Final de esta serie dedicada a las audiencias de baloncesto. Nada más que añadir de un debate largo, y cambiante. Este artículo, en una versión más reducida que los cinco capítulos, no encontró espacio para ser publicado, en El País no gustó que se preguntará a otros periodistas que no fueran los suyos propios. El debate es incómodo porque no deja satisfecho a nadie, y los protagonistas (medios de comunicación, clubes, etcétera) no están dispuestos a cuestionar su propio papel en la promoción del deporte de la canasta. Aquí está el final...
Para
Paco Torres, director de la revista especializada
Gigantes del Basket, “medir el baloncesto por las audiencias es algo que esta viciado. El baloncesto goza de muy buena salud, las canchas están llenas, ya sea en
Málaga, en
Bilbao o en
Madrid. En España hay una cultura deportiva muy ligada a las victorias, la gente ve a la selección si esta puede ganar, eso es lo que engancha sea el deporte que sea. El público no ve el campeonato de tenis de España, si no la final de
Roland Garros”, y enfatiza “esta claro que el echo de tener una estrella como
Pau Gasol ha focalizado mucho lo que ocurre en la NBA entre el público. Pero lo cierto es que la gente sigue más el baloncesto que hace unos años, se conoce mejor a nuestros
NBA, también a los chicos de la selección. Hasta el punto de que si tu vas a
Badalona te encuentras a un montón de chavales con el corte de pelo de
Ricky”.

Para otros estamentos la calidad del deporte se demuestra en su importancia social.
Ángel Palmi, director deportivo de la
Federación Española de Baloncesto (
FEB), pone el énfasis en el importante aumento de la sensibilidad por el baloncesto. “Las audiencias no son el único termómetro de cómo nos encontramos, hay que mirar la
repercusión social. El año pasado dimos 30.000 licencias más de jugadores. Esto supone muchos más niños, padres, entrenadores, ciudades, árbitros, etcétera, alrededor de este deporte”. Según él, para generar mayor expectación, “hay que informar sobre la vida de los jugadores, sobre cómo esta
Calderón en la
NBA, su relación con el idioma, con su familia, etcétera. Esto hace que el público se familiarice con el baloncesto y sus protagonistas, sean de la
NBA, de la
ACB, o de la
Liga Femenina”. Y destaca uno de los temas habituales en los debates: la dificultad del público para sintonizar con jugadores que defienden durante poco tiempo una camiseta, “Creo que, por encima de todo, los que transmiten y tienen repercusión para el aficionado son los
jugadores, sobre todo si tienen continuidad”.

Aquí
Jou Llorente es categórico. “Las audiencias no son buenas porque falta identificación de los telespectadores con lo que están viendo. Hay mucha movilidad de jugadores, y a la gente le gusta consumir productos cercanos. Muchos equipos no tienen referentes españoles. En la
época dorada había un montón de jugadores españoles que identificabas con un club. Ahora el
Madrid y el
Joventut han recuperado esa identidad, con
Raül,
Felipe Reyes, incluso con
Bullock y
Hervelle, o con
Ricky Rubio y
Ribas en el
Joventut. Jugadores con los que identificarse, porque, si no, el público pierde el estímulo de seguir a un equipo”.
Mientras que para algunos el debate es “injusto” pues se compara en exceso con la selección, o con épocas en las que había menos oferta deportiva en televisión, para
José Luis Llorente es una cuestión fundamental. “Restarle importancia es
mala política. Las audiencias marcan el seguimiento del baloncesto en todo el territorio. Es la vara de medir nuestra presencia. La selección tiene un tirón mediático enorme, pero si no invertimos en potenciar las audiencias de la liga estaremos desviando la atención en la promoción, en el deporte y en el espectáculo. De hecho, cuando van bien, nos apresuramos todos a decirlo”.

Nadie duda de los esfuerzos que están haciendo los distintos implicados en la potenciación del baloncesto. De echo, la
ACB está realizando un trabajo importante para dotarse de servicios que enganchen a los consumidores, más allá de unas audiencias que, con la implantación del sistema digital terrestre y la desaparición del analógico, fragmentarán todavía más la cuota de pantalla.
El debate sigue abierto, y buena parte de sus protagonistas no se ponen de acuerdo ni en las causas ni en las soluciones. Habrá que ver si los resultados de la selección continúan atrayendo aficionados, lo cuál, visto lo visto, y más allá de las
audiencias, es bastante probable.