La verdad, soy escéptico de estos mensajes en su versión cinematográfica, toda vez que la norma es tirar de la parrafada de Mel Gibson en Braveheart, elección que en absoluto comparto, pero no se puede negar que hay lugares comunes entre la escena de Pacino y nuestro equipo. Quien nos conozca puede adivinar por qué...
Hoy empezaba un tiempo de juego, el de los playoff, que debía iniciar una nueva dinámica en nuestro ritmo de competición. Tras una última etapa espesa, hemos recuperado cierto criterio, especialmente en defensa, en un partido que no ha sido ni fácil ni bonito. Pero el protagonismo de nuestra película lo ha tenido un arbitraje desesperante (para los dos equipos), y un público en exceso exaltado. Una mala combinación que no ayuda al juego.
Llevo tiempo dando vueltas a esto de los arbitrajes, el entorno, y las dudas razonables. Más allá de lo obvio, tengo la sensación de que algo falla cuando se lanzan 87 tiros libres en un partido, cuando ante la duda siempre suena el pito, y cuando la desesperación se torna habitual en los jugadores (seis jugadores expulsados, cinco del Estu).

Lógicamente la incompresible histeria que a veces se produce en las gradas (no confundir con la pasión), o el ataque de rabia en los banquillos, no favorecen la cordura. Pero empiezo a preguntarme si lo que ocurre aquí no es como en 12 Angry Men (12 hombres sin piedad, 1957), la genial película que protagoniza Herny Fonda, en la que once miembros de un jurado están convencidos de que un chico es culpable de un asesinato y quieren mandarlo a la silla eléctrica sin muchas deliberaciones. Unos por prisas, otros por prejuicios, otros por conformistas, no tienen en cuenta las dudas razonables del caso.
Al final, tras muchas horas, y gracias a la perseverancia del miembro número 8 del jurado (Fonda), se declara al acusado not guilty. El problema es que pocos del jurado daban, al principio, importancia a algo tan trascendental como decidir sobre la vida de una persona. Lo fácil era acusarle, lo difícil analizar en profundidad las pruebas.
El caso que nos ocupa no tiene tanta gravedad, pero los desarreglos que genera el baloncesto, en especial el de formación, a la hora de crear una cultura deportiva que evite que nuestro deporte se parezca cada vez más a Braveheart es preocupante. Quizá aquí también hay prisas, prejuicios, y conformismos. Pero si lo que toca es soportar cada fin de semana situaciones como la de hoy en el Magariños, apaguen la luz del pabellón, que yo me voy a beber un gin tonic mientras veo buenas películas.
Estudiantes 72 Salesianos de Atocha 55
(19-18// 19-6// 19-15// 15-16)
PD1: La actitud de mi equipo me gustó, creo que estamos sanando, pulgada a pulgada... Como dije en el banquillo, nosotros a lo nuestro, jugar y divertirnos.
PD2: Me gusta algunas cosas que dice Pacino, recomiendo con fervor 12 Angry Men, como ejercicio de construcción social, y me apunto a la sugerencia de Raúl Barrera en el curso de entrenador: Pequeña Miss Sunshine (2006) es una gran película para hablar de baloncesto y formación.











