martes, 8 de diciembre de 2009

Los Anti-Hoossiers

Hace unos días, Ángel me mandaba este artículo publicado en The New York Times. Habla sobre un pequeño pueblo, Medora, y su equipo de baloncesto. El paisaje social del lugar es tétrico, y más propio de una película Elia Kazan.

Lo firma John Branch que escribe de deportes en el mítico periódico neoyorquino. Normalemente sus artículos, no sólo de baloncesto, se centran en temas poco habituales y con finales abiertos. Algo que me gusta bastante.

Estos días he aprovechado para traducir precariamente el texto. Publico un resumen de un artículo que refleja otras realidades del baloncesto. Quizá las más interesantes.

En un pueblo de Indiana, hasta el baloncesto sufre.



Los jugadores del Medora High School han llegado a la cancha vistiendo botas de trabajo porque sus familias no podían comprar botas de baloncesto. La mayoría fuma. Algunos hablan abiertamente de drogas. Casi todos vienen de hogares rotos.

De las cerca de 400 escuelas de Indiana que juegan en la liga masculina de baloncesto, ninguna ha perdido tantos partidos como los Medona Hornets (0-22), en el primer año del entrenador Marty Young, el más joven del Estado.

Ahora tiene 23 años, sin muchas expectativas de lograr alguna victoria en la temporada que comenzó a finales de noviembre. Pero él cuenta las victorias y las derrotas de forma diferente a la mayoría.

“Si ellos están en el gimnasio esas dos horas, entonces se que no están por ahí metiendose en problemas,” dice Young.

Los índices de pobreza son altos, y los graduados escolares pocos. El uso de drogas es común y muchos residentes viven en casas sobre ruedas instaladas en las colinas que rodean las últimas calles del pueblo. En este escenario depresivo, hay poco donde agarrarse salvo el equipo de baloncesto del high school.

El único recuerdo de un campeonato de baloncesto ganado en el gimnasio data de 1949. No han sido campeones de temporada en décadas. Algunas de aquellas imágenes de tonos sepia son lo poco que poseen los excluidos de este pequeño pueblo de Indiana.

Este es el inesperado predicamento al que se enfrenta Young, el chico solidario que creció soñando con baloncesto. Indiana, después de todo, es la casa de los Hoosiers, que reflejaba la película de 1986 sobre el pequeño pueblo de Milan Hight que en 1954 logró superar a todos los grandes colegios para ganar el campeonato del Estado. Medora, a unas 65 millas al oeste de Milan, podría ser la generación anti-Hoosiers.

Medora es el quinto high school público más pequeño de Indiana. Poco a poco decrece, como el propio pueblo de 500 habitantes. Una fábrica de repuestos de plástico para automóviles empleaba a cientos de trabajadores antes de cerrar en 1988. Una planta de empaquetado al final del pueblo murió en 1992.

De los 19 chicos de la plantilla de esta temporada, cinco viven con su padre y su madre biológicos. El resto con madres solteras, abuelos, hermanos mayores, o padres de acogida. Muchos ven a Young como la figura paterna, a pesar de ser sólo un poco mayor que ellos.

“Nosotros incluso podriamos vencer esta noche,” suele decir el entrenador.

“Había visto un montón de cosas. Pero estos muchachos que yo enseño en sexto grado saben más de lo qué pasa en las calles de lo que yo hubiera pensando. Esto es pequeño, un pueblo rural.”

Con ayuda de otros, incluidos sus propios padres y abuelos, Young habitualmente compra algunas zapatillas, ropa, y comida para los chicos.

Fichó a su tío, Dennis Pace, como asistente de su equipo. El compañero de Young en el hight school Matt Robert entrenó al equipo junior. El año anterior, perdieron partidos por 51-0 y por 93-2.

Lo más duro, dice Robert, es el día a día de algunos chicos. “No creo que estén acostumbrados a que la gente espere algo de ellos.”

El director, Brad McCammon, dice que cerca de las dos terceras partes de los estudiantes recibe subsidio de comida. Cree que más del 10% tiene problemas con las drogas, y dice conocer cinco casas en el barrio que “venden mercancía.”

En la pared detrás de su mesa de despacho hay una foto enmarcada de Larry Bird, que creció en otro pequeño pueblo del sur de Indiana.


“Él no tenía mucho en French Lick,” dice McCammon del hogar de Bird. “Pero muestra como un muchacho puede hacer lo que quiera si lo desea.”

Catorce chicos atienden en un entrenamiento reciente. Algunos tienen una habilidad natural para el tiro y lo ejecutan suavemente. La mayoría observan como extras en clase de gimnasia.

Young ejecuta una fácil demostración de lo que trata de enseñar. Los chicos escuchan pensativos y parecen ansiosos por realizarlo.

La mayoría continúan, después del entrenamiento, perfeccionando sus habilidades.

Más tarde, Young conduce llevando a varios, como cada noche, a sus casas. Una vez cierra las puertas del coche, todo lo que puede esperar es que vuelvan al entrenamiento del día siguiente.

7 comentarios:

costalgaraldals dijo...

Dura, muy dura es la vida "normal" en la America profunda. Me estremece leer frases como:
- "Saber que si estan 2 horas entrenando, es tiempo en que no se meten en problemas... "
- "Cuando deja los chicos en su casa, solo pide que mañana vuelvan a entrenar ..."
Fantastico post ¡¡¡

Mo Sweat dijo...

Grande, ¡enorme! este post. Realmente desconocía todo esto; es como lo típico de los ghettos afroamericanos pero llevado a Indiana y a los chicos blancos...

Lo mejor de todo es lo que se comenta del ejemplo de Larry Bird, que también vivio una infancia difícil, suicidio de su padre incluido y llegó a lo más alto...

Saludos.

Almanzor dijo...

Magnífico el post. Nos deja ver un ejemplo claro de lo que el deporte puede ser en la sociedad. Más allá de Lebrones, Cristianos y Tiger Woods, el deporte puede servir como único escape ante problemas de verdad como los que sufren estos chavales.

Saludos

dennis_mora91 dijo...

Vaya historia, muy dura como dice costal. La verdad es que el baloncesto hace maravillas y son estas historias las que hacen que amemos este deporte. Yo soy un friki de las pelis de basket, hace poco vi la de Hoosiers a la que hace referencia, pero hay otra peli "Camino a la Gloria" que me ha dejado muy marcado.

J-Bo dijo...

Enorme post... el baloncesto puede ser una válvula de escape para huir de una realidad muy dura... que se lo digan a los presos en las cárceles.

Anónimo dijo...

Brutal el post. Tienes razón, como una película, pero la cruda realidad. La imagen de Bird como si estuviera en un documental.


Un saludo, Lass.

Jacobo Rivero dijo...

Gracias por los comentarios. El artículo eran 4 páginas sin desperdicio, hablaba todavía más de la situación de extrema precariedad en el pequeño pueblo de Medona. Me alegro que os haya gustado, a mí me parece impresionante. Cuando hablan de Bird incluso se me puso la piel de gallina.

Saludos