vender como algo que parece que inventan los propios medios cuando le prestan un mínimo de atención. El streetball es algo que nació en las calles y pertenece a las calles. No necesita de nadie que venga a decirle si lo está haciendo bien o no. No necesita de repercusión mediática por siempre ha vivido del mejor medio de comunicación que existe: el boca-oreja.


P: ¿Qué pasó el 20 de julio de 2011 en Dyckman?

R: Que un partido de baloncesto entre los dos equipos favoritos para llevarse el torneo cambió la historia del streetball por completo. Nunca antes hubo nada parecido y nunca jamás lo habrá de nuevo. Por ‘hype’, repercusión, involucración, talento… Cualquier parecido con algo vivido anteriormente en un playground de NYC es sólo producto de la imaginación de quien quiere restar importancia al encuentro que puso nuevamente a Dyckman en el mapa y lo encumbró como el posiblemente mejor torneo de la historia en aquella edición.

P: ¿Por qué el libro y cuál ha sido el proceso de elaboración del mismo?

R: Porque era algo que tenía pendiente conmigo mismo y con el streetball de NYC después de muchos años seguidos empapándome de él, sus historias, sus personajes y convirtiéndolo en mi pasión con mayúsculas. Después de viajar cada verano durante muchos años a ver partidos, jugarlos y conocer gente, decidí que era el momento de darle una enésima vuelta de tuerca a un proyecto de libro sobre el streetball de New York en el que llevaba años trabajando y presentar al público español la auténtica maravilla que vive en las calles de la meca del baloncesto, en la que The World Most Famous Arena no es el Madison Square Garden sino la cancha en la que cada niño juega con un balón soñando que anota sobre la bocina una jugada que él mismo narra jugando en solitario.

PD: El próximo jueves 27 de diciembre, a partir de las 12:30h presentamos El Partido que Cambió la Historia en la tienda del Club Estudiantes, en la calle Serrano 127 de Madrid. ¡Nos vemos allí!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ganar era de Horteras

El patio del Ramiro de Maeztu era tan grande que cuando uno llegaba a la universidad no había excesivas sorpresas. Lo comenta Guillermo Ortíz en su libro Ganar es de Horteras, y es un recurso recurrente en alguna conversación de ex ramireños universitarios o ex universitarios ramireños. Como en todos los grandes espacios, la diversidad constituía la comunidad. Así uno podía preferir las palmeras de chocolate o los bocadillos de tortilla de Geni; los Pablos Martínez o los Nachos Azofra; las pachangas en el mini o las partidas de mus al sol bajo la sombra del laboratorio de Ciencias y el esqueleto de Garibaldi; las pellas hacia El Corte Inglés o hacia el CSIC; las clases del Figurín o las del Mortadelo; incluso, por increible que pueda parecer, uno podía ser seguidor del Real Madrid de fútbol. Se trataba en toda regla de un patio de vecinos, homogéneo en el seguimiento a un equipo de baloncesto -el Estudiantes- pero múltiple en cuanto a afinidades, amistades y gustos.

Ganar es de Horteras es una visión desde un ángulo del patio. El de un seguidor del Estudiantes, que además estudió cuatro años en el Ramiro. Lo dice varias veces el autor, habla de su percepción y de las de sus amigos. Lo que entonces era para él “todo el mundo”.

Guillermo Ortíz nos cuenta los años que trascurrieron entre el reinado de John Pinone y el descenso de la temporada pasada a los infiernos en Estudiantes. Años algunos más dorados que otros, pero donde se fraguó parte de la mística del club de 'patio de colegio'. En esa secuencia desfilan jugadores como Russell, Montes, Winslow, Herreros, Antúnez, Aísa, Vandiver, Brewer, Loncar, Carlos Jiménez... Lo hace aportando en paralelo los acontecimientos que sucedieron en la calle Serrano 127, muy especialmente alrededor de todo lo que gravitaba entorno a las plantillas que él y su familia veían desfilar cada partido desde la grada. Y lo hace con una visión fina y atenta al detalle. No sólo del Estu sino de los entornos más conocidos del baloncesto ACB de aquella época. Algo que el lector que conozca aquellos tiempos sabrá agradecer. En ese recorrido deportivo hay momentos especialmente brillantes, como cuando cuenta el derbi tras la muerte de Fernando Martín donde los recuerdos de ese día y la escritura de Ortíz logran que el lector, al menos en mi caso, se emocione.

Ocurre que el libro también nos narra los amores y desamores de Guillermo, así como parte de su intra historia familiar, en relación con el Estudiantes, pero no sólo. En ese otro libro sentimental que discurre en paralelo, uno tiene la sensación de moverse a medio camino entre Aquellos maravillosos años y Cuentamé como pasó. Un género literario que exige mucho feedback con el lector, algo que no es fácil si se ha habitado en la otra punta del patio. Así uno logra empatizar con algunos de los senderos más apegados a Aquellos maravillosos... y tiene ciertas dudas, especialmente con los entornos sociales y políticos que se cuentan, como ocurre en Cuentamé. Mucho más para quien, como yo, no tenga ni idea de lo que es un Match Day II. Esa parte del libro, con un orden de acontecimientos algo confuso, se percibe de forma más extraña y ajena. Pero es que el Ramiro era muy grande y diverso.


En el libro de Guillermo, exelente periodista por cierto, hay ausencias, o pasajes que se quedan excesivamente cortos si alguien busca la historia, especialmente fuera de la cancha, del Estudiantes. Pero el libro no trata de ser un memorandum detallado de lo ocurrido, si no de un relato muy personal de un tiempo vivido contado en primera persona. Aunque desde La Cruz -y me atrevería a decir desde parte de los genéticamente EGB's- se veían las cosas de manera distinta. Pero es bueno saber cómo lo veían otros, para confirmar que afortunadamente nunca fuimos “todo el mundo” ni en el patio, ni en la grada, ni cuando íbamos de marcha.

Ganar es de Horteras es parte de una fotografía a la que siempre merece la pena echar un vistazo para conocer mejor el tiempo del que se esta hablando. Un libro que además es la presentación en sociedad de la editorial Cestos de Melocotón, nombre tras el que se encuentra la revista Cuadernos del Basket, que pretende hacerse un hueco en eso que se llama ahora baloncesto para leer. Una buena noticia que sin duda acompaña la publicación de este manuscrito.

Eso sí, no me resisto a decir que algunos de los pobladores de ese inmenso patio todavía andamos queriendo saber lo que es la vida.

PD: El libro se puede comprar a través de ganaresdehorteras.com.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Alicia Alfonsín y Damián Cabandié

Alicia Alfonsín comenzó a jugar al baloncesto a los siete años en el Club Deportivo y Social Colegiales. El Club que la pillaba más cerca de su casa, casi a la vuelta de la esquina. Según un directivo del Club era la que más puntos anotaba, la mejor del equipo, con mucho estilo tirando tiros libres.

Damián conoció a Alicia cuando fue a interpretar una obra de teatro a Colegiales. Aquel era un espacio que combinaba actividades deportivas con otras sociales, pensadas para el encuentro entre vecinos, amigos, conocidos, aficionados... Un lugar donde divertirse y pasarlo bien alrededor de placeres de la vida, como hacer deporte o teatro.

Alicia y Damián se casaron. Tenían 17 y 19 años respectivamente cuando el 23 de noviembre de 1977 desaparecieron. Alicia estaba embarazada de seis meses. Se sabe que fueron enviados a centros de detención clandestinos llamados El Banco y El Atlético, más tarde Alicia fue enviada a la ESMA, la temible Escuela de Mecánica de la Armada argentina que funcionó como centro de detención y torturas. El hijo de ambos, Juan, nació en marzo de 1978. Vivió 20 días con su madre.

Ocurrió durante lo que la Junta Militar que tomó el poder por la fuerza en Argentina en 1976 llamó 'Proceso de Reorganización Nacional', que duró hasta 1983. El general Videla no tuvo inconveniente en teorizar en público sobre lo que ocurrió con una muchacha llamada Alicia, de 17 años de edad, que jugaba al básquetbol, con Damián y con otras 30.000 personas más detenidas-desaparecidas. Así lo explicaba el general: “No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina, cambiante, traicionera, no se hubiere bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil, 10 mil, 30 mil. No había otra manera. Había que desaparecerlos”, dijo Videla. La teoría del sufrimiento inmenso por el desaparecido la realizó Hitler muchos años antes.

Juan creció sin conocer quienes fueron sus padres, empotrado en una familia que no era la suya. Jugó al hockey y portaba el mismo número que había llevado su madre como jugadora de básquetbol. Pero él no lo sabía. Con 26 años conoció a su gente, a su verdadera familia. A sus abuelos, a sus tíos, a sus raíces. Y su universo cambió en aquel momento. “Digamos que en circunstancias totalmente distintas y en lugares totalmente distintos, tuvimos una vida similar, la vida de club, la vida social de club. Y la constancia de ir a entrenar, de jugar cada fin de semana” cuenta Juan. Como él miles de niños fueron arrancados de sus padres. Algunos sobrevivieron porque sus balas se las tragó un adulto que le protegió con la espalda y con la vida de la muerte.

En el Club Deportivo y Social Colegiales se sigue jugando al básquet y hay carteles que ofertan inscripciones para muchachos de ambos sexos. Además hay otras actividades deportivas y culturales. La sede que sirvió como escenario para algunas de las secuencias de la película Luna de Avellaneda (2004) de Juan José Campañella. La misma donde se concocieron Alicia y Damián.

A ellos, como a Matías, a Cristina, a Mariano, a Otilio... los desaparecieron cuando estaban en una pizzería, en un autobus, en medio de una clase de filosofía o cuando estaban cenando con sus amigos. El tiempo se detuvo entonces. Algunos jugaban al básquet, otros al rugby, hockey o fútbol. Lo cuenta Gustavo Veiga en el libro 'Deporte, Desaparecidos y Dictadura' de ediciones al arco.

Un manuscrito imprescindible que, como cuenta Ariel Scher en el prólogo, indaga en las huellas de personas forzadas a desaparecer de su tiempo y del de sus seres queridos, “porque todas estas huellas que Veiga buscó con el oficio (de periodista) y encontró con el alma constituyen un homenaje”. Así sea.

lunes, 10 de diciembre de 2012

El derby de ayer y El Ritmo en Barcelona.

Hay un debate en los foros colegiales alrededor del partido de ayer. Tiene que ver, en buena parte, con cuestiones técnicas, de estrategia o de finura interpretativa. En algún caso también sobre la grada y las presencias visitantes.


Ilustración de Enrique Flores.

Sobre lo primero no seré yo quién me ponga a hacer excesivas disquisiciones, toda vez que la diferencia de presupuesto (plantilla) es el resultado final de todas las ecuaciones posibles. Aún así sólo hay que ver las diferencias en cada cuarto para apreciar que el Estudiantes compitió y que ambos equipos regalaron una primera parte que valía la entrada al partido, mucho más cuando con cierta regularidad aparecen resultados en la Liga ACB que tienen raquíticos resultados.

Los derbys cuando caen del lado del más débil es mejor que no sean habituales, porque así alimentan la épica de los que ocurrieron. Algunos nos acordamos del de las tres prórrogas en el Magariños, otros de aquellos playoff memorables, también de aquel mítico cruce de Copa del Rey y muchos más del de la canasta de Gonzalo Martínez o el de Pancho más triple y mate de Daniel Clark. También del ocurrido la temporada pasada con una banda de jugadores que al menos regaló una alegría en una annus horribilis.

En baloncesto las afinidades están sujetas a diversos motivos. Todos válidos y respetables. Si mañana en un entreno de cualquier lugar del país hay un chaval o una chavala que quiere imitar el caño (voluntario o no) de Sergio Rodríguez, pues bienvenido sea al club de los amantes del baloncesto espectáculo. De igual manera que habrá otros que soñaran que un día será su oportunidad ganar al Madrid ante su gente y su afición. Aún a sabiendas de que al rico para torcerle el gesto hay que ganarle desde la más alta de las exigencias y suertes. Bueno es que así sea.

Pero también habrá que valorar otras cuestiones. En un vídeo promocional del partido un chaval de la cantera señala “a mí no es que me guste mucho el dinero yo sólo quiero divertirme” y una chica añade poco después, en referencia a la afición del Real Madrid, “en los partidos no paran de decir tacos”.



Estoy seguro que Sergio Rodríguez, y otros madridistas, además de por dinero, juega para divertirse y que habrá aficionados merengues que les desagrade el insulto como forma de estar en la grada. De igual manera que habrá algún jugador del Estudiantes que para divertirse preferirá el Parque de Atracciones y que en nuestra grada hay zangolotinos. Pero estos chavales han dictado perfectamente la filosofía política y emocional que nos mueve a la mayoría de gente que nos juntamos alrededor del Estu.

Yo me quedo con el excelente manifiesto de estos chicos porque resume a la perfección mi forma de entender el Estudiantes, aunque a veces “no gane ni a las canicas” y porque “ir con los que ganan es muy fácil”.

Palabra de (D)emencia en el derby de ayer y siempre, con independencia de lo que señale el marcador. Así sea.

PD: Esta semana estoy en Cataluña presentando El Ritmo de la Cancha:

Miércoles 12, a partir de las 19:45 en Alibri Llibreria de Barcelona, con Robert Álvarez (El País) y Julián Felipo (Mundo Deportivo).

Jueves 13, a partir de las 19:30 en La Ciutat Invisible de Barcelona.

Viernes 14, a partir de las 19:30 en Synusia Llibreria de Terrassa.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Gigantes se hace mayor

En un curso de entrenador que hice hace tiempo con Javier Lería de profesor, el técnico madrileño dijo en medio de una clase técnica: “Gigantes del Basket es nuestra revista”. Por “nuestra” se refería a la revista de todos los que tenemos que ver con el deporte de la canasta en este país. Yo me quedé con aquello como un detalle elegante de alguien que habita con veteranía y conocimiento la comunidad de los más implicados. Un término y un concepto absolutamente cierto, mucho más para aquellos que nacimos para el baloncesto a la vez que la publicación, hace ya 27 años.


Ahora Gigantes abandona su periodicidad habitual de semanario para convertirse en mensual. Hace no mucho decía Clint Eastwood, en una entrevista para El País Semanal, “yo soy de los que leen el periódico y me gustan los libros en papel. Me gusta su peso, su olor”. A mí me ocurre algo parecido. El olor de Gigantes me trae buenos recuerdos, como ya conté en un post hace tiempo. Me ocurre un poco como a Totó en Cinema Paradiso, la sensación de que algunos lugares de mi vida están en sintonía con disciplinas sobre las que sigo manteniendo relación. En el caso de Salvatore era el cine y los rollos de película, en el mío el basket y Gigantes.

Es discutible si este salto que propone “nuestra revista” se tendría que haber realizado antes, pero no cabe duda de que el resultado actual es altamente satisfactorio. En el primer número de la nueva época hay chicha para rato. Una entrevista con estilo a Hettsheimeir realizada por Quique Peinado; una completa guía de la NBA realizada por Antonio Gil y David Carro con apuntes de Antoni Daimiel; unos columnistas de lujo e interés como Miguel Ángel Paniagua y Joan Plaza; y excelentes artículos, desde un punto de vista más reposado que antes, de Miguel Panadés, Carlos Velasco o Fernando Martín. Señala Paco Torres en su editorial “la adrenalina que genera trabajar en una revista con tantos cambios”. Un proceso apasionante que se percibe, a veces en exceso, en este primer número.

Parece una obviedad decir que en estos tiempos complejos para el mundo de los medios de comunicación, cada salto que se da tiene una importancia enorme, porque como decía el mismo Totó lo que queremos es “el mundo”. Sin esa meta los resultados suelen ser tímidos. Cuestión compleja cuando es difícil hacerse un hueco donde apenas hay espacio. En ese sentido espero que la nueva etapa de Gigantes del Basket venga con la intención de comerse el mundillo aprovechando el espacio y el prestigio que ya tiene. Un paso complicado, sujeto a la posibilidad de satisfacer a un número importante de lectores manteniendo los equilibrios de las distintas preferencias del público baloncestistico. Algo nada sencillo además con la diversidad que existe de referencias en internet.


En ese sentido, no soy muy partidario de la política de equilibrios, creo que ayudan a mantenerse pero no a alcanzar el éxito. Espero que Gigantes tenga disposición a la valentía, como así parece. En baloncesto un jugador de 27 años se encuentra en una buena edad de su carrera deportiva. Ya ha demostrado lo que vale y frente a él lo que queda es superarse. Un ciclo intermedio entre los primeros años de profesional y la etapa de desarrollo de la destreza intuitiva de cuál es su mejor rol, con mayor visión del juego, del espacio y del tiempo. Se podría pensar que Gigantes del Basket se encuentra en un momento parecido.

Envejecer bien no es fácil. Ocurre que muchas películas pierden la gracia del primer momento para convertirse en algo más bien ñoño y espeso. A mí me ocurre algo parecido con Cinema Paradiso. Los que nacimos con Gigantes hemos abandonado la programación juvenil para dejarnos llevar por la madurez de otras disciplinas no tan evidentemente ligadas a los partidos, las figuras y los resultados. Nuestras actuales inquietudes -por poner tres ejemplos- pueden ser el diseño, la literatura o los fondos de banquillo. Si Gigantes engancha también con ese público, en mi humilde opinión, el producto pasará de ser bueno a exquisito.

La mejor de los suertes y feliciades a los amigos que están allí. Gigantes sigue siendo “nuestra revista” por méritos propios. Excelente noticia para el baloncesto.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Entrevista Himar Ojeda

Himar Ojeda (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) fue el fichaje sorpresa del Club Estudiantes el pasado verano. Entrenador de formación, tras 17 años en Club Baloncesto Gran Canaria SAD (donde pasó por diferentes puestos incluido el de Entrenador Ayudante), su etapa de director general y deportivo en las Islas Canarias estuvo plagado de éxitos en cuanto a la incorporación de jugadores a la liga ACB. Ahora en Estudiantes asume un puesto que siempre había estado ligado a personas formadas en el propio club madrileño.


Foto: Club Estudiantes

Pregunta: ¿Cómo te imaginabas Estudiantes antes de venir?

Respuesta: La verdad es que lo que imaginaba se asemeja bastante a lo que es. Un club especial, diferente incluso en la organización. Cuando en Canarias jugábamos contra otros equipos la sensación es que sabíamos quién era quién y en Estudiantes no es así, porque tiene una dimensión diferente. Por su historia, en la que hay tanta gente que forma o ha formado parte del Club. Y esa gente no se deja de vincular, quizá sí a nivel organizativo, pero no a nivel sentimental.

P: ¿Y lo sentimental es un valor o es una carga?

R: Yo creo que es un valor, pero hay que enfocarlo bien porque si no se puede convertir en una losa en determinados momentos, sin mala intención, pero que a veces puede ser una carga en vez de ayudar.

P: ¿Cuál es la función de un director deportivo?

R: Marcar la política deportiva del Club, desde arriba hasta abajo. Si el club la tiene es el que debe preservarla y encauzarla si se sale de la línea, o adaptarla a los tiempos o los medios que se tienen.

P: ¿Estudiantes la tiene?

R: Estudiantes la tuvo, no creo que se haya perdido, pero sí que hay que encauzarla de nuevo porque se había difuminado en los últimos tiempos.

P: ¿Cómo planificas la contratación de jugadores de cara al primer equipo?

R: Cuando llego todo se tiene que hacer un poco rápido, porque llego en julio por las circunstancias especiales del equipo y el final de la temporada pasada. Intento planificar siempre empezando por el entrenador y en ese momento tengo varias alternativas en mi cabeza y la primera era Txus Vidorreta, y es una opción que se puede llevar a cabo...

P: Disculpa, ¿por qué Txus Vidorreta?

R: Porque aunque el trabajo tiene que ser global, los tiempos son diferentes. La ACB lleva un tiempo que es mucho más inmediato, de corto plazo y el resto de la planificación de cantera pues lleva otro tiempo, más a largo plazo. Con la inmediatez de las decisiones creo que Txus era el ideal: es un buen entrenador, esta en un muy buen momento y venía de hacer una muy buena temporada con mimbres parecidos a los que aquí le íbamos a poder dar. Un equipo con gente joven y con gente más experta. Además después de hacer una buena temporada nadie le había fichado y era un poco como en el caso de Carl English, le valía también para reivindicarse. Él estaba con hambre de entrenar y ve el proyecto muy ilusionante. A partir de ahí, a mí me gusta componer la plantilla con el entrenador porque creo que el trabajo queda mucho mejor si es compartido por las dos partes. Valoramos el tema de los contratos, la información de ellos y a partir de ahí comenzamos a planificar las necesidades.

P: ¿Sigue siendo la ACB un destino atractivo para los jugadores que vienen de fuera?

R: Sigue siendo un destino atractivo, pero no tanto como antes, ahora hay más competencia. Alemania ahora es un destino muy atractivo para los jugadores porque es una liga que esta creciendo mucho, la organización están muy bien, tratan muy bien a los patrocinadores, son serios pagando y tienen una capacidad económica importante, con lo cuál la liga ha crecido y esta haciendo competencia. Así como Turquía, que siempre ha sido un referente, pero que ahora es un destino muy interesante para los grandes jugadores. Pero a nuestro nivel es más competencia Alemania, para Real Madrid o Barça la competencia para llevarse a un jugador es Turquía.

P: ¿Cómo se convence a un jugador como Kyle Kuric para venir a un club en una situación deportiva complicada en un país con crisis económica?

R: Yo era un jugador que seguía hace tiempo. Le vi en la Universidad, tuvimos en Canarias a Juan Palacios que estudió también en Lousville, le pregunté si le conocía hace dos años, me dijo que sí, que entrenaba con él en verano, le dije que me gustaba -no sé si Juan Palacios le diría algo- y fui a verle algún partido y hablé con él. Todo eso yo creo que generó confianza y cuando su agente le llama porque Estudiantes esta interesado pues ya hay un contacto anterior. Además en el caso de Kyle, aunque parezca sorprendente, es un poco más fácil porque es su primera opción profesional y eso sí que llama la atención, que sea en ACB pues es algo muy importante y atractivo para un rookie y él lo vio como una oportunidad. Hay jugadores con los que no cuesta tanto. Pasó lo mismo con Jaycee Carroll en Gran Canaria, para ellos es una oportunidad para venir a una liga de la importancia de la ACB. Puede ser más difícil con jugadores como Tariq o Carl English.

P: Una de las cosas que me llama la atención de un jugador como Kyle es su buena disposición, se le ve muy cercano a jugadores como Jayson o Lucas, ¿eso son factores en los que te fijas para contratar a un jugador?

R: Él es un jugador joven, tiene la misma edad que Jayson y es más próximo a los jóvenes del equipo. Trato de intentar ir más allá de sus capacidades exclusivas como jugador. Antoine Wright las tenía, pero salió mal. Yo sabía que Kyle era un buen tipo, abierto, afable... intento sacar información de entrenadores que lo han tenido, de gente que lo conoce. Yo en la valoración que hago pienso que es alguien que va a encajar en el grupo. Cuando las grandes empresas van a fichar a un gran directivo que va a tener importantes responsabilidades y va a ser bien pagado, se le hacen muchas entrevistas personales. Nuestros 'directivos' a esos efectos son los jugadores, son los que tiene la máxima responsabilidad, los mejores sueldos y nosotros que somos la empresa fichamos a los directivos sin hablar con ellos... Esta establecido así, hablas con el agente y nada más, pero yo siempre intento antes hablar con el jugador porque así quedan claras las expectativas de cada uno. Y luego esta la sensación que te trasmite el hablar directamente con él, son situaciones que te ayudan a tener más información y yo creo que eso es clave. Luego te puede salir bien o no.

P: Si vemos la fotografía completa de la plantilla, ¿se han cumplido tus objetivos?

R: Estamos contentos. Hemos conseguido una plantilla equilibrada y la mejor posible con lo que tenemos. Creo que mezcla la veteranía necesaria para la liga ACB y da oportunidad a los jóvenes. Estamos equilibrados por puestos, con gente con capacidad de ayudar en cada posición. Una plantilla corta porque son diez profesionales y dos chavales del EBA y eso nos deja un poquito al límite. Pero lo que hemos conseguido no lo hubiésemos creído cuando empezamos a diseñar la plantilla.


Foto: Club Estudiantes

P: Por no hablar de todos, ¿por qué se decide Fisher como última incorporación?

R: Porque las cosas que conoces te dan más confianza que lo desconocido. Aún así no soy sospechoso de hacer de esto un acto de fe, he traído a muchos jugadores que han jugado por primera vez en España. Hay que pensar que tenemos a Jayson y Jaime, que Jaime no jugó mucho el año pasado, que esta todavía en proceso de maduración y de convertirse en jugador ACB. Luego de los aleros que tenemos, Tariq, English y Kuric, el que más podía ayudar en la posición de base -si pasaba algo- era el primero. Entonces ahí hacia falta una mejora, teníamos a Edu, pero no cumplía esas características en caso de necesidad. Josh era perfecto porque le conozco personalmente, yo lo traje a España, él ya hizo ese papel que necesitábamos. Alguien sin necesidad de mucho protagonismo en cuanto a querer minutos o acaparar anotación, porque para eso tenemos a English, a Tariq y a Kyle. Necesitábamos a alguien de un perfil defensivo y que aceptara bien el rol. Y eso sé que Josh Fisher lo iba a cumplir perfectamente.

P: Cambiando de tercio, ¿qué espacio ocupa o crees que debería ocupar el Liga Femenina?

R: El equipo de Liga Femenina 2 creo que esta en un proceso, por la situación que esta atravesando el club, de reconstrucción. Es un equipo eminentemente joven, casi todas las chicas son de aquí menos una, es un equipo que por las circunstancias del club esta tendiendo a tener sólo jugadoras formadas aquí o jugadoras del entorno de Madrid. Creo que ese enfoque no es malo, al contrario, creo que es el acertado. Porque es imposible tener un equipo así en ACB, pero en LF si. Hay que ser realistas, Estudiantes no esta para competir por entrar en las competiciones europeas femeninas o por mantener dos equipos en la máxima élite. Trataremos de competir al máximo, con una estructura en el que las chicas de la cantera vayan evolucionando hasta llegar al primer equipo y que a partir de ahí pueden conseguir cotas superiores como equipo o individualmente.

P: En los últimos partidos del equipo ACB, en el fondo de la Demencia han aparecido pancartas críticas con la política de cantera. ¿A qué lo atribuyes?

R: Es un tema en el que muchas veces tengo que preguntar. Cuando a mí me llaman para fichar yo me reúno porque sé de la particularidad de Estudiantes, me reúno con los dos presidentes y con el director general. Yo les pregunto cuál es el plan y ellos me trasladan que su valoración es que han estado un poco separados cantera y primer equipo, que han ido por caminos que no eran los adecuados y que quieren retomar una estructura única. Es eso precisamente lo que me apetece, pero es un proceso complicado. Yo llego en julio y me pongo con el primer equipo, así que el ritmo para ir adecuando todo es lento. Hablo con los responsables y me voy informando de lo que ha pasado y de lo que pasa, de los que están, de los que ya no están y de por qué no están. Entiendo que la Demencia conoce y reclama ciertas cosas que se han realizado mal, pero yo creo que estamos en un proceso de cambio. Sería injusto tomar decisiones por lo que me digan, hay que ir poco a poco y ver las cosas para, en función de eso, tomar decisiones. El otro día saliendo de Bilbao algunos de la Demencia me decían “eres el mejor fichaje de este año”, y coño, a mí me ha fichado esta directiva, así que será mérito suyo. Hay que dar un poco más de crédito, en cantera hay que recuperar cosas, pero hay otras que no se pueden hacer inmediatamente. Yo pediría cierto margen de confianza para ver cómo caminan las gestiones.

P: ¿Qué importancia debe tener la cantera en Estudiantes?

R: Tiene que ocupar un lugar muy grande. Estudiantes ha sido siempre un referente de cantera y tiene que seguir siéndolo. Para mucha gente de fuera es una referencia, ocurre que nosotros desde dentro somos más críticos. De doce jugadores en el equipo ACB, seis son de la cantera. Soy el primero que dice que probablemente hay cosas que están mal, pero seguimos teniendo seis jugadores formados por nosotros en el primer equipo. Yo creo en eso, Lucas Nogueira ocupa plaza de extranjero y Kyle Kuric tiene 23 años. Eso es una apuesta. A mí Estudiantes me ha fichado no sólo para pensar en el equipo ACB. No se me ha fichado por lo que hice en el primer equipo de Gran Canaria con los fichajes, sino porque además he convertido Gran Canaria en un club de cantera. Para mí es un trabajo enormemente atractivo, formar jugadores que lleguen al primer equipo. Pero ahora todo esta mucho más globalizado, no se puede tener a diez tíos de la cantera y dos americanos. Estudiantes tiene mil niños y niñas en su cantera, y así se consigue que haya mucha gente que le guste el baloncesto, que consuma baloncesto -no sólo de Estudiantes- también de otros equipos y otras ligas. Además estamos tratando de formar personas que es lo que queremos con el baloncesto, también hay labor social y labor formativa para el mundo profesional. Tenemos que ser referencia y mejorar. Esa es nuestra diferencia.

P: ¿Cuál sería el equilibrio perfecto del Estudiantes pensando en el futuro?

R: Me gustaría que el equipo ACB compitiese lo máximo que podamos, no estar en peligro de descenso. Tenemos un presupuesto bajo, pero haciendo nuestro trabajo bien y con un poco de suerte se trata de estar por encima de nuestra posibilidades. Que el equipo ACB se vaya nutriendo de jugadores de la cantera, que seamos reconocibles. No es necesario que todos los equipos de la cantera juguemos igual, cada entrenador debe poner su personalidad, pero sí que tengamos una identidad como club, en cuanto a convivencia entre los entrenadores, en formación, en competir en campeonatos, que podamos además retener a jugadores y entrenadores. Me preocupa perder gente que se vaya a sitios que no deberían ser mejores que el nuestro y en los últimos años se han ido unos cuantos.

P: ¿Cómo se vive en Madrid?

R: Me hacía mucha ilusión vivir aquí. Aunque sólo tengo un año de contrato nos hemos venido con todo, con la mujer, con los niños que van al cole del Estu...

P: ¿Al Ramiro?

R: No, a Las Tablas, porque vivimos allí cerca y la opción que me dieron era esa. Madrid es una ciudad muy apetecible para vivir y para trabajar. Además me da muchas posibilidades de ir a ver baloncesto a Palencia, a Cáceres, a Ávila... También para ver Les Luthiers, Espinete no Existe, el concierto de Sabina o a Pablo Carbonell en la Sala Galileo. La verdad es que muy contento por estar aquí, a pesar de las dificultades que podamos tener en Estudiantes.