
El Estudiantes, en un concepto amplio, tiene la capacidad de generar tal cantidad de energía colectiva que es capaz de poner en valor cualquier situación. Puede ser una amenaza de descenso, un complicado cruce de playoff, o una posible clasificación para una final europea de mediano prestigio. La potencia de su masa social, y su afición genuina por el baloncesto, provocan un entusiasmo enorme hacia la representación más evidente del club colegial, el primer equipo.
Pero el discurrir de los acontecimientos, en parte por la pura lógica del mercado, y en parte por una forma discutible de entender los fines y los medios en los últimos años, ha logrado que se produzca un alejamiento entre la primogénita filosofía difusa y la práctica actual. El patio, lógicamente, es cada vez más grande, pero se ha olvidado que algunas asignaturas eran fundacionales. No quiere esto decir que haya que regresar a la época de la señora Petra, sino a volver a sentir que tenemos un ideario común en el Estu, desde abajo hasta arriba, con el que a veces se gana y otras se pierde, pero al que somos fieles.
No nos engañemos, si rozamos el infierno hace unas temporadas fue porque en el arrastre de la burbuja flotaron equipos que vivían muy por encima de sus posibilidades, pero a día de hoy con la bajada del precio del suelo también ha caído el de la permanencia. Con un trabajo serio desde la cantera será complicado verse de nuevo en esos callejones, toda vez que los presupuestos de los equipos ACB han menguado ostensiblemente, y que productos propios tiene muy poca gente en esta país.
Foto: Juan Pelegrín (Manon)Contra el Cedevita croata se llegó a ver la orilla, y se volvió a oler la posibilidad de estar en un guateque chulo. Pero no pudo ser, el equipo mostró su cara B, la de las incertidumbres, las dudas, las discutibles rotaciones, y las lagunas. Las mismas que se pueden aplicar al conjunto del proyecto, que en muchos de los elementos que lo componen tiene sus propias derivas imperfectas, algunas más peligrosas que otras.
Lo admito, soy el primero que se emociona con saraos como el que se ha montado alrededor de esta eliminatoria contra los croatas, que agita el #Estu30M, que desea darse un chapuzón en los delfines, y que veía Treviso como destino ideal para unos días de asueto con la familia colegial.
Quizá la reflexión es ambigua, injusta, e incompresible, y se formula después de una derrota con una importancia relativa. Sin embargo al final de la noche, antes de acostarme, no puedo evitar pensar en Rosebud.







