lunes, 7 de mayo de 2012

El regreso de Antonio Magariños

El teléfono sonaba con insistencia, Don Antonio Magariños decidió descolgar. Hacía 50 años que nadie le llamaba, así que el repiqueteo constante del timbre anunciaba que se trataba de una cuestión de urgencia. Levantó el pesado auricular y escuchó un hilo de voz tembloroso. El mensaje fue claro:



“Don Antonio, disculpe que le llame, estamos tocando fondo, hemos perdido contra Fuenlabrada y todo apunta a que nos hundimos...”

La última vez que Antonio Magariños tuvo noticias del Estudiantes fue hace 20 años. Entonces había tenido un encuentro cósmico con Gavioto. El otrora líder de la Demencia se había apuntado a un viaje iniciático en el mundo de las drogas naturales. Una agencia de Madrid organizaba excursiones hasta el desierto mexicano para descubrir los placeres del peyote, así que Gavioto animado por cruzar fronteras invisibles, decidió embarcarse. Antes de que se iniciara el proceso, con el grupo seleccionado para el evento sentado en circulo, el Chamán tuvo que retirarse al servicio, “problemas de vejiga”. Entonces Gavioto descubrió que para su sorpresa, de los catorce intrépidos apuntados en una agencia del centro de Madrid, siete habían estudiado en el Ramiro de Maeztu. Todo un símbolo de las particularidades del patio de colegio.

Cuando por fin la mente cruzó el abismo que separa la realidad de la ficción -entre elefantes voladores, duendes y otras alucinaciones- Gavioto mantuvo una conversación con Don Antonio. De aquel encuentro el antiguo profesor de latín sacó pocas conclusiones, pero una tenía clara, el Estudiantes que él ideó no había cambiado sustancialmente tanto. Era 1992 y el Estudiantes vivía su propio viaje alucinógeno.

Ahora la situación parecía diferente, el aviso era de “hundimiento”, así que, desconcertado por la gravedad del término, necesitaba otros compañeros con los que tratar el asunto.

Don Antonio se movió por la habitación a oscuras buscando algún cómplice con el que compartir sus preocupaciones. Finalmente llegó hasta un lugar del infinito donde encontró a Manoli, Praxedes, Satur y Moneo. Les comentó la llamada que acababa de recibir y la preocupación que le generaba que aquello que inventó hace 64 años estuviera en fase terminal.

Lo cinco decidieron bajar a la realidad para, desde la invisibilidad, averiguar qué estaba ocurriendo en el Estu.

Cada uno de ellos se encargó de informarse sobre lo que mejor conocía. Manoli prestaría atención al patio del Ramiro; Praxedes rastrearía por la grada sin perder de vista -como siempre hizo- a los árbitros; Satur regresaría al Magata y Moneo se infiltraría en las oficinas. A Don Antonio lo que más le preocupaban eran los valores, así que intentaría colarse en todos los lugares, empezando por las aulas del colegio. Cada noche se juntarían en la antigua cantina de Geni, para de esta forma, en la soledad del abandono conocer las impresiones de cada uno. Acordaron que el regreso al más allá sería el 6 de mayo, tras el partido contra Murcia.

El Estudiantes tenía todavía por delante unos cuantos partidos y no era descartable que se pudiera remontar el vuelo. Pero cada reunión traía una mala noticia, no sólo por los resultados del primer equipo. Ante su sorpresa descubrieron que por distintos motivos el Club se había alejado progresivamente del Ramiro y, aunque se mantenían los vínculos formales, la valoración de ese patrimonio común era escasa por parte de las dos instituciones. Además, la información sobre la cantera les dejó desolados, no por las clasificaciones -que les daba igual- sino por la gestión de los métodos, las formas y actitudes antaño intolerables. Ni siquiera el repaso a las aulas les dejó en exceso satisfechos, toda vez que apenas entendieron el lenguaje de unos chavales codificados por la tiranía del mensaje de texto. Por si fuera poco el propio Magata estaba echo una birria.

Las satisfacciones se resumieron en un puñado de buenas noticias. Lo mejor para ellos fue el reencuentro desde el anonimato con alguna de la buena gente que habían conocido en vida y que todavía seguían en el Estudiantes y el Ramiro, también de ver a otros nuevos, que han asumido que forma y fondo son fundamentales. Pero esos viejos amigos y las buenas incorporaciones apenas sumaban una quincena de personas. Por supuesto también les ilusionó ver a un montón de chavales sudando cada tarde por meter un balón dentro de un aro, eso al menos seguía como siempre.

En ese estado de pesimismo y decepción, decidieron retornar al más allá después de ver en directo el partido contra Murcia. Ya que estaban allí, pensaron, no estaba de más quedarse a contemplar el magnicidio que barruntaban se iba a producir. Buscaron un lugar en la grada donde ponerse cómodos un par de horas antes y comenzaron a observar como se iba llenando el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Familias enteras, aficionados venidos desde Cádiz, Badalona o Bilbao, incluso El Yeti desde las montañas de Suiza. Gentes de todas las edades y condición, hasta llegar a más de 14.000 personas...


Manoli, Praxedes, Satur, Moneo y Don Antonio se empezaron a emocionar. 64 años después la familia había crecido de manera espectacular. Además, se encontraron con otros espíritus que no querían faltar a semejante cita. Desde Goyo, hasta Fernando Martín, Antonio Díaz Miguel o Mike Schlegel. No faltaba nadie. Cuando los colegiales pitaron el final, a pesar de las lágrimas de la mayoría del respetable, Don Antonio miró emocionado a sus acompañantes, nunca creyó que su idea tuviera la posibilidad de llenar a tanta gente. El resto de pasajeros del tiempo también estaban exultantes al ver el resultado de tanto esfuerzo por distintas generaciones de chavales.

Antes de retomar el vuelo oyeron risas en un bar cercano. Les sonaron familiares algunas de las voces que escucharon y decidieron asomarse. Allí estaban cantando y animando lo mejor de cada portal de la afición colegial, riéndose de las derrotas de la vida, porque como había colgado la Demencia en lo alto de su grada, para satisfacción de Don Antonio y asombro de Moneo, “ir con los que ganan es muy fácil”.

Antes de volver a acostarse y dormir de nuevo profundamente, marcó el teléfono de su interlocutor en la tierra para decirle:

“Concordia parvae res crescunt, discordia maximae dilabuntur”.

Miró la oscuridad de su confortable entorno y cerró los ojos con la ilusión de creer en la buena gente, la misma idea que le llevó 64 años antes a crear el Club Estudiantes en el Ramiro de Maeztu.

PD: "Mediante la concordia las cosas pequeñas crecen; mediante la desunión, las cosas más grandes se derrumban"

9 comentarios:

MINI MONI dijo...

Muy emotivo Jacobo.

Recordar a todas estas personas q ya no estan y q pertenecieron a nuestra mocedad "ramireña" es muy justo en estos momentos. En parte me alegro de q sea una ficción pues ellos no se merecían ver esto. Me entristece Goyo, Manoli, Saturnino...tanta gente q dio mucho sin pedir nada a cambio.

Enhorabuena.

Santi dijo...

Me encanta. Y me apetece hablar contigo un día con calma sobre cantera, que siempre eres muy crítico... y yo de esto sé poco.

Jacobo Rivero dijo...

@Mini Moni: Una gente muy especial en nuestras vidas y que formaron parte, importante, de nuestra propia educación.

@Santi: Cuando quieras y, supongo, el Club convocará una Asamblea para que todos hablemos sin límites ni excesivas prudencias.

Un saludo y gracias por los comentarios.

sraly dijo...

Bestial. Considero que este 'viaje' que te has marcado concentra muchas de las realidades perdidas que no son solo mitos al servicio de un eslogan publicitario. El Estu debería seguir botar entre ese latinejo.

Saludos desde Puertatrás

Ferrán Blasco dijo...

Hola Jacobo,
Desde la esperanzada realidad que vivimos los culés del basket, esos momentos en los que tienes al alcance los dos títulos grandes de la temporada, el descenso del Estu me ha dejado tocado, pero con la brutal entrada que has escrito casi haces hermosa la derrota.
Un abrazo solidario desde la periferia

Charlie Jiménez dijo...

Para serte sincero soy mucho más del Estu de lo que pensaba, todavía estoy tocado. El equipo del Ramiro es BALONCESTO con mayusculas, sin él esta liga no merece la pena.

Un abrazo fuerte!!!

Anónimo dijo...

Grande!!! Pedazo de entrada. Enhorabuena y aúpa Estu!

spanjaard dijo...

Jefe, los que pitaron el final eran los colegiados. Al final, quizá, deberían haber pitado algunos colegiales. Pero sólo se vive una vez, y no se hizo.

Saludos y esperando ese libro.

Big porno

ERNESTO dijo...

El Estudiantes acaba de nacer...Ya verás.
Un abrazo.
PD.Hace ya siglos que nos conocimos...